Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay periodistas que escriben noticias. Hay otros que cuentan historias. Y existen unos pocos que consiguen que esas historias sobrevivan al paso del tiempo. Ángel Miguel Pérez Martìnez pertenece a esa última estirpe.
La noche del viernes 28 de agosto de 2026 volvió a subir al escenario de los Premios de Periodismo Mariscal Sucre para recibir una nueva estatuilla. No era una más. Era la quinta.
Cinco premios que, vistos en perspectiva, parecen dibujar la geografía de una carrera construida a punta de talento, sensibilidad, investigación y, sobre todo, de esa mirada particular que tienen los grandes cronistas para descubrir historias donde otros apenas ven acontecimientos: 2018,2021,2022, 2025 Y ahora, 2026. Cinco fechas. Cinco estatuillas. Cinco historias.
Una hegemonía…

Foto: Ángel Miguel Pérez , ganador de cuatro premios de periodismo Mariscal Sucre 2025
Una hegemonía que difícilmente puede explicarse solamente desde los números. Porque detrás de cada premio existe una historia y detrás de cada historia hay una obsesión: encontrar al ser humano que se esconde detrás de la noticia.
En 2018 llegó la primera consagración con “La tragedia que ‘emboscó’ a héroes del fútbol”. Una historia marcada por el dolor, pero narrada desde esa sensibilidad que permite mirar la tragedia más allá de las cifras y los titulares.
Tres años después, en 2021, apareció “Hay un ave fénix en el jardín central”. El título ya anunciaba una de las características del cronista: convertir una historia deportiva en una metáfora de la vida. El ave fénix como símbolo de quien cae, resiste y vuelve a levantarse.
En 2022, Pérez volvió a ser reconocido por “Noqueado por una promesa incumplida”. Otra vez el deporte como escenario, pero el ser humano como protagonista. Porque en sus crónicas el marcador casi nunca es lo más importante. Importan las cicatrices, los sueños, las derrotas, las esperanzas y esas pequeñas batallas que cada personaje libra lejos de los reflectores.
Luego llegó 2025. Y con él, una historia que llevaba en su título una verdad dolorosa: “Mauricio Pastrana: Cuatro coronas y la misma pobreza”. Cuatro coronas podían caber en una vitrina. La pobreza, en cambio, seguía viviendo en la casa. Allí estaba nuevamente esa mirada de Pérez: la capacidad de mirar detrás de la gloria deportiva y preguntarse qué quedó cuando se apagaron las luces, cuando terminó la pelea y cuando los aplausos dejaron de sonar.

Y ahora, en 2026, volvió a ganar. El trabajo “Round 11: la oscuridad noquea a Míster Nocaut” le entregó su quinta estatuilla del Premio de Periodismo Mariscal Sucre.El título tiene algo de sentencia.
En el boxeo existen doce asaltos, pero algunas peleas de la vida parecen continuar incluso después de que termina el combate. Y Pérez volvió a encontrar allí una historia que merecía ser contada.
Cinco premios. Cinco reconocimientos. Cinco demostraciones de que la crónica puede convertir el periodismo en literatura sin dejar de ser periodismo.
Porque Ángel Miguel Pérez no solamente escribe sobre deportistas. Escribe sobre hombres y mujeres que alguna vez soñaron, que lucharon, que triunfaron, que perdieron, que volvieron a levantarse o que terminaron enfrentándose a adversidades mucho más grandes que cualquier rival.
Su territorio ha sido el deporte, pero su materia prima ha sido siempre el ser humano. Por eso sus crónicas tienen algo que va más allá del resultado de una competencia. En ellas hay memoria. Hay nostalgia. Hay dolor. Hay esperanza.

Y hay una pregunta que sobrevuela muchas de sus historias: ¿qué ocurre con el ser humano cuando termina el espectáculo?
Quizás allí radique la razón de su permanencia en los Premios Mariscal Sucre. Ángel Miguel Pérez ha ganado en 2018, 2021, 2022, 2025 y 2026. Cinco estatuillas que no solamente hablan de una cosecha de premios, sino de una constancia extraordinaria en el ejercicio de la crónica.
En un oficio donde cada día aparecen nuevas noticias, nuevos protagonistas y nuevas historias, mantenerse vigente durante tantos años constituye, por sí mismo, otra forma de victoria. Y en Sucre, tierra de grandes narradores, su nombre ya ocupa un lugar especial.
Decir que Ángel Miguel Pérez es el mejor cronista del periodismo sucreño puede generar debates —porque los nombres y las generaciones siempre suscitan discusiones—, pero hay una manera sencilla de acercarse a esa afirmación: mirar las estatuillas. Cinco veces el jurado volvió a encontrar en sus historias algo digno de ser contado, reconocido y recordado.
Cinco veces la crónica volvió a llevar su nombre. Por eso, al final, quizá no haga falta demasiada argumentación.Basta mirar su vitrina. Por sus premios os conoceréis.
La paradoja detrás de cinco estatuillas

Y entonces aparece la paradoja, esa ironía que a veces la vida escribe con una tinta mucho más fuerte que cualquier cronista.
Ángel Miguel Pérez acaba de ganar por quinta vez el Premio de Periodismo Mariscal Sucre. Cinco estatuillas que hablan de permanencia, de talento, de oficio y de una manera particular de contar las historias. Cinco veces su nombre ha sido llamado en una ceremonia en la que se reconoce a quienes han hecho del periodismo una forma de vida.
Pero detrás de esas cinco estatuillas hay una verdad que estremece. Ángel Miguel no tiene contrato. No tiene un sueldo fijo. Desde hace tres años está buscando empleo.
Ángel Miguel Pèrez, dice sin rodeos, con la misma franqueza con la que seguramente ha contado tantas historias ajenas: “No tengo contrato ni sueldo. Ando buscando empleo desde hace tres años, después de salir de El Universal, donde estuve 23 años”.
La frase parece un contrasentido. Afuera, una estatuilla que reconoce su talento; adentro, la incertidumbre de quien todos los días debe preguntarse dónde estará el próximo trabajo. Porque el periodismo también tiene estas paradojas. Puede premiar una crónica, pero no siempre consigue garantizarle estabilidad a quien la escribe. Puede reconocer cinco veces a un periodista y, al mismo tiempo, dejarlo caminando por la ciudad con su hoja de vida debajo del brazo.

Ángel Miguel Pérez tiene cinco Mariscal Sucre, pero también tiene tres años de búsqueda. Y quizá ahí está la historia verdadera: en ese hombre que, pese a las puertas que no se han abierto, sigue escribiendo; que pese a la ausencia de un contrato, no ha renunciado al oficio; que pese a las incertidumbres, continúa creyendo que una buena historia todavía puede abrirle camino.
Las cinco estatuillas no le resuelven la vida. Pero cuentan algo que ninguna hoja de vida puede explicar por sí sola: que durante décadas hubo un periodista detrás de ellas, buscando historias, persiguiendo personajes y convirtiendo vidas ajenas en relatos que merecieron ser reconocidos.
Esta noche, mientras sostiene su quinto Mariscal Sucre, Ángel Miguel Pérez puede sentirse orgulloso. Pero también tiene derecho a hacerse una pregunta que resulta incómoda y profundamente humana:
¿Cómo puede estar tan reconocido un periodista y, al mismo tiempo, estar buscando dónde trabajar?
Tal vez esa sea la paradoja más grande de este premio. Y también la historia que nadie debería olvidar cuando se apagan las luces, termina la ceremonia y las estatuillas regresan a casa.
Ganadores del XXXII Premio de Periodismo Mariscal Sucre

Foto: Pedro Chamorro y Manuel Moròn
Sucre se vistió de gala con la celebración de la versión XXXII del Premio de Periodismo Mariscal Sucre, que se realizó la noche del 28 de agosto en la Plaza Caribe de la Gobernación.
La gobernadora Lucy García Montes destacó el trabajo que vienen realizando los periodistas en el departamento y su importancia para informar a todas las comunidades sobre las acciones y proyectos que están transformando los territorios.
La mandataria también resaltó la gran participación en el concurso, en donde se presentaron 52 trabajos periodísticos. Esta es la cifra más alta en la historia de este premio, el cual se consolida como el más importante del departamento de Sucre y un referente en la región Caribe.
El listado de periodistas ganadores:
En Prensa, el ganador fue el periodista Félix Hernández con el trabajo titulado “Parteras, sobadores y curanderos: las IPS ancestrales”.
En la categoría de Televisión ganó Franklin Monterroza con “Un descanso digno para los peludos”.
En Periodismo Deportivo, Ángel Miguel Pérez fue el ganador con “Round 11: la oscuridad noquea a Míster Nocaut”.
Por su parte, el periodista Omar Fonseca fue el ganador en la categoría de Reportería Gráfica con el trabajo titulado “Mientras las esperanzas se desvanecen”.
En Radio, Pedro Chamorro fue el ganador con “El viaje, peor que la enfermedad”.
Domar Gutiérrez obtuvo el premio en la categoría de Consagración a una Vida Periodística
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De periodismo, no sé un carajo, pero cuando leí las notas de este periodista, entendí que no era uno más del montón, tiene una redacción impecable y es acucioso y los que muy pocos tienen: es un investigador. Me da mucha alegría saber que esa designación fue acertada y quedó en buenas manos. Que Dios continúe en Miguel Angel Pérez, su obra para que tengamos el periodismo que Colombia necesita