EL COMENTARIO DE ELIAS por Jorge Guebely
Si por cualquier falla natural fracasaste como abogado, médico o cualquier profesión, y mejor aún, si sucumbiste en la construcción de tu propio ser humano; no te preocupes, te queda la política electoral colombiana.
Si por estar inmerso en ocupaciones de fracasado no te inscribiste para el Congreso; no te preocupes, te quedan las presidenciales. Y si careces de asesor en campaña electoral; tampoco te preocupes, te comparto las coordenadas para triunfar en un evento de escasas ideas políticas y abundantes propuestas mediocres.
Si careces de maquinaria electoral; no te preocupes, existen todavía algunas abiertas, interesadas fundamentalmente en la reposición económica de votos pagados por el Estado con precios de mercado libre y dólar bajo.
Si desconoces cómo conquistar votos en plazas públicas; no te preocupes: te basta una perorata positivista, destacas el deber ser de Colombia, maquillas su verdadero ser, denigras de tus contrincantes… así, una masa de difusos te victoreará y concederá el voto.
Si aún no sabes cómo estructurar tu perorata electoral; no te preocupes, basta prometer fin de la desigualdad, seguridad estilo Suiza, salud de Estado Protector, empleo de primer-mundo, pues la miseria aviva las ilusiones de los excluidos.
Si anhelas la segunda vuelta presidencial y no tienes votos suficientes; no te preocupes, existen los “carteles de la contratación” quienes intercambian votos por contratos estatales para aparentar desarrollo social y perpetuar la corrupción criolla.
Si todavía no alcanzan tus votos para la segunda vuelta; no te preocupes, existen los traficantes del voto, poderosos barones, quienes lo comercian a buen precio incluyendo la trashumancia electoral.
Si tu cháchara por una Colombia próspera, justa, igualitaria y libre de corrupción, no cautiva; no te preocupes, existen grupos armados -unos, de extrema derecha; otros, de extrema izquierda- con clientela electoral a punta de fusil.
Si estás confundido y no sabes donde buscar votos para pasar a segunda vuelta; no te preocupes, evita los bodegueros de cualquier maquinaria, feligreses de cualquier ideología, contratistas de cualquier clase social, y dirígete a la masa de optimistas que todavía cree elegir mandatarios con la pureza virginal del voto.
Si temes las críticas a tus mentiras electorales: no te preocupes, nadie las notará; los pobres estarán luchando contra su miseria; la clase media, contra su arribismo, y la elite, ejerciendo su codicia.
Si en campaña te enrostraran el pensamiento de Nietzsche: “Lo que detesto es esa moral de rebaño que se llama hoy democracia”; no te preocupes, diría yo, te queda el mejor escudo para protegerte de cualquier verdad contra tus mentiras democráticas: te queda el cinismo electoral.











