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Ni en el cine: Weimar Asprilla, el héroe del Santafé que silenció al River Plate en el estadio Monumental

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay historias que parecen escritas por un guionista empeñado en demostrar que el fútbol todavía conserva esa capacidad de sorprendernos.

Historias que comienzan con un nombre desconocido para muchos y terminan convirtiéndolo en protagonista de una noche que quedará para siempre en la memoria. La de Weimar Asprilla Mena pertenece a esa categoría.

De suplente a héroe…

Weimar Asprilla Mena, joven arquero de Independiente Santa Fe llegó al estadio Monumental de Buenos Aires como lo que era: el guardameta suplente que había recibido una oportunidad inesperada por la lesión de Andrés Marmolejo. Salió de Bogotá con la responsabilidad de defender el arco cardenal ante uno de los gigantes del continente y terminó regresando a la historia del fútbol colombiano como el hombre que silenció la casa de River Plate.

Ni en el cine vas a encontrar fácilmente una historia tan mágica.Santa Fe había empatado 0-0 en el partido de ida y sabía que en Buenos Aires tendría que resistir la presión de un Monumental vestido de rojo y blanco. No había margen para el error. Del otro lado estaba River Plate, con su historia, su camiseta, su multitud y el peso de jugar en uno de los escenarios más imponentes de Sudamérica.

Pero el fútbol, justamente por ser fútbol, no siempre respeta los libretos. River golpeó primero. Sebastián Driussi apareció en el comienzo del segundo tiempo para poner el 1-0 y darle al conjunto argentino la ventaja que parecía conducirlo hacia los cuartos de final. Santa Fe quedó contra las cuerdas.

Y entonces apareció Asprilla. Una y otra vez.El arquero cardenal comenzó a convertirse en una muralla. Atajó remates, salió al encuentro de los atacantes y sostuvo a Santa Fe cuando el partido parecía escaparse. Su actuación durante los 90 minutos fue fundamental para que el equipo colombiano continuara con vida.

El capítulo más increíble..

A diez minutos del final, una mano de Lucas Martínez Quarta dentro del área le abrió a Santa Fe una puerta que parecía cerrada. Franco Fagúndez tomó la responsabilidad y convirtió el penal para establecer el 1-1. La serie, después del 0-0 de la ida, quedaba nuevamente igualada.Ya no había tiempo para más.

Había que ir a los penales.Y allí comenzó otra película.Una tanda que parecía no querer terminar. Los jugadores de campo fueron pasando uno detrás de otro por el punto blanco. Algunos acertaron. Otros fallaron. Santiago Beltrán, el arquero de River, también quiso convertirse en héroe: detuvo tres disparos y mantuvo con vida al equipo argentino.Pero llegó el momento en que los protagonistas habituales tuvieron que hacerse a un lado.

La tanda alcanzó a los arqueros...

Primero fue el turno de Beltrán. El guardameta de River, que había sido salvador durante la definición, cargó con la responsabilidad de ejecutar el undécimo penal de su equipo. Su disparo se marchó por encima del travesaño.

El Monumental quedó suspendido en un silencio extraño. Entonces caminó hacia el punto penal Weimar Asprilla. El suplente. El juvenil. El hombre que había llegado a Buenos Aires para custodiar el arco de Santa Fe.

Ahora tenía en sus pies la clasificación. Y no tembló. Santa Fe ganó 8-7 la tanda de penales y escribió una de las páginas más sorprendentes de su historia internacional.

El muchacho que había comenzado la noche bajo la sombra de la duda terminó levantando los brazos hacia el cielo. Había atajado durante el partido, había sostenido a su equipo en los momentos más difíciles y, cuando la historia le pidió algo más, convirtió el penal que llevó al León a los cuartos de final de la Copa Sudamericana.

El Monumental, que tantas veces ha sido escenario de celebraciones, esta vez tuvo que contemplar una celebración ajena.

Hazaña colombiana…

Santa Fe no solamente eliminó a River Plate. Lo hizo en su propia casa, en una noche de enorme presión y después de una definición que necesitó 22 ejecuciones para encontrar un vencedor. El equipo dirigido por Pablo Repetto avanzó a los cuartos de final, donde enfrentará a Vasco da Gama.

Pero más allá del resultado, quedará la imagen de Weimar Asprilla. Porque hay noches que cambian carreras.Hay partidos que convierten jugadores en protagonistas.Y existen momentos que dejan de pertenecerle a un futbolista para convertirse en patrimonio de la memoria colectiva.Weimar Asprilla tuvo una de esas noches.

Llegó como suplente.Se fue como héroe. Llegó para cuidar un arco. Terminó abriendo la puerta de los ocho mejores de la Copa Sudamericana.Y cuando el Monumental esperaba celebrar una clasificación de River, un joven arquero colombiano decidió escribir otro final.

Quizás por eso el fútbol sigue siendo hermoso. Porque mientras existan un balón, un arco, once metros y un muchacho dispuesto a creer que los sueños también pueden entrar por la escuadra, siempre habrá espacio para una historia imposible. Una historia como la de Weimar Asprilla. Una historia que, definitivamente, ni en el cine la habrían podido escribir mejor…

Vasco da Gama: la historia continúa

Pero las noches heroicas duran poco cuando el fútbol internacional no concede treguas.

Santa Fe apenas comienza a saborear la hazaña del Monumental cuando ya tiene un nuevo desafío en el camino. En los cuartos de final de la Copa Sudamericana lo espera Vasco da Gama de Brasil, otro nombre de enorme tradición continental y otro escenario donde el conjunto cardenal tendrá que demostrar que lo ocurrido ante River Plate no fue una casualidad.

Si River Plate representaba la historia y el peso de jugar en el Monumental, Vasco da Gama será una nueva montaña por escalar.

El equipo brasileño llegará con su propia historia, su camiseta legendaria y la ilusión de avanzar a las semifinales. Santa Fe, en cambio, llegará fortalecido por unaclasificación que puede convertirse en un punto de inflexión para toda su campaña.

Y habrá un nombre que inevitablemente aparecerá en la memoria: Weimar Asprilla. El joven arquero que llegó a Buenos Aires como suplente y salió del Monumental convertido en héroe tendrá ahora un nuevo capítulo por escribir. Ya no será un desconocido para sus rivales. Después de su actuación ante River, los reflectores estarán sobre él.

Santa Fe tendrá que volver a empezar. La hazaña ante River ya es historia. Vasco da Gama será el presente. Y los sueños de semifinales, el futuro.

Quizás esa sea la verdadera belleza de esta Copa Sudamericana: cuando parece que una historia ha llegado a su final, aparece otro rival, otro estadio y otra batalla para demostrar que todavía quedan páginas por escribir.

El León ya rugió en el Monumental. Ahora tendrá que demostrar que aquel rugido no fue solamente una noche de inspiración, sino el comienzo de algo mucho más grande.Porque después de River, viene Vasco. Y la historia de Santa Fe continúa.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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