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El gol 100 de Teófilo Gutiérrez terminó haciendo feliz a un niño en Montería, no por la hazaña sino por la fotografía

Por: Francisco Figueroa Turcios

Cuando el árbitro Andrés Rojas hizo sonar el silbato final, el estadio Jaraguay de Montería empezó a vaciarse por los aficionados del Jaguares desilusionado porque su equipo volvió a perder ante Junior esta vez 2-0.

El partido entre Jaguares  y Junior  ya era del pasado, pero para Kevin apenas comenzaba el momento más importante de su vida.

Mientras los jugadores de Junior se abrazaban de la felicidad, el fotógrafo Alfredo Ariza buscaba a Teófilo Gutiérrez, el héroe de la tarde, quien ingresaba a la historia del cuadro `Tiburón al marcar el gol 100.

El niño Kevin durante todo el partido fue analizando la estrategia que utilizaría para esquivar el cordón de seguridad como quien estudia un laberinto para hacer realidad el sueño de tener una fotografía con su ídolo: Teófilo Gutiérrez.. No miraba a la tribuna. No estaba desluciendo por la derrota de Jaguares como los demás aficionados. Calculaba.

Teo ídolo de Kevin

Teófilo Gutiérrez caminaba por el césped del estadio Jaraguay con la serenidad de quien sabe que acaba de escribir una cifra redonda en la historia del Junior: cien goles. En la espalda de Teófilo Gutiérrez ya no solo estaba el número habitual, sino el 100, estampado para la eternidad en la camiseta rojiblanca.

Kevin, en cambio, llevaba otro número: el 29. La camiseta de la Selección Colombia que identificó su infancia con un nombre propio. Fue viendo a Teófilo con la tricolor como aprendió que el fútbol también puede ser una elección del corazón. No nació en Barranquilla. Nació en Montería. Pero eligió a Junior.

No fue una herencia familiar ni una tradición de barrio. Fue un flechazo televisivo. Cuando descubrió que aquel delantero temperamental y decisivo jugaba en Junior, algo cambió. Desde entonces, el equipo barranquillero se convirtió en una causa personal. No importaba que en su tierra existiera Jaguares de Córdoba. Su fidelidad ya tenía dueño.

El gol 100 fue la excusa perfecta para intentar lo impensable...

Teófilo se quedó unos minutos más en el campo para que Alfredo Ariza reportero gráfico de Junior captura la imagen oficial: el goleador, la camiseta conmemorativa, el gesto de satisfacción serena. El estadio comenzaba a apagarse lentamente.

Fue entonces cuando Kevin decidió romper el protocolo. Aprovechó un descuido, esquivó una mirada, cruzó el límite invisible que separa a los hinchas de los héroes. Corrió con la determinación que solo concede la infancia cuando cree que todo es posible.

Teo Gutiérrez sintió leve tirón y giró el rostro. Pudo haber sido un reclamo, una petición más, otra foto apresurada. Pero no. Era un niño. Los ojos de Kevin no pedían nada imposible. Solo una imagen. Solo un instante. Teófilo no dudó. La figura del goleador se inclinó hasta la estatura del sueño. Lo abrazó.

En ese abrazo se suspendió el estadio entero. Alfredo Ariza , que segundos antes buscaban la mejor pose de Teo , encontró algo más valioso: el momento en que un ídolo entendió que su gol más importante no siempre entra en el arco. La foto quedó registrada. El niño sonrió con la plenitud de quien ha conquistado su propia estrella. Teófilo también sonrió. No ocultó la alegría de saber que en Montería, lejos del Metropolitano, hay un pequeño embajador rojiblanco que eligió creer en él.

Kevin regresó a la tribuna con la imagen guardada en el celular y en la memoria. Tal vez con el tiempo olvidará el marcador del partido. Quizás no recuerde el minuto exacto del gol 100. Pero jamás borrará el instante en que su ídolo se detuvo por él.

Porque el fútbol, cuando es auténtico, no se mide solo en estadísticas. Se mide en abrazos. En niños que eligen un equipo por admiración y no por geografía. En jugadores que comprenden que su legado no termina en los números, sino en la capacidad de inspirar.

Aquella tarde, el gol 100 de Teófilo fue histórico para Junior. Pero para Kevin fue eterno.

Y tal vez, sin saberlo, el verdadero triunfo no estuvo en el marcador, sino en ese gesto sencillo que recordó que los ídolos no solo marcan goles: también marcan vidas. Esa tarde, el gol 100 quedará en los archivos de Junior , en las estadísticas y en la memoria colectiva del club. Pero el abrazo no aparecerá en ninguna tabla.

Sin embargo, será lo verdaderamente imborrable. Porque mientras el estadio Jaraguay se vaciaba y la noche empezaba a caer sobre Montería, un niño regresaba a casa con algo más que una fotografía: llevaba la confirmación de que los sueños no siempre necesitan permiso, solo valentía.

El fútbol, tantas veces reducido a cifras, polémicas o resultados, volvió a su esencia más pura: la de conectar generaciones, la de tender puentes invisibles entre quien admira y quien inspira. Un jugador consagrado y un niño de diez años compartiendo el mismo territorio emocional.

En ese gesto breve —un abrazo en medio del césped— hubo algo más grande que el gol centenario de Teófilo Gutiérrez: hubo humanidad.

Y quizá, cuando Kevin crezca y la camiseta 29 ya no le quede, entenderá que aquella foto no solo capturó a su ídolo, sino el instante en que el fútbol le enseñó que creer vale la pena.

Porque los grandes jugadores construyen historia con los pies. Pero la verdadera trascendencia la dejan cuando deciden detenerse… y abrazar un sueño.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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