Al hacer esta pregunta a varias personas encontramos tal variedad de respuestas que al final lo que resulta es una gran confusión sobre el concepto.
Por Sergio Montoya
La confusión sobre el fitness no solo se observa en la población general que procura cuidar su cuerpo y se interesa por el tema, sino también en personas asociadas a los medios de comunicación (algunos de ellos líderes en redes sociales) e, incluso, en profesionales y estudiantes del entrenamiento, la educación física y la nutrición.
Hay quienes utilizan connotaciones ya estandarizadas de la palabra fitness (a veces solo «fit»), por ejemplo para referirse a las competencias donde se evalúa volumen, definición y simetría muscular. Pero en nuestro medio abundan más los usos disímiles e informales. Ejemplos de ello son el que se refiere a un método muy «señoritero» de entrenarse, o el que busca resaltar menús que supuestamente ayudan a adelgazar.
Y es que es precisamente eso: Por años nos han inculcado la idea de que el fitness se mide por las tallas y las calorías. Visto de otro modo, por lo que se ve en el espejo o los que nos dice una máquina.
Sin embargo, fitness no es un estado de belleza, sino de salud. Es una medida de lo que ocurre con nuestra fisiología, nuestra bioquímica y nuestra biomecánica. Y lo mejor es que no es un estado inalcanzable al que solo algunos obsesionados o privilegiados genéticamente pueden llegar, sino que está al alcance de todo aquel que realmente lo quiere.
En tal sentido nutrición y movimiento son inseparables. Basta con revisar los parámetros con los que hoy en día medimos la diferencia ente enfermedad (sickness) y bienestar (wellness), y aplicarlos a un individuo con costumbres sanas de alimentación y entrenamiento físico para concluir que al hablar de fitness nos referimos a un estado supremo de bienestar, y por lo tanto, de salud.
Es claro que a partir de aquí se abre la puerta a una nueva discusión cuya finalidad sería definir a qué llamamos nutrición y ejercicio sanos, pero eso es motivo de un futuro registro de esta columna.
Les adelanto que mi opinión es que resulta impreciso medir el fitness únicamente en términos de las calorías de una dieta, de la capacidad de trotar o pedalear mucha distancia, o de mover grandes cargas. Inclusive me atrevería a cuestionar ¿de qué me sirve destacar en estos últimos dos ítems si lo logro con una técnica incorrecta que deteriora lentamente mis articulaciones? ¿De qué sirve regir nuestra alimentación por una dieta para estar delgado y vernos bien por fuera, si en realidad nos estamos haciendo daño por dentro?
El movimiento del cuerpo humano se expresa de muchas más maneras que solo la fuerza bruta o la capacidad cardio-respiratoria. Otras habilidades. ¿Acaso la potencia, la coordinación, flexibilidad, la agilidad, la velocidad, la resistencia muscular, el balance y la precisión no son importantes para el cuerpo? ¿Acaso los atletas sobresalientes en esas destrezas no disfrutan de un buen fitness?
A decir verdad, entre más lo pienso más se me parece este segundo grupo a las habilidades de las que echamos mano más comúnmente en nuestro día a día. E incluso en las actividades específicas de cada uno, como los deportes que practicamos a manera de afición.
Está claro que la fuerza, no vista como hipertrofia muscular (volumen) sino como capacidad de contracción en presencia de grandes cargas, y “el cardio”, entendido como la habilidad de encender los distintos sistemas energéticos del cuerpo, constituyen la base sobre la cual construimos el rendimiento físico de cualquier deportista. Esto es vital e irremplazable. Sin embargo sería una versión incompleta de nuestro potencial de movimiento si nos quedamos solo en esas dos expresiones.
Mejor dicho: ¿por qué ser muy bueno en una sola cosa cuando puedo sobresalir en todas? La vida nos presenta retos físicos más continuamente de lo que nuestra costumbre nos permite identificar, y estos ocurren fuera de las paredes de los gimnasios. La búsqueda ideal es la de un fitness tan integral que nos prepare para cualquier eventualidad, para lo que más comúnmente ocurre en el día a día, pero mejor aún, para lo que ni siquiera sabemos que va a ocurrir.
El fitness es un estado de salud. Un estilo de vida. Es comprender que lo que se observa al espejo es una muy agradable consecuencia, más no el objetivo.
@sermon2525













