Como muchos territorios en Colombia, esta población tolimense es amenazada por la minería.
El comentario de Elías
Por Jorge Guebely
Hoy deberíamos ser Cajamarca. Superar el malestar de ser liberal o conservador, uribista o santista, de izquierda o derecha, y convertirnos en ciudadanos de Cajamarca y del mundo. Ser verdaderamente políticos, miembros vivos de una polis, no prisioneros de una bandera.
Y deberíamos estar atentos a la reacción de la élite financiera internacional, los verdaderos dueños del planeta, por la reciente consulta minera de La Colosa en Cajamarca. No soportan la pelea bíblica donde el pequeño David golpea, de un hondazo, a una de las monstruosas patas de Goliat.
Debiera ser así porque no se detendrán. Las posibles toneladas de oro no pueden perderse por la imprudencia democrática de románticos ambientalistas y campesinos tercermundistas. Tendrán a su favor al presidente y al ministro de mina, a los políticos locales y nacionales, a la policía y al ejército. Exigirán la obediencia de un país neocolonizado, sometido por las deudas y gobernado por una dirigencia política dependiente, sin ideas ni ideales.
Repartirán prebendas económicas y sueños futuristas. Ondearán las banderas de la minería legal contra la ilegal, el respeto a las leyes y el progreso regional. Ni a ellos, ni a los nuestros, les importa los devastadores espejos nacionales. Nuestra región Caribe contaminada con minería legal. Para sus pueblos aledaños, cundió la pobreza, la mala salud, las inéditas enfermedades, y la muerte de niños y adultos. El desempleo aumentó, la minería utiliza menos personas que la agricultura y, muchos de sus empleados, vienen de afuera. Peor suerte para el medio ambiente: floreció la deforestación y surgieron los paisajes lunares. Masacre ambiental, social y humana.
Una mina no dignifica a la naturaleza, ni a los seres humanos que la rodean. Beneficia siempre al capital financiero que se lleva el grueso de la explotación. También al gobierno nacional que recibe el 7.7% -total- del PIB, según el economista Luis Jorge Garay. Dineros que serán convertidos en regalías, y sufrirán la misma suerte que la regalías petroleras. Se convertirán en alimento para la corrupción, en azúcar para los hongos.
Por eso, hoy deberíamos ser ciudadanos de Cajamarca y del mundo Defender la Dignidad Humana y el Medio Ambiente: la Vida. Tarea que no asume el capital financiero, ni los gobiernos nacionales. No lo han hecho durante 200 años de República, ¿por qué ahora harían algo distinto? La defensa de la vida está en las políticas de ciudadanos vivos. Y todo ciudadano vivo sabe que la vida no reside en banderas políticas, ni en cruces religiosas, ni en cuentas bancarias.












Así es Maestro, totalmente de acuerdo, todos deberíamos ser Cajamarca.