Desde los tiempos de Francisco El Hombre ya en La Paz, Cesar, estaba un acordeonista pionero de esta música, primero Juan y después Pablo.
Por Alexander Lewis Delgado, especial para Lachachara.co
Tremendo susto pasó por estos días la ‘Dinastía López’, porque, en plena promoción del Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar, en las ciudades de Cartagena y Barranquilla, el rey vallenato del año 1972, Miguel López Gutiérrez, tuvo que ser hospitalizado de urgencia por una dolencia en una de sus piernas.
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El susto fue tremendo cuando se regó la noticia de la hospitalización de Miguel López. Juan Rincón, el jefe de prensa fue a visitarlo y comprobó que no era mayor cosa.[/caption]
Al comienzo se pensaba que la dolencia era de gravedad y luego reposo. Por fortuna para la familia López, para el folclor vallenata y para el Festival, habrá que seguir oyendo a los coristas de su conjunto “oye los bajo de Migue López, lo demás es pura pendejá”.
Miguel fue atendido pronta y satisfactoriamente en una clínica de Barranquilla, por esas coincidencias de la vida en los mismos días en que la junta del Festival promocionaba el evento en esta ciudad. Por cierto, esta vez desdeñaron la promoción mediática en Barranquilla. No vino ningún directivo de alto rango. Ni siquiera el Mono Quintero. Toda la responsabilidad se la dejaron al colega Juan Rincón Vanegas.
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Miguel López, el patriarca de La Paz,[/caption]
Al abandonar la clínica en estos días recientes declaró que él no le iba a dañar la celebración a sus hermanos (especialmente a Pablito, el veterano cajero), a su sobrino (el rey vallenato Navín López) e hijo (también rey vallenato Álvaro López), y que va a reposar estos días para estar muy bien en todos los todos actos en donde se le va a homenajear a él y sus familiares. El rey vallenato Miguel López Gutiérrez fue uno de los precursores de la música de acordeón lo que logró con su talento y maestría al sitial de honor en donde ella está actualmente.
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Miguel López con su acordeón al pecho y Pablito con la caja entre las piernas.[/caption]
Como todo inicio a Miguel López y su familia les tocó remar contra la corriente, porque en la época de los años sesenta el vallenato no era de buen recibo por las élites no solo bogotana, sino también de muchas otras capitales de la Costa Caribe.
La historia de Miguel López es peculiar. Desciende él de la dinastía de los primeros acordeonistas que hubo en la región, primero Juan y después Pablo, ambos maestros del acordeón, oriundos de La Paz, hoy Cesar. Eran de la época de Francisco El Hombre y estaban a su mismo nivel musical.
Miguel López jamás ha cantado. No le gusta. Él solo ejecuta con deslumbrante maestría el acordeón, tanto los pitos, como esos ‘solos’ suyos de bajo que casi nadie ha podido igualar.
En 1972 se rompe un hito en la tradición del Festival Vallenato. Se permite que cualquiera de los tres integrantes del conjunto típico (caja, guacharaca y acordeón), sea el que cante. En La Paz nació un talentoso y excelente cantante, Jorge Oñate, quien tuvo que aprender a tocar guacharaca para poder acompañar a Miguel y a Pablito y ganar la corona.
A partir de ese momento el conjunto de los Hermanos López con la Voz de Jorge Oñate se convirtió en uno de los más cotizados de Colombia y varios países vecinos. Hicieron historia, enfrentados, en aquellos momentos, al tres veces rey vallenato, el monstruo del acordeón, Alfredo Gutiérrez. Y a los Hermanos Zuleta, que por esos días estaban también de moda.
De antemano ya la dinastía López había roto el mito del menosprecio al vallenato, a ellos no les importó, y se encaminaron rumbo a conquistar el oído de los colombianos y fueron labrando un camino por el que ahora van más fácil las nuevas figuras del vallenato. López con su acordeón subió la música vallenata al podio en el cual está actualmente y no se cree que por ahora se le baje. En cualquier parte del territorio nacional ya se escucha el vallenato y poco a poco se ha ido metiendo en Venezuela, Ecuador, Perú, México, Panamá y muchos países de Sur y Centro América.
Como es sabido, desde muy niño, como todos en su familia, los López se encaminaron por este hermoso folclor y el tocaba la caja y cantaba, después vino el cambio de instrumentos con su hermano Pablo y se sintió más cómodo arrancándole notas al bello instrumento alemán. Al comienzo de su carrera él cantaba un poquito y se ayudaba con el guacharaquero de turno, pero cuando salió la voz del «Jilguero de América», Jorge Oñate, se resignó y siguió gracias a Dios tocando su acordeón. Con 77 años, en el 2015 cumple 70 años de estar tocando su acordeón.
Miguel López, el patriarca de la dinastía del vallenato
Miguel aprendió a tocar con un acordeón que tenía su papá, Pablo Rafael López Gutiérrez. Era un acordeón guacamayo (porque tenía una guacamaya pintada). Su primera incursión fue en 1968 cuando grabó con Jorge Oñate su primer larga duración. Ahora espera recuperarse para volver a grabar con su «compadre» Oñate un CD de puros éxitos musicales que tuvo con «El jilguero de América».
Recuerda con mucho cariño a su gran amigo a Luis Enrique Martínez, ‘El pollo vallenato’, y a su otro compadre, Nicolás ‘Colacho’ Mendoza. Miguel afirma que, gracias a Luis Enrique, aprendieron mucho secretos y melodías del acordeón. Como todos los López, es tímido, pero al momento de enfundarse su acordeón al pecho esa «timidez» se pierde en el ostracismo. Sus acordes musicales hacen recordar las viejas épocas de las grandes parrandas vallenatas de los años 50 en adelante y de cómo fue naciendo este folclor que fue penetrando lentamente al oído del colombiano de todas las clases sociales y de todos los departamentos del país. No lo dice, pero Miguel López es un gran precursor de este bello folclor. Gracias a él y su dinastía, el vallenato ha tenido, tiene y tendrá fuerte cimientos que hace que este folclor sea tan grande como lo es Colombia.
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