Para el escritor Jorge Guebely la reciente elección del nuevo Contralor estuvo plagada de candidatos cercanos al paramilitarismo. Una dura crítica a la práctica política en Colombia.
Por Jorge Guebely
No deberíamos engañarnos más con la política. Ella es así, desde los inicios de la historia hasta nuestros días, aquí y en todas partes. Opera como el ejército civil o militar de la propiedad privada. Discurso mentiroso, enfermo, dañino para la mayoría y provechoso para la minoría. Ninguna alternativa honorable posee para el ser humano. Su interior se compone de ávidos espíritus con brillantes apariencias. Territorio de trampas, zarpazos, cinismos… Sus corredores albergan manadas de fauces voraces. Por ella vivimos el infierno tan temido.
Las mentes sanas que transitan su territorio van al descalabro. Bastan los ejemplos de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla. No pudieron desinfectar el infectado agujero con un pote de detergente. No es fácil higienizar una conciencia milenaria. Nunca un mendrugo de queso blanco sobrevive en una montonera de ratas negras. Mientras ellos habitan el campo santo por combatir el narcotráfico, cercanos a paramilitares aspiraban esta semana al cargo de Contralor de la República. Aspiraciones apoyadas por ex presidentes: Uribe, Gaviria, Samper y el presidente Santos. Finalmente triunfó la gavilla gubernamental.
Juego espantoso de mafias oficiales; legales pero, en fin de cuentas, mafias. Razón tenía Maurice Duverger para definir la política como la confrontación de grupos por el poder público para provecho personal.
Deberíamos saber de una vez por toda que la política, tal como la hemos sufrido durante ocho milenios, ha sido un constructo inhumano de capitales privados. Los políticos actúan como sus empleados inmediatos para ensanchar la propiedad privada y repartir baratijas a los desposeídos. No otro sentido tiene el nombramiento de Néstor Humberto Martínez en las entrañas del gobierno. Célebre por sus servicios a Pacific Rubiales, Luis Carlos Sarmiento, grupo Santodomingo… Igual sucede con Educación, la nueva ministra hace parte entrañable del grupo Parody. La educación y el discurso pedagógico son pretextos para cumplir con los patrones del corral. Nada distinto se espera de la política.
Si existiese un mínimo de compasión en la élite económica y un átomo de sensibilidad social en la élite política, podríamos dormir en paz. Pero la voracidad de la primera y la corrupción de la segunda, se han convertido en el enemigo principal de la especie y del planeta. No sólo depredan al ser humano sino a la tierra entera. Peligros serios existen de arrasar el mundo por la insensata voracidad de ese enemigo. Hay que estar atentos. Muchas más personas pensantes deberían advertir ese peligro real e intentar construir una política de espíritu ciudadano al servicio del ser humano, no del capital.












