Por: Francisco Figueroa Turcios
Cartagena, durante los años setenta, el sonido dominante no era el del cuero golpeando el césped, sino el seco crujir del bate contra la pelota.
El béisbol dictaba las reglas del juego social, y los sueños infantiles se bordaban con nombres como Abel Leal, Humberto Bayuelo, Luis Bartolo Gaviria y los inolvidables “ñatos”: Orlando Ramírez y Orlando Velásquez. Ellos eran faros en la capital de Bolívar donde el diamante brillaba más que cualquier cancha.
Pero toda tradición, incluso la más arraigada, encuentra su grieta. Y en Cartagena esa fisura tuvo nombre propio: Jaime Morón. Con sus goles —primero en Millonarios y luego con la camiseta de la Selección Colombia— empezó a escribir una historia distinta. Fue la primera señal de que el balón también podía rodar con acento cartagenero, que el fútbol no era un visitante pasajero sino una semilla lista para crecer.
Luego de Jaime Morón, aparecieron en el concierto futbolero: Wilmer Cabrera, Elson Becerra, Orlando Berrío, Jorge Carrascal, Wilmar Barrios, Roger Martínez,, Juan Pablo Pino, Rafael Pérez , Jean Pineda , Marcelino Carreazo y Luis Caraballo entre otros.
Desde entonces, Cartagena fue cambiando su paisaje deportivo. Las esquinas dejaron de ser solo improvisados diamantes y comenzaron a poblarse de arcos hechos con piedras, de partidos al atardecer, de niños que ya no solo soñaban con el swing perfecto, sino con la gambeta imposible. La capital de Bolívar empezó a hablar en dos lenguajes: el del béisbol que resistía con orgullo y el del fútbol que avanzaba con hambre.
Detrás de cada nombre hay una historia que empieza en canchas de polvo, en barrios donde el balón rueda como única promesa. Cartagena, que alguna vez fue bastión del béisbol, hoy se reconoce también en los botines gastados de sus hijos futbolistas.Ese tránsito silencioso encontró una confirmación luminosa en el presente.
En el reciente título del Campeonato Sudamericano Sub-17 conquistado por la Selección Colombia , tres nombres nacidos bajo el sol cartagenero irrumpen como símbolo de una transformación: José Escorcia, Miguel Ágamez y Eider Carrillo. Ellos no solo representan talento; encarnan el resultado de décadas de cambio cultural, de canchas ganadas al olvido, de sueños que encontraron otra forma de volar.
La historia de José Escorcia, Miguel Ágamez y Eider Carillo arrancaron de manera similar, en tres barrios populares de Cartagena, en donde en calles destapadas y polvorientas iniciaron su camino en el fútbol. José Escorcia en Nelson Mandela, Eider Carrillo, La Candelaria y Miguel Ágamez, Urbanización La India. Un dato no menor Barranquilla y Santa Marta, dejaron ser potencia futbolera y un fiel reflejo en la titularidad de la selección Colombia Sub 17.
José Escorcia: Botín de Oro
Foto: José Escocia y Ramón Jesurùn
Josè Escorcia no fue un actor secundario en la consagración de la Selección Colombia Sub-17. Fue brújula y destino. Sus cuatro goles no solo empujaron a la selecciòn hacia el título —el segundo en la historia, tras 33 años de espera—, sino que también lo elevaron al sitial de máximo artillero del torneo, dueño del botín de oro, ese trofeo que distingue a quienes convierten el arco rival en territorio propio.
Ser goleador del campeonato Sub 17, una distinción que no solo refleja cifras, sino carácter. José Escorcia convirtió cada oportunidad en una declaración de ambición, como si supiera que el gol también es una forma de memoria.
José se formó en Unión Real y Academia de Crespo. En 2023 fue captado por el cazatalentos Camilo Pérez para 𝐀𝐭𝐥é𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥, donde hoy brilla en las fuerzas básicas.
Miguel Ágamez goles que definió un título
En el partido de Colombia frente a Argentina, en la definición del título Suramericano Sub 17, cuando el margen de error desaparece, Miguel Ágamez apareció con dos golpes certeros. Dos goles que no solo inflaron la red, sino que inclinaron la historia. Fue el hombre de la tarde decisiva, el que entendió que hay partidos que no se juegan: se conquistan.
mediocampista canterano Talentos Cartageneros de allí paso a jugar Barraquilla FC, con dos partidos en primera división con Junior, el año anterior. Juega por el costado izquierdo y su físico le asegura tener dinámica para sacar al equipo desde atrás y llegar al área con peligro
Eider Carrillo: el capitán del pulso firme
Y en medio de la intensidad, Eider Carrillo sostuvo el equilibrio. en la Selección Colombia. Capitán de campo, voz silenciosa en medio del ruido, guía cuando el equipo necesitaba orden y temple. Su liderazgo no se midió en estadísticas, sino en la forma en que Colombia nunca perdió el rumbo.
Así, entre goles, carácter y liderazgo, estos tres cartageneros se convirtieron en piezas esenciales de un logro que tardó décadas en repetirse. El segundo título en la historia del Suramericano Sub-17 no solo habla de una generación talentosa, sino de una ciudad que empieza a contar su historia en otro idioma: el del fútbol. Eider se formó en la cantera de Expreso Rojo, desempeña como volante de marca y pertenece a Independiente Medellín.
Y así, entre gambetas y sueños, Cartagena sigue escribiendo su propio partido: uno donde cada jugador que emerge no solo busca un gol, sino también un lugar en la memoria colectiva de un pueblo que aprendió a resistir… el béisbol dejó ser la prioridad de los jóvenes para jugar fútbol para vencer la pobreza.
