Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay futbolistas que pasan por las canchas y dejan estadísticas.
Otros dejan títulos, goles o fotografías que sobreviven al tiempo. Y existen aquellos que dejan algo mucho más profundo: recuerdos imborrables en quienes tuvieron el privilegio de compartir con ellos una cancha, un camerino y una parte de la vida: Arturo Segovia pertenece a esa estirpe.
Arturo nació en Soledad, Atlántico, tierra que ha entregado grandes futbolistas al balompié colombiano, Segovia construyó una trayectoria marcada por la valentía, la fogosidad, la agresividad bien entendida dentro del terreno de juego y una extraordinaria capacidad técnica. Fue un jugador que no sabía esconderse del partido. Lo enfrentaba de frente, con carácter, personalidad y una permanente vocación de ir hacia el arco contrario.
Arturo Segovia en la memoria de Toto Rubio…

Foto: Toto Rubio, Othon Alberto Dacuhna y Arturo Segovia
Pero la historia de Arturo Segovia también puede contarse desde la memoria de uno de sus compañeros de ruta: Toto Rubio.
Para Toto Rubio, Arturo Segovia no fue simplemente un futbolista con quien compartió nóminas. Antes de convertirse en compañero, fue un jugador al que admiró desde la distancia. El destino, muchos años después, se encargaría de ponerlos en el mismo camino.
“Conocí a Arturo cuando representaba a la Selección Atlántico en el año 1962, categoría mayores. Yo en ese tiempo representaba la Selección Atlántico, categoría juvenil”, recuerda Toto.
Eran tiempos diferentes. El fútbol tenía otra dimensión, las camisetas se defendían con una pasión que trascendía los noventa minutos y los jugadores construían sus nombres lentamente, a fuerza de sacrificio, talento y perseverancia. En aquellos días, un joven Toto Rubio observaba a Arturo Segovia como uno de esos futbolistas que comenzaban a convertirse en referentes. Todavía no sabía que el fútbol, caprichoso y maravilloso, terminaría colocando a aquel jugador que admiraba a su lado.
1970, llegó el reencuentro entre Toto Rubio y Arturo Segovia..

Junior 1970: Mene Segrera, Heriberto Solís, Eliseo Álvarez, Pedro Vásquez, Toto Rubio, Efraín Castillo. Abajo: Mario Moreno, Arturo Segovia, Jorge Oyarbide, Eduardo Rivera y Andrés Salazar
Ocho años después, en 1970, llegó el reencuentro entre Toto Rubio y Arturo Segovia… Esta vez no había distancia entre el admirador (Toto Rubio) y el admirado (Arturo Segovia). Los dos estaban en el mismo vestuario, defendiendo la camiseta del Junior. La historia había dado una vuelta completa. “Vaya que sorpresa!! ese extraordinario jugador que yo admiraba se constituyó posteriormente en mi compañero de ruta en el año 1970 defendiendo el equipo Junior donde tuvimos la oportunidad de pelear por la primera estrella ”, recuerda Rubio al evocar aquel momento.
Toto Rubio que había observado a Arturo Segovia en la Selección Atlántico ahora compartía con él una misma ilusión: ayudar al Junior a conquistar la primera estrella de su historia. Aquella generación rojiblanca tenía un sueño enorme. El fútbol colombiano comenzaba a escribir nuevas páginas y Junior buscaba dejar de ser solamente un equipo con tradición para convertirse en protagonista de la historia grande. En ese escenario apareció Segovia con su personalidad.
Arturo Segovia era de esos jugadores que parecían llevar una batalla particular dentro de cada partido. Su marcación era estricta, fuerte y agresiva. No concedía espacios con facilidad. Pero su fútbol no se limitaba a destruir. También tenía la capacidad para desprenderse, acompañar las jugadas y mirar hacia el arco contrario.

´Toto ´Rubio, Hermenegildo Segrera y Arturo Segovia, cuota costeña en la excelente campaña de Junior 1970
“Arturo Segovia se le adelantó al fútbol con una brillante disposición de atacar permanentemente al arco contrario y su marcación era estricta y agresiva”, recuerda Toto Rubio. En esa frase se resume buena parte de su esencia.
Segovia entendía que defender también podía ser una manera de atacar. Recuperar la pelota era apenas el primer paso. Después venía la decisión de avanzar, de buscar al compañero, de acercarse al área rival y de convertir la recuperación en una posibilidad ofensiva.
Esa personalidad lo acompañó durante toda su carrera. Toto Rubio lo recuerda especialmente por una virtud que suele ser más difícil de encontrar que el talento: la regularidad. “Lo recuerdo porque mantuvo una regularidad desde el comienzo hasta el final de su carrera profesional”, señala Toto Rubio.
Y quizá ahí radica uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un futbolista.Porque el talento puede aparecer una tarde. La velocidad puede desaparecer con los años. La fuerza física inevitablemente se transforma. Pero la regularidad exige disciplina, carácter y una profunda convicción sobre lo que significa ser futbolista.
Toto Rubio y Arturo Segovia en otros escenarios..

Selección Colombia 1975: Arturo Segovia, Toto Rubio, Oswaldo Calero, Miguel Escobar, José ´Boricua´ Zárate, Pedro Antonio Zape. Agachados: Jairo Arboleda, Willington, Nelson Silva Pacheco, Víctor Campaz y Ponciano Castro.
La historia volvió a reunir a Toto Rubio y Arturo Segovia en otros escenarios. Millonarios y la Selección Colombia en el año 1975, fueron algunos de los lugares donde sus caminos coincidieron. Diferentes camisetas, diferentes estadios, diferentes momentos, pero una misma pasión.
Cada vestuario compartido fue sumando capítulos a una amistad que había comenzado muchos años atrás, cuando Toto todavía miraba a Arturo desde la categoría juvenil y lo admiraba como uno de los grandes jugadores del fútbol atlanticense. El fútbol tiene esas coincidencias que parecen escritas por el destino.
Primero fueron dos futbolistas que representaban al Atlántico en categorías diferentes. Después fueron compañeros en Junior. Más tarde volvieron a encontrarse en Millonarios y en la Selección Colombia. Y con el paso de los años, las camisetas quedaron atrás, los estadios comenzaron a convertirse en recuerdos y lo que permaneció fue la amistad.

Millonarios 1975: Arturo Segovia, Jesús ´Toto ´ Rubio, Edgar ´Chonto´ Gaviria, Óscar Ortega, Euclides ´Tizón´ González y Humberto Horacio Ballesteros. Abajo: Hernán Villa, Carlos Emilio Rendon, Willington Ortiz, Alonso ´Pocillo´ López y Miguel Ángel Converti.
Por eso las palabras de Toto Rubio tienen un significado especial.No habla solamente el compañero. Habla también aquel joven que en 1962 admiraba a Arturo Segovia y que, ocho años más tarde, tuvo la oportunidad de compartir con él una de las grandes ilusiones del Junior de Barranquilla.
La vida profesional de un futbolista está hecha de partidos, viajes, entrenamientos, triunfos y derrotas. Pero cuando pasan los años, lo que verdaderamente sobrevive son las personas. Los compañeros. Los amigos. Aquellos con quienes se compartieron sueños que alguna vez parecieron imposibles. Arturo Segovia fue para Toto Rubio mucho más que un nombre en una nómina. Fue un compañero de ruta, un futbolista al que admiró y posteriormente un amigo al que recuerda con respeto y afecto.
Por eso, al final de sus palabras, Toto no necesita estadísticas ni grandes discursos.Le basta un gesto sencillo y profundo:“Para este ídolo del fútbol profesional colombiano le envío un abrazo fraternal y con respeto”.Es el abrazo de un compañero a otro.
Otro nuevo encuentro…

El martes 1 de septiembre de 2026a las 10 de la mañana, Toto Rubio y Arturo Segovia volverán a encontrarse. Esta vez no habrá estadio, árbitro, camiseta ni balón de por medio. No estarán frente a frente en una cancha, como tantas veces ocurrió en aquellos años en los que el fútbol los convirtió en compañeros de una misma historia. El escenario será otro, pero igualmente cargado de simbolismo: el monumento La Aleta del Tiburón, uno de los lugares que ya forman parte del paisaje sentimental de Barranquilla.
Allí, Arturo Segovia dejará la huella de sus pies. Y no será una huella cualquiera. Será la marca física de un futbolista que durante años dejó sus pisadas en los grandes escenarios del fútbol colombiano. Un jugador soledeño que hizo de la valentía, la fogosidad, la agresividad y la capacidad técnica sus principales argumentos y que, junto a Toto Rubio, compartió nóminas, camerinos y sueños en Junior, Millonarios y la Selección Colombia.
Ahora, muchos años después, el fútbol les propone otro encuentro. Ya no tendrán que perseguir una pelota ni disputar una posición. El tiempo ha cambiado las reglas del juego. La memoria, en cambio, permanece.
Segovia llegará a La Aleta del Tiburón para convertir una parte de su historia deportiva en patrimonio de Junior. Sus pies, aquellos que tantas veces recorrieron las canchas defendiendo los colores que llevó en el pecho, quedarán simbólicamente estampados en un monumento que mira hacia el río y hacia una ciudad que aprendió a reconocer en sus futbolistas parte de su propia identidad.
Toto Rubio estará allí para acompañarlo. Será, en cierta forma, el reencuentro de dos compañeros de una época en la que el fútbol se jugaba con una mezcla de talento, carácter y pertenencia.
El balón ya dejó de rodar para ellos. Pero las huellas permanecen. Y algunas, como las de Arturo Segovia, están destinadas a caminar para siempre por la memoria del fútbol barranquillero.












En mi criterio, son los 2 marcadores de punta más grande que ha dado el fútbol colombiano. Solo podemos decir eso, lo que los que lo vimos jugar.