“Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puedes ganar por la mentira”
Por Jorge Guebely
En política, la polarización actúa como un enorme castigo para cualquier pueblo del mundo. Construye falsos enemigos para justificar el terror y los asesinatos de las élites. Degrada la razón y exacerba las emociones. Fomenta el fundamentalismo y arrasa el pragmatismo. Empobrece la política y convierte al político en un líder peligroso. Transforma la inteligencia en defecto y la astucia en virtud. Promueve promesas y aplaza las soluciones. Con la polarización, triunfan la ignorancia y la violencia.
Polarizada fue la primera guerra mundial con 31 millones de asesinatos. También la segunda con 70 millones. Ambas confrontaciones costeadas por los mismos capitales financieros porque la polarización es, ante todo, un infame negocio político y económico.
Perversa polarización soportamos los colombianos entre liberales y conservadores. Promovió más de 10 guerras civiles en el siglo XIX y el magnicidio de Rafael Uribe Uribe. Asesinó a Gaitán y a más de 300 mil colombianos durante la Violencia. Fomentó los privilegios de las élites y el desamparo de los excluidos.
Polarización fue la guerra fría entre países democráticos y comunistas. Estados Unidos vs Rusia. De nuevo, ambos modelos financiados por los mismos capitales. Y, Colombia siempre sumisa, se polarizó entre “demócratas” y “comunistas”. Polarización que desencadenó 50 años de guerra y horrendas masacres. Nos impuso una retahíla de presidentes. Pastrana, Uribe y Santos. Valiosas vidas cegadas por un falso monstruo. Mentira que hoy aflora en su verdad: apenas 80 mil votos obtuvo el temible ejército de las Farc.
Sin enemigos en el horizonte, la élite voraz tricota una nueva polarización. Otro fantasma del terror. Un comodín a quien culpabilizar de las injusticias sociales de Colombia. Ni siquiera tenemos terroristas, ese falso monstruo internacional. Sólo queda Venezuela, país apoyado por los mismos capitales internacionales a través de Rusia y China. Y Petro, el comodín nacional, a quien estigmatizan como el extremo castro-chavista.
Nos queda también el peligro de una confrontación electoral entre Uribismo y Petrismo. Entre libertades democráticas y dictaduras proletarias. Vieja estrategia de terror electoral. Nada que nos recuerde las tragedias reales de los colombianos. Así es la política, un infame negocio de las élites económicas, un distractor para ocultar verdades y una permanente polarización, su más siniestra estrategia.
Verdadera mentira institucional. En política, “Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puedes ganar por la mentira”, aconsejaba Maquiavelo, el sacerdote real de nuestros políticos. Y nos queda también la certeza de que una disciplina montada en mentiras y estigmas es el peor enemigo del desarrollo social y humano.












