Nació en Fuente de Vaqueros (Granada), España. Desde muy joven comenzó a escribir y publicar poesía hasta que decidió cruzar el charco y viajar a Nueva York. Allí compuso una de sus grandes obras Poeta en Nueva York. De ahí se dirigió a la Habana para después volver a España donde se estaba dando uno de los mayores acontecimientos políticos.
La Segunda República le dio paso para la distribución de sus obras y comenzó a relacionarse con el género teatral, del cual se destacan Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Sin embargo, aquellos años de expresión artística y social acabarían muy pronto y la Guerra Civil señaló a centenares de poetas, escritores, artistas y librepensadores exiliando a algunos; asesinando a otros.
Las embajadas de Colombia y México le dieron auxilio ante la marcada inclinación izquierdista del poeta. Pero Lorca decidió regresa a su tierra natal en Andalucía.
Federico tuvo mucha amistad con el fundador de la Falange Española, José Antonio Primero de Rivera, sin embargo, la denuncia anónima impuesta el 16 de 1936 dio pie para que fuera arrestado mientras estaba en casa con unos amigos, acompañándole en la desdicha el poeta Luis Rosales.
En la madrugada del 19 de agosto fue «paseado» y fusilado en camino que va el camino que va de Víznar a Alfacar.
El poeta fue asesinado por su condición de republicano y homosexual, pero sus escritos, como su historia, le dio la eternidad y la justicia que la condición política le arrebataron.
Romancero gitano- Romance de la Guerra Civil española
A Juan Guerrero
Los caballos negros son. Las herraduras son negras. Sobre las capes relucen manchas de tinta y de cera. Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. Con el alma de charol vienen por la carretera. Jorobados y nocturnos, por donde animan ordenan silencios de goma oscura y miedos de fina arena. Pasan, si quieren pasar, y ocultan en la cabeza una vaga astronomía de pistolas inconcretas.
¡Oh ciudad de los gitanos! En las esquinas banderas. La luna y la calabaza con las guindas en conserva. ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te vio y no te recuerda? Ciudad de dolor y almizcle, con las torres de canela.
Cuando llegaba la noche, noche que noche nochera, los gitanos en sus fraguas forjaban soles y flechas. Un caballo malherido, llamaba a todas las puertas. Gallos de vidrio cantaban por Jerez de la Frontera. El viento vuelve desnudo la esquina de la sorpresa, en la noche platinoche noche, que noche nochera.
La Virgen y San José, perdieron sus castañuelas, y buscan a los gitanos para ver si las encuentran. La Virgen viene vestida con un traje de alcaldesa de papel de chocolate con los collares de almendras. San José mueve los brazos bajo una capa de seda. Detrás va Pedro Domecq con tres sultanes de Persia. La media luna soñaba un éxtasis de cigüeña. Estandartes y faroles invaden las azoteas. Por los espejos sollozan bailarinas sin caderas. Agua y sombra, sombra y agua por Jerez de la Frontera.
¡Oh ciudad de los gitanos! En las esquinas banderas. Apaga tus verdes luces que viene la benemérita. ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te vio y no te recuerda? Dejadla lejos del mar, sin peines para sus crenchas.
Avanzan de dos en fondo a la ciudad de la fiesta. Un rumor de siemprevivas invade las cartucheras. Avanzan de dos en fondo. Doble nocturno de tela. El cielo, se les antoja, una vitrina de espuelas.
La ciudad libre de miedo, multiplicaba sus puertas. Cuarenta guardias civiles entran a saco por ellas. Los relojes se pararon, y el coñac de las botellas se disfrazó de noviembre para no infundir sospechas. Un vuelo de gritos largos se levantó en las veletas. Los sables cortan las brisas que los cascos atropellan. Por las calles de penumbra huyen las gitanas viejas con los caballos dormidos y las orzas de monedas. Por las calles empinadas suben las capas siniestras, dejando atrás fugaces remolinos de tijeras.
En el portal de Belén los gitanos se congregan. San José, lleno de heridas, amortaja a una doncella. Tercos fusiles agudos por toda la noche suenan. La Virgen cura a los niños con salivilla de estrella. Pero la Guardia Civil avanza sembrando hogueras, donde joven y desnuda la imaginación se quema. Rosa la de los Camborios, gime sentada en su puerta con sus dos pechos cortados puestos en una bandeja. Y otras muchachas corrían perseguidas por sus trenzas, en un aire donde estallan rosas de pólvora negra. Cuando todos los tejados eran surcos en la sierra, el alba meció sus hombros en largo perfil de piedra.
¡Oh ciudad de los gitanos! La Guardia Civil se aleja por un túnel de silencio mientras las llamas te cercan.
¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te vio y no te recuerda? Que te busquen en mi frente. Juego de luna y arena.
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