Opinión

La otra cara del carnaval

El carnaval hoy tiene otra cara no muy conocida, o tal vez sí, es aquella a la cual no se le da tanta relevancia.

Por: Eliana Moreno Santiago*

Para estos días Barranquilla está revolucionada. Las cuadras están llenas de colores, música, adornos, baile y desafortunadamente, de basura y deudas. La gente debe estar consciente que esta fiesta tan importante y tan vista mundialmente debe ser digna de ejemplo pero… no es así.

Hasta donde la tradición y la Unesco dice, el Carnaval de Barranquilla es un Patrimonio cultural, es decir que esta fiesta es una herencia que traemos del pasado y que debe ser transmitido a las generaciones futuras. También la tradición y el calendario dice que esta celebración está conformada por los pre y los cuatro días de carnavales. Sin embargo, al carnaval se le ha sumado un quinto día y dos desfiles más, o mejor dicho ya Barranquilla tiene un post-carnaval.

El post-carnaval tiene lugar el miércoles de ceniza y sus atractivos principales son dos: el desfile para ir a la iglesia a ponerse la cruz de ceniza y el desfile para las compraventas. El primero, es un desfile que los carnavaleros usan como el “peque y empate”, no es que carnavalear sea un pecado, pero después de todas las borracheras y bailes, buscar a Dios no es lo más contextualizado. Esto también es porque las personas viven su fe diferente, y es respetable. El segundo desfile, se da por el afán de buscar el dinero gastado durante la fiesta, porque para el infortunio de algunos, justo después que esta se acaba, llega la temporada escolar.

No siendo poco los desfiles, se suman las calles sucias, llenas de basura por todos lados. Qué decir de la publicidad que se reparte, los populares abanicos de mano, los sombreros de cartón, los mecatos y bolsas que quedan “embelleciendo” la ciudad. Ni hablar de los trancones por las vías protagónicas de la fiesta, las resacas de la gente, la mala cara porque se les acabó la rumba, el trabajo acumulado y el afán porque pronto llegue el otro año para seguir en las mismas.

Amigo carnavalero, gozar el carnaval está bien. Bailar, compartir, reír y descansar está excelente. Pero hay que ser más responsables con la ciudad, las finanzas, la fe y todo lo que se descuida por un ratito de placer.

*Estudiante de Periodismo

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