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Manuela Gómez Bancelin, la viuda que bailó su duelo en el Carnaval de Barranquilla

Manuela Gómez Bancelin como Manjares del Monte en el Carnaval de Barranquilla 2026

“Porque en medio de toda lucha, el verdadero manjar es la vida que insiste en florecer dentro de nosotros”.
Manuela Gómez Bancelin.

Dos meses después de la muerte de su esposo, Manuela Gómez Bancelin decidió salir como capitana de La Puntica No Má en el Carnaval de Barranquilla 2026. Esta es la crónica de una mujer que convirtió el duelo en un rito que celebra la vida.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa
Fotos y videos: Nicolás Sastoque, archivo de La Puntica No Má y archivo personal de Manuela Gómez Bancelin.

Antes de que muchas ‘viudas carnavaleras’ salieran a la calle a llorar a Joselito el Martes de Carnaval, Manuela Gómez Bancelin llegó vestida de luto al parque Los Fundadores. Frente al monumento del Cristo yacente -también llamado Héroe caído- hizo un performance delirante, de intención transgresora, yendo del llanto a la risa y de la risa al llanto con movimientos que oscilaban entre el dolor y el goce.

Su acto fue el reflejo de la contradicción que el Carnaval de Barranquilla evoca cada año con la resurrección y muerte del personaje de Joselito.

Artista clown, danzante consagrada y capitana este año del colectivo artístico La Puntica No Má, Manuela Gómez no salió a despedir al mítico borrachón. Estaba celebrando a su manera la memoria de Juan Felipe Espinosa Builes, su compañero de vida -y de varios carnavales-, que acababa de fallecer dos meses antes, el sábado 13 de diciembre de 2025.

Manuela y Juan Felipe

Desde 2016, Manuela y Juan Felipe eran una de las parejas destacadas de La Puntica No Má, colectivo performático que tiene 26 años en el Carnaval de Barranquilla. Ella, nacida en San Andrés en 1991 y criada entre Puerto Colombia y Barranquilla, lleva impregnado el colorido de la fiesta desde niña. Él, caleño nacido en 1989, se convirtió por ella en un fervoroso carnavalero.

En un restaurante en Puerto Colombia, el jueves posterior al Carnaval, Manuela me narró varios de los momentos memorables de la relación con su esposo y me habló de las fuerzas que la están impulsando para transitar el duelo a su manera. En su relato no hay una sensación de tragedia supurando, sino de una voluntad incontenible de trascender la muerte y celebrar la vida a través de un cuerpo que se vuelve arte.

Me contó que su esposo alcanzó en diciembre a comprar en Estados Unidos dos pares de zapatos fosforescentes, para lucirlos con ella en la Batalla de Flores. Después de su muerte, y ya terminado el Carnaval, los zapatos llegaron en una caja por envío al apartamento de Cali donde vivían con sus cuatro hijos.

¿Cómo decidió, a pesar de todo, salir este año en el Carnaval?
Manuela: No fue una decisión impulsiva. Fue un acto consciente y psicomágico. Estoy eligiendo transmutar con arte lo que está pasando y encuerparlo de manera sagrada. Para mí lo sagrado es bailármelo. Cuando accionas desde el corazón, no necesitas justificarte. La labor más grande que puedes hacer es tener la valentía de hacerlo. Si incomodas a alguien con una decisión así, es un regalo para esa persona.

¿Cómo iba a participar Juan Felipe?
Manuela: Juan Felipe estaba feliz de que yo fuera la capitana de La Puntica. Él ya tenía su vestuario, que iba a ser una Machaca, un bicho del Putumayo del que existe una leyenda popular: si te pica, tienes 24 horas para tener sexo; si no, mueres.

¿Cuál fue su personaje?
Manuela: Elegí ser Manjares del Monte, inspirada en la Madremonte, una leyenda que de niña me daba miedo. Recordé ese miedo infantil y lo afronté en los Carnavales entendiendo que la Madremonte es la madre exuberante y guardiana que está en todos lados.

La madre de Manuela, al enterarse de que estaba decidiendo venir al Carnaval, le recomendó prudencia. Primero le escribió por WhatsApp pidiéndole que tuviera en cuenta el dolor de sus suegros y de sus cuñados. Luego se lo dijo en una llamada:
—No ha llegado el cuerpo a Colombia, no has enterrado a tu marido, ¿y te vas a venir al Carnaval?
—Mami, ¿me recibes o no me recibes en la casa?

La decisión de ser capitana

La pregunta que Manuela se estaba haciendo no era solo si debía participar en el Carnaval, ni cómo debía hacerlo. «También me pregunté qué se espera de una mujer que acaba de enviudar. ¿Silencio? ¿Recogimiento? ¿Luto discreto?».

¿En qué momento decidió mantenerse como capitana para este Carnaval?
Manuela: Cuando me informaron que Juan Felipe había trascendido, me demoré como cinco días para avisarle a La Puntica. Solo les dije que había muerto, no les hablé de ninguna decisión. Mi prioridad era afrontar el dolor y estar con mis hijos. Una semana después, me volví a comunicar, porque sentí que sí quería salir en el Carnaval.
También me motivó que, justo un mes antes de que Juan Felipe muriera, yo conversé con Javier Plateado, que fue el capitán este año. Él me contó que era viudo. ¡Imagínate la coincidencia!

Manuela Manjares del Monte con su capitán Javier Plateado.

Cuando Manuela avisó a La Puntica lo ocurrido con Juan Felipe, para Flavia Rosales, cofundadora del colectivo, fue una situación de pérdida tan grande que se tomó unos días para meditar, asumiendo que lo probable era que Manuela no saldría como capitana. Junto con Joe Echeverri, actual director de La Puntica, Flavia convocó a un grupo de capitanas y capitanes anteriores. Y fue justo en medio de esa especie de concilio, que le llegó a Flavia el mensaje de Manuela: “Yo quiero salir”.

«Manuela provocó que varias capitanas y capitanes la rodeáramos este año en La Puntica No Má», le contó a La Cháchara George Pinilla, capitán de 2014.

La Coronación

La noche de la Coronación, la sede de La Puntica en el emblemático edificio García era un hervidero de gente llegada de distintas ciudades y países para vivir el performance colectivo. Bebían ‘tomaseca’ -mezcla de ‘viche’ y yerbas medicinales del Pacífico colombiano-, la rumba estaba en su máximo furor cuando, sin anuncio, entró la capitana.

Era Manjares del Monte, una criatura ataviada con destellos vinotinto, dorado y verde, piel tatuada desde los pies con enredaderas que le trepaban por las piernas, moviéndose con una soltura capaz de voltear el mundo a su antojo y subirlo en el vaivén de sus caderas.

Serpenteó entre la gente y se plantó en el centro del recinto, al lado del capitán, que metió una cuchara honda en una especie de fuente volcánica en la que no corría lava, sino ‘tomaseca’. Todos los presentes pasaron en fila para ser “bautizados” en el ritual de inicio oficial de La Puntica No Má, titulada este año Pechíchame el Monte.

Para los nuevos integrantes, era una fiesta. Para los antiguos, ese ritual es el umbral de cada año. Los nuevos tampoco sabían que, detrás de la magia del performance de la capitana, hay años de trabajo de una consagrada danzadora que ha estudiado su arte en Colombia, Europa y Estados Unidos.

Mucho menos imaginaban que esa mujer iniciaba en ese momento la transmutación carnavalera de su íntimo dolor.

El amor los hizo libres

¿Cómo se conocieron?
Manuela: En unas vacaciones en San Andrés. En el 2010. Fue un amor inmediato que creció libre. Nos juntamos, pero solo éramos novios cuando nos encontrábamos en la Isla. Cada cual tomaba después su rumbo y éramos amigos. Juan Felipe estaba estudiando en Nueva Orleans y yo estudiaba en Bogotá, luego me fui a Barcelona y más tarde a Nueva York.

En un viaje que hizo a Estados Unidos, en la mitad de 2014, se volvió a encontrar con Juan Felipe de una manera que enlazó para siempre la relación.

Pero primero fue la danza

Mucho antes de ese lazo definitivo con Juan Felipe, Manuela empezó a estudiar Comunicación Audiovisual en Bogotá. Luego se fue un semestre de intercambio para Barcelona y, mientras estudiaba allá, se inscribió en un curso de danza tribal fusión. Recuerda que iba en el metro de Barcelona cuando «me llegó la revelación de que yo me iba a dedicar era a bailar y que, si yo no hacía eso, mi vida no iba a tener sentido”.

¿Qué hizo entonces?
Manuela: Me dediqué a estudiar danzas, con varios maestros. Tribal fusión, flamenco, danza sufi, danza duende. Una maestra fue mi iniciadora en habitar estados de gozo a través de la danza. Me enseñó a improvisar, a ser auténtica y libre con mi cuerpo hasta alcanzar éxtasis. Y estando en Europa danzando, me dio una pulmonía tan grave que me internaron en cuidados intensivos. Cuando estaba en el hospital, me llamó Juan Felipe sin saber que yo estaba mal.

Juan Felipe la llamó desde Jacksonville, Florida, para contarle que acababa de renunciar a su trabajo y que quería que se encontraran en Seattle para hacer juntos un recorrido en carro hasta Colombia. «Hasta me dijo que iríamos al evento Burning Man, en el desierto de Nevada. ¡Y yo estaba hospitalizada del otro lado del mundo, casi sin poder hablar!”.

—Sí, voy contigo —alcanzó a responderle con voz apenas audible.

De todos los paisajes y momentos extraordinarios de ese viaje, Manuela resalta lo que les ocurrió en el Burning Man: «En el evento me flechó otro hombre de forma inesperada. Se lo tuve que contar a Juan Felipe con honestidad, le dije que no podía continuar viajando con él sintiéndome así”. Hace silencio para evocar con detalle ese instante en que Juan Felipe la miró. Estaban en la mitad del desierto, con el cielo del amanecer.

—Manuela —dijo él—, no sientas que tienes que comportarte de alguna manera conmigo, ni sientas que tú me debes algo. Yo solo te invité al viaje y quiero que tú seas tú. Nada más.

Ella eligió seguir el viaje con él. Ese lazo de libertad sería el más fuerte de su relación.

Poco tiempo después, Manuela regresó a Nueva York a estudiar danzas; Juan Felipe, por su parte, se radicó en Cali. Ella se convirtió en una maestra en su arte y volvió a Barranquilla en 2015 para vivir su primera participación en La Puntica No Má.

Ya Manuela sabía lo que era desfilar en el Carnaval. Había salido con su madre en 2009, en el colectivo Disfrázate como quieras. Ahora quería participar en La Puntica. «Vi las publicaciones y me pareció tan increíble, que se me despertó un amor platónico y el deseo de salir con ellos”. Por ese deseo regresó a los Carnavales. «Lo mejor del cuento de mi regreso en 2015 es que apenas terminé el desfile viajé a Cali a dar unas clases. Allá me reencontré con Juan Felipe y una noche después de que salimos a ver un show de salsa en Delirio, hicimos a nuestro primer hijo».

Vivirla con intensidad

Lucas nació en la capital del Valle. Y con tres meses de nacido se lo trajeron a Barranquilla para ellos desfilar La Puntica. “Fueron los primeros Carnavales de Juan Felipe; mis senos iban tan tiesos por la maternidad, que tuve que pedirle ayuda a él en pleno desfile”. Manuela se ríe recordando las peripecias que Juan Felipe tuvo que hacer en su «bautizo» carnavalero.

Se ausentaron un tiempo de los Carnavales porque tuvieron en fila tres hijas: Lila, Lucía y Elena.

En 2023, ya con la familia completa, volvieron a participar.

Para este 2026, la emoción de Juan Felipe por la capitanía de su esposa era tan grande, que había incluso proyectado una carroza para su desfile en la Batalla de Flores.

«Juan Felipe vivió todo con intensidad -expresa Manuela-. Era un hombre que hablaba siete lenguas, tocaba varios instrumentos musicales, manejaba aviones, veleros; practicaba boxeo, muay thai y era cinturón marrón en jiu-jitsu. Le decía que sí a todo lo que le hiciera sentir vital. Nos amó tanto y celebró tanto la vida que, cuando trascendió, decidí que también eso lo debíamos celebrar».

El cumpleaños

El mismo día que les dieron la noticia de la muerte de Juan Felipe, su hija Lila cumplía años. Y tenían la fiesta organizada.
—¿Y mi cumpleaños? —preguntó la niña con inocencia.
—¿Tú quieres celebrar? —le preguntó Manuela entre el dolor de esposa y el amor de madre.

Hicieron una fiesta de flores. Lila, la familia y sus amiguitas rieron y lloraron por igual.

«También vamos a celebrar el cumpleaños de Juan Felipe, este 18 de marzo. Ya hablé con su maestro de jiu-jitsu. Estamos preparando una ceremonia de entrega póstuma del cinturón negro”.

En el tatami de artes marciales que Juan Felipe tenía en el apartamento, Manuela organizó con su familia y amigos íntimos, al tercer día del fallecimiento, una ceremonia de cantos «para ayudar a su espíritu a elevarse».

La noticia

Juan Felipe viajó en diciembre a Las Vegas para participar en una competición deportiva de jiu-jitsu. Ganó en primera ronda, pero en la segunda recibió un golpe que luego se sabría mortal. Tenía vuelo de regreso a Cali el viernes 12 de diciembre.

La noticia la recibió Manuela el domingo. Su cuñado llegó al apartamento, se le veía cara de espanto.
—¡Juan Felipe se murió! ¡Juan Felipe está muerto!… ¡Juan Felipe está muerto! —gritaba su cuñado.
—¿Cómo así? —respondía ella en cada repetición.

Lloraron juntos en el sofá sin poder asimilar la realidad. En medio del trance, ella levantó la mirada hacia un cuadro que una prima suya había pintado. «Era una pintura inspirada en una foto que Juan Felipe y yo nos hicimos en Las Vegas en 2015. En aquel viaje ya estaba embarazada de Lucas, y Juan Felipe me había dicho por jugar que nos casáramos allí mismo. 11 años después, él trascendió allá mismo. ¿Te imaginas?».

—¡Mira el cuadro! —le dijo a su cuñado.
—¿Qué cosa? —preguntó él sin entender.
—¡El cuadro!
Ambos fijaron la mirada un rato infinito en la pintura. Habían llorado tanto que, al volver a mirarse, se echaron a reír.

Juan Felipe y Manuela en Las Vegas, en 2015. Esta foto se convertiría en la pintura que Manuela conserva enmarcada en su apartamento.

¿Qué se le pide a una viuda? ¿Cómo tiene que comportarse?
Manuela: Yo no lo sé. Tengo un grupo de clown desde hace tres años. El material con el que trabajamos para crear comedias son nuestras propias contradicciones y paradojas personales. La comedia está en las cosas que ocurren todos los días en la vida normal. Llevo estos meses viviendo esas mismas cosas cotidianas, pero resultan muy cómicas y disparatadas porque las observo desde el arquetipo de la viuda. Un ejemplo: A la semana de que Juan Felipe falleció, fui con mi hijo a un curso de buceo al que habíamos decidido inscribirnos. Cuando llegamos, me puse un bikini, me miré y no pude sino reírme. Le pregunté a mi mamá: ¿Qué tal este outfit de viuda para hoy?

Manuela en un ejercicio creativo con su grupo de clown.

La fecha es hoy

Cuando su mamá le dijo que antes de decidir su venida al Carnaval, tuviera en cuenta el dolor de la familia de Juan Felipe, Manuela le contó a su cuñada cómo el Carnaval de Barranquilla cierra el martes con el desfile de viudas de Joselito, y que por ironías de la vida esta sería la primera vez que ella iba a participar en ese ritual. Su cuñada comprendió que los lentes de la comedia le estaban regalando a Manuela la oportunidad de traer la risa donde hay una tragedia. El Martes de Carnaval, Manuela recibió por WhatsApp un mensaje de su cuñada: “Es tu fecha, es hoy”.

Ese día, frente al Cristo yacente, en una ciudad que cada año dramatiza una muerte y la hace festiva para revitalizarse, Manuela decidió encuerpar su dolor y bailarlo. «Estoy eligiendo el manjar de vivir, ser una viuda alegre que puede llorar y reír al mismo tiempo».

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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