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Sangre cartagenera en el título de la selección Colombia en el Suramericano de fútbol Sub 17

Por: Francisco Figueroa Turcios

Cartagena, durante los años setenta, el sonido dominante no era un balón de fútbol inflando la red, sino el seco crujir del bate contra la pelota de béisbol.

El béisbol dictaba las reglas del juego social, y los sueños infantiles se bordaban con nombres como Abel Leal, Humberto Bayuelo, Luis Bartolo Gaviria y los inolvidables “ñatos”: Orlando Ramírez y Orlando Velásquez. Ellos eran faros en la capital de Bolívar donde el diamante brillaba más que cualquier cancha.

Pero toda tradición, incluso la más arraigada, encuentra su grieta. Y en Cartagena esa fisura tuvo nombre propio: Jaime Morón. Con sus goles —primero en Millonarios  y luego con la camiseta de la Selección Colombia— empezó a escribir una historia distinta.

La historia de Jaime Morón con Millonarios se escribe con tinta de los años setenta, cuando el fútbol colombiano todavía tenía aroma de potrero, talento puro y tribunas que latían como un solo corazón: fue campeón dos veces 1972 y 1978.

El éxito de Jaime Morón, fue la primera señal de que el balón también podía rodar con acento cartagenero, que el fútbol no era un visitante pasajero sino una semilla lista para crecer.

Luego de Jaime Morón, aparecieron en el concierto futbolero: Wilmer Cabrera, Elson Becerra, Orlando Berrío, Jorge Carrascal, Wilmar Barrios, Roger Martínez,, Juan Pablo Pino, Rafael Pérez , Jean Pineda , Marcelino Carreazo y Luis Caraballo entre otros.

Desde entonces, Cartagena fue cambiando su paisaje deportivo. Las esquinas dejaron de ser solo improvisados diamantes y comenzaron a poblarse de arcos hechos con piedras, de partidos al atardecer, de niños que ya no solo soñaban con el swing perfecto, sino con la gambeta imposible. La capital de Bolívar empezó a hablar en dos lenguajes: el del béisbol que resistía con orgullo y el del fútbol que avanzaba con hambre.

Detrás de cada nombre hay una historia que empieza en canchas de polvo, en barrios donde el balón rueda como única promesa. Cartagena, que alguna vez fue bastión del béisbol, hoy se reconoce también en los botines gastados de sus hijos futbolistas.Ese tránsito silencioso encontró una confirmación luminosa en el presente.

En el reciente título del Campeonato Sudamericano Sub-17 conquistado por la Selección Colombia , tres nombres nacidos bajo el sol cartagenero irrumpen como símbolo de una transformación: José Escorcia, Miguel Ágamez y Eider Carrillo. Ellos no solo representan talento; encarnan el resultado de décadas de cambio cultural, de canchas ganadas al olvido, de sueños que encontraron otra forma de volar.

En el mapa invisible del fútbol colombiano, hay coordenadas que no aparecen en los libros tácticos ni en los pizarrones de los entrenadores. Son calles polvorientas, esquinas de barrios humildes y canchas de tierra donde la pelota rebota con más sueños que aire. Desde allí partieron tres nombres que hoy resuenan con fuerza en la historia reciente de la selección Colombia Sub 17: José Escorcia, Eider Carrillo y Miguel Ángel Agámez.

En el barrio Nelson Mandela, en la capital de Bolívar, donde la resiliencia se volvió costumbre, creció José Escorcia persiguiendo un balón como quien persigue un destino inevitable. En La Candelaria, Eider Carrillo aprendió que defender también es resistir, que cada quite puede ser una forma de dignidad. Y en la urbanización La India, Miguel Àngel Agámez fue moldeando su talento entre calles estrechas, donde cada jugada era una declaración de esperanza. Un dato no menor Barranquilla y Santa Marta, dejaron ser potencia futbolera y un fiel reflejo en la titularidad de la selección Colombia Sub 17.

Tuvieron que pasar 33 años para que el grito contenido en las gargantas del país volviera a estallar. Desde aquel recuerdo lejano de gloria prejuvenil, el fútbol colombiano cargó una espera larga, densa, casi silenciosa, hasta que una nueva generación irrumpió con desparpajo y hambre de historia en el escenario del Sudamericano Sub-17.

Y en el corazón de esa conquista, latiendo con fuerza de los barrios humildes barrio de la Capital de Bolívar , aparecieron tres nombres con acento cartagenero: José Escorcia, Miguel Ángel Àgamez y Eider Carrillo.

José Escorcia, con el olfato del goleador que no perdona, convirtió cada balón en una promesa cumplida, hasta coronarse como referencia ofensiva del torneo. Miguel Àngel Àgamez, en la final, firmó con autoridad dos goles que no solo rompieron el partido, sino que empujaron a Colombia hacia un título largamente anhelado. Y Eiier Carrillo, con la cinta de capitán como símbolo de carácter, fue el equilibrio, la voz firme en medio de la tormenta y la brújula emocional de un equipo que nunca dejó de creer.

José Escorcia: Botín de Oro

Foto: José Escocia y Ramón Jesurùn

Josè Escorcia no fue un actor secundario en la consagración de la Selección Colombia Sub-17. Fue brújula y destino. Sus cuatro goles no solo empujaron a la selecciòn hacia el título —el segundo en la historia, tras 33 años de espera—, sino que también lo elevaron al sitial de máximo artillero del torneo, dueño del botín de oro, ese trofeo que distingue a quienes convierten el arco rival en territorio propio.

Ser goleador del campeonato Sub 17, una distinción que no solo refleja cifras, sino carácter. José Escorcia convirtió cada oportunidad en una declaración de ambición, como si supiera que el gol también es una forma de memoria.

José Escorcia se inició en el fútbol de Bolívar en el club Unión Real, y luego pasó por Academia de Crespo. Muy joven se fue al fútbol antioqueño a jugar con el Atlético Nacional, pasando a representar a ese departamento en los Torneos Difútbol.

Las principales características futboleras se destacan: habilidad para desequilibrar y eludir rivales. Capacidad para jugar en ambas bandas: Debido a su habilidad con la pierna derecha, puede desempeñarse como extremo por ambas bandas. Habilidad para marcar goles: Ha demostrado ser un goleador efectivo, como se vio en el Sudamericano Sub-17 donde anotó 4 goles y sumó 2 asistencias.

El debut de José Escorcia con la Selección Colombia sub-16 fue en febrero de 2025 bajo la dirección del “Chamo” Serna. Participó en prestigiosos torneos internacionales y se destacó en el Mundial de Qatar 2025, donde jugó cuatro partidos.

Miguel Ágamez, goles que definió un título

En el partido de Colombia frente a Argentina, en la definición del título Suramericano Sub 17, cuando el margen de error desaparece, Miguel Ágamez apareció con dos golpes certeros. Dos goles que no solo inflaron la red, sino que inclinaron la historia. Fue el hombre de la tarde decisiva, el que entendió que hay partidos que no se juegan: se conquistan.

Miguel Àngel Agámez juega como mediocentro, una posición que exige más que talento: pide lectura, pausa y carácter. Llegada al área y gol: no es un volante estático. Inteligencia táctica: interpreta los tiempos del partido; sabe cuándo acelerar y cuándo enfriar el juego. Versatilidad: puede cumplir funciones de contención, pero también de enlace ofensivo, rompiendo líneas y Personalidad competitiva: responde en escenarios grandes; no se esconde en partidos decisivos.

mediocampista canterano  Talentos Cartageneros de allí paso a jugar Barraquilla FC, con dos partidos en primera división con Junior, el año anterior. Juega por el costado izquierdo y su físico le asegura tener dinámica para sacar al equipo desde atrás y llegar al área con peligro

Eider Carrillo: el capitán del pulso firme

Y en medio de la intensidad, Eider Carrillo sostuvo el equilibrio. en la Selección Colombia. Capitán de campo, voz silenciosa en medio del ruido, guía cuando el equipo necesitaba orden y temple. Su liderazgo no se midió en estadísticas, sino en la forma en que Colombia nunca perdió el rumbo.

Eider Carrillo, un jugador versátil y habilidoso que puede desempeñarse en varias posiciones en el campo. Su capacidad para controlar el ritmo del juego y tomar decisiones acertadas lo convierten en un jugador valioso para su equipo Algunas de sus habilidades especiales incluyen: Excelente control del balón con el primer toque, buena capacidad para distribuir el balón, habilidad para realizar cruces precisos, gran capacidad para acelerar y cambiar de ritmo.

Así, entre goles, carácter y liderazgo, estos tres cartageneros se convirtieron en piezas esenciales de un logro que tardó décadas en repetirse. El segundo título en la historia del Suramericano Sub-17 no solo habla de una generación talentosa, sino de una ciudad que empieza a contar su historia en otro idioma: el del fútbol. Eider se formó en la cantera de Expreso Rojo, desempeña como volante de marca y pertenece a Independiente Medellín.

Y así, entre gambetas y sueños, Cartagena sigue escribiendo su propio partido: uno donde cada jugador que emerge no solo busca un gol, sino también un lugar en la memoria colectiva de un pueblo que aprendió a resistir… el béisbol dejó ser la prioridad de los jóvenes para jugar fútbol para vencer la pobreza.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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