La culpa no es del todo de las EPS. Expertos aseguran que fallaron controles locales y nacionales para impedir abusos de las multinacionales.
Por Rafael Sarmiento Coley
Uno de los primeros que lanzó la voz de alarma sobre lo que sobrevendría si no se apretaban los controles en los abusos de El Cerrejón con los recursos hídricos de La Guajira fue el exsenador y hoy presidente de la Federación Nacional de Departamentos, Amilkar Acosta Medina.

La desviación del Río Ranchería y la construcción de una represa de poca utilidad, ha contribuido a la sequía en la Alta Guajira.
Era algo que se veía venir piernas arriba. Porque al desviar los cauces del arroyo Bruno y del río Rancherías en diversos puntos para abastecer de agua de manera abundante a la extracción del carbón a cielo abierto, era lógico que se secarían todos los acuíferos que sobrevivían a medias –pero daban algo de agua a la población indígena en la Alta Guajira, en donde están las rancherías más pobres.
Nadie le prestó atención a las denuncias de Amilkar Acosta. Nadie le paró bolas a un infectólogo costeño, invitado a varios seminarios sobre los problemas de infecciones que podrían afrontar trabajadores de la mina y población civil circundante.
Eso se veía venir

No solo se desvió el Ranchería. También muchos arroyos como el Bruno, para surtir de agua a El Cerrejón para humedecer con el fin de impedir su volatilidad.
Concedió declaraciones a este portal a cambio de mantener su nombre en reserva, por haber prestado sus servicios profesionales como conferencista contratado por la empresa multinacional que explota el carbón de El Cerrejón.
“Eso se veía venir. Cuando estuve en El Cerrejón pedí que me llevaran a varias rancherías. Indagué sobre la alimentación y el agua que consumían. Me vine alarmado. Les dije: si no se hace algo urgente, va a venir una hambruna, especialmente en la población infantil. Y muchos morirán”.
El infectólogo asegura que, ya para esa época, había muchos niños con evidentes signos de desnutrición. “Y un menor de edad, e incluso, un adulto, en esas condiciones, es presa fácil de cualquier infección. Y mueren por diversas causas”.
También un psiquíatra que hizo parte de un grupo de profesionales de distintas disciplinas que con frecuencia fueron invitados a El Cerrejón cuenta que “vi que de vez en cuando nos invitaban a una ranchería a inaugurar una escuela, y ese día había comida y bebida para chicos y grandes. Pero, ¿y al día siguiente? Nada para echarle al estómago. Era obvio que la deserción escolar comenzaba al día siguiente de inaugurada la escuela, con muy buenas intenciones por parte de la Fundación Cerrejón y el Sindicato patronal de la empresa. Pero eso no servía de nada. Mire: un niño que crece con un nivel de desnutrición uno, dos o tres, que es el más crítico, va a tener una masa encefálica menor que cualquier otro niño de su edad, su capacidad intelectual será menor, su crecimiento será mínimo y sus huesos estarán debilitados, así como su corazón fatigado”.
La Alta Guajira

En esas condiciones, la Alta Guajira se quedó sin agua, mientras el Gobierno Nacional miró para el otro lado y Procuraduría, Contraloría y demás ‘ias’ se taparon las narices.
La Guajira es un Departamento virtuoso. Tiene los puertos naturales de mayor profundidad en el país. Su muñón que se observa en todos los mapas de Colombia, que es como un puño cerrado y desafiante, está rodeado de las playas más hermosas y de los más ricos y abundantes bancos de peses, ostras gigantescas con perlas blanquísimas, tortugas gigantes y las más grandes y apetitosas langostas. Todavía toda esa riqueza marina está ahí. Aún están frente a Riohacha los tubos gigantescos que sacan el gas que se consume en más de medio país.
Hasta hace pocos años La Guajira recibió cuantiosos recursos por las regalías de la explotación de sus ricos yacimientos de sal. Explotación que se hizo por parte de Concesión Salinas, ya desaparecida.
En el sur de La Guajira, está la riqueza fáunica, en las estribaciones de la Sierra Nevada y parte de la Serranía del Perijá y Montes de Oca. De la Sierra Nevada, de la Serranía del Perijá y de Montes de Oca bajan ríos como el Rancherías y numerosos riachuelos que son afluentes del Ranchería o que siguen su curso hacia hermosos lagos internos, todo ello rodeado de bosques y enormes haciendas de ganadería, y diversos cultivos. Es la parte rica de La Guajira.
Como la mayoría de esos ríos y riachuelos y arroyos (como el Bruno) fueron desviados por las multinacionales que explotan el carbón a cielo abierto, la pobre gente de las rancherías se quedó sin agua y en medio de la peor hambruna.
Nadie hizo nada para meter en cintura a quienes cometieron toda suerte de anormalidades contra los recursos naturales. El Gobierno Nacional miró hacia un costado y dejó que se hiciera de todo. Y las entidades de control se taparon las narices.
“Es una situación muy grave”
Para la nutricionista barranquillera Adriana Pinilla, “el caso de desnutrición que presentan estos niños de La Guajira, según lo que he visto en los medios de comunicación, es muy grave. Porque presentan los tres niveles de desnutrición: leve, aguda y severa”.
“Y es un caso severo porque es una mala alimentación que viene de mucho tiempo atrás. Niño que debería tener la estatura de un joven de 13 años, tienen la de un niño de 8”, señala la nutricionista.
Agrega que “eso demuestra que ya hay compromiso a nivel de crecimiento, dos años, tres años. Ya hay compromisos severos, no solo a nivel físico, sino de cabello, de piel, de órganos, corazón, fatiga temprana, cansancio todo el tiempo, sueño permanente, por el largo período de ayuno se presenta una severa inapetencia, su nivel intelectual baja”.
Defensas bajas
Para la nutricionista Adriana Pinillo, del Centro de Nutrición y Dietética Mokaná, “lo más grave es que un niño en esas condiciones tiene niveles de defensa muy bajos. La picadura de un mosquito se le convierte en una llaga muy grande, a veces no se les cura. Viene la fiebre y las demás afecciones que todo ello contrae. Además, esta sumatoria de dolencias produce carencias cardíacas”.
Pero también aborda el tema de la cultura de los padres. “En ocasiones no es por falta de comida, sino que como no quiere comer, entonces el padre o la madre dice: ‘me la como yo’. En esas condiciones usted ve que los niños están desnutridos pero los papás están en sobrepeso”.
Pinillos sugiere que se podría profundizar con la cultura de sembrar sus propios huertos caseros. Pero requieren de mucha ayuda técnica, porque es una zona desértica en donde hasta el cactus se muere.
El problema, como se ve, no es solo de las EPS. No es solo de la Gobernadora Oneida Pinto. Es un problema nacional. Y por lo tanto, compete al Gobierno Nacional meter la mano en este problema.
Cuando hay sequías ya el Gobierno debe estar encima de los lugares críticos. No llevando exceso de comida, sino alimentos de calidad.
Si bien es cierto que en estas condiciones en la población Wayúu el niño viene desnutrido desde el útero de la madre, “sí se puede recuperar, uno en uno, dos, o tres meses, sino en uno o dos años. Sí hay lugares de recuperación nutricional. Porque es que muchas veces los padres, por el tema de la cultura, no hablan, no los llevan a los centros médicos. Los padres, por pena, dicen que le dan, y no es así. A veces los papás por ignorancia no comentan las cosas. Y a veces por miedo no acuden a las atenciones”, concluye la nutricionista Adriana Pinillos.












