Reflexión

La Pascua de Caled David Torres Puello

El pasado domingo, día en que anunciamos la pasión de Jesús e iniciábamos la Semana Santa, nos sorprendió a todos la muerte del joven sacerdote, el padre Caled David, promesa y esperanza del presbiterio de Cartagena.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo

Padre Rafael Castillo Torres

Creo que su pascua, que es la resurrección de Cristo, ha de despertar en nosotros no solo la esperanza en una vida eterna más allá de la muerte, sino que ha de ser, también, un estímulo decisivo para impulsar la vida ahora mismo aquí en la tierra. La Iglesia siempre ha enseñado que la luz con que Cristo resucitado se aparece a los discípulos no fue considerada como resplandor de la mañana de la eternidad, sino como luz del primer día de la nueva creación. La Pascua no es sólo anuncio de vida eterna. Es también vivificación de nuestra condición.

Creer en la resurrección, que hoy celebramos, es mucho más que nuestra adhesión a un dogma. De la fe en el resucitado nace necesariamente un amor nuevo a la vida. Se reafirma la vida a pesar de los males, las injusticias, los sufrimientos y la misma muerte. Es asumir una lucha apasionada contra todo lo que puede ahogarla, estropearla o destruirla.

Seguramente este amor a vivir, que llenó de sentido la vida y las opciones del padre Caled David, nos han de ayudar a recordarlo sin dolor y a liberarnos de nuestros miedos. Dios nos quiere llenos de vida. Esta convicción pascual nos conduce a luchar contra la resignación y la pasividad, nos invita a orientar nuestra libertad hacia todo lo que es vida y nos permite desplegar todas esas posibilidades que Dios ha sembrado en cada ser humano.

Caled David

Padre Caled David Torres Puello

Este sí total a la vida es una de las primeras experiencias del Espíritu del Resucitado al que llamamos fuente de vida. Fuente en la que Caled David bebió y se inspiró. Quien vive de él no se acostumbra a la muerte, no se hace insensible a las víctimas, no se entumece ante los que sufren. Decir sí a la vida es decir no a la violencia y la destrucción, no a la miseria y al hambre, no a lo que mata y envilece.

Este amor a la vida genera una vitalidad que para nosotros no es otra cosa que el coraje de existir sabiendo que Dios ama la vida, quiere la vida y tiene poder para resucitarla cuando queda destruida por la muerte. Caled sigue vivo en todos los que dan esperanza.

Recordemos uno de los primeros discursos del apóstol san Pedro en el que llama a Jesús Resucitado, el autor de la vida (Hechos 3, 15). Es una expresión de hondo contenido, porque realmente Cristo resucitado es el que engendra en nosotros verdadera vida.

Qué bueno recordar esta expresión, en esta mañana de la Resurrección, celebrando la vida con fe y esperanza.

 

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