La ilusión de esta religiosa africana desde muy niña era ser periodista, pero Dios le cambió su libreto: monja. Cumplirá 20 años de servicio en Barranquilla.
Por: Francisco Figueroa Turcios

Las hermanas Pierrette Fedegmon, Rosa María Arouna y Agustina Alado
El 28 de Julio del año 2000 es una fecha inolvidable para la Hermana Rosa María Arouna: ese día llegó a Barranquilla.
La hermana Rosa María Arouna presta hoy valiosos servicios como coordinadora del departamento de Gestión Social de Pastoral Social-Caritas en Barranquilla y especialmente a la comunidad de la parroquia Santa María Goretti en el barrio Las Américas.
Religión vs Periodismo
Rosa María Arouna,Pierrette Fedegmon y Agustina Alado
La hermana Rosa María Arouna nació en Cotonou, capital de Bénin, África. El 29 de agosto cumple 65 años. Desde muy joven descubrió dos vocaciones: la religión y el periodismo. Ella consideró que podía estudiar las dos vocaciones, bajo su filosofía de gestión social, que heredó de su madre, Susana.
“Mi meta era ejercer la profesión de periodista para mostrarle al mundo de qué se trata la vida religiosa y la gestión social de la iglesia Católica.
Entré a la vida religiosa a los 16 años.Cuando hice mis primeros votos, la Superiora General de las Hermanas Oblatas Catequistas Siervas de los Pobres me envió a estudiar periodismo a Togo, un país vecino de Bénin, pero cuando regresé me dieron la misión de ser la Secretaria General del Pastoral Social-Cáritas, en Benín, cargo que ocupé desde 1993 hasta 1999.
Labor social

Hermana Rosa María Arouna
Desde que llegó a a Barranquilla, Monseñor Ruben Salazar Arzobispo de Barranquilla le dio a la Hermana Rosa María Arouna, la misión de desarrollar su misión en el Secretariado de Pastoral Social. Tuvo la misión de trabajar departamento de Gestión Social del Secretariado de Pastoral Social-Caritas.

Mónica Sabagh, Erika Segebre, Eric Sojo y Hermana Rosa Arouna.
“Es la mano que utiliza la Iglesia para llevar a todo el mundo el espíritu de la solidaridad, para que todas las personas sean conscientes de su dignidad como hijos de Dios, para que contribuyan en la construcción del mundo por medio de la Iglesia Católica.











