La recordada expresión «Entre la rubia y la morena», inmortalizada por el periodista Marcos Pérez Caicedo, inspira esta reflexión sobre la importancia de aceptar los resultados electorales y fortalecer la cultura democrática en Colombia.
Por Wilber Fábregas Molina
Es delicada la situación que está viviendo Colombia por la no aceptación por parte de la oposición de que estamos a las puertas del inicio de un nuevo gobierno del orden nacional.
Esto sucede luego del desarrollo de las pasadas elecciones en segunda vuelta, celebradas el 21 de junio, dando como ganador, legalmente oficializado, a Abelardo Gabriel De La Espriella Otero. El entorpecimiento de la labor de empalme que debe realizarse entre el gobierno saliente y el entrante, me ha inspirado en recordar al connotado radioperiodista Marcos Pérez Caicedo, quien para esclarecer una problemática interesante recurría a uno de sus célebres dichos, que lo enaltecieron en el curso de su carrera: «Entre la rubia y la morena», refiriéndose con ello a que no ha sido fácil el momento ocurrido.
Le aplico a este trabajo periodístico la palabra Colombia porque en verdad estamos frente a un atento y preocupante escenario y lo he intitulado «Colombia, entre la rubia y la morena».
La insistencia de los opositores en no reconocer al recién electo presidente, como es de público conocimiento, y no aceptar la decisión no solo en las urnas de un pueblo, sino la validez que le otorgan al resultado las autoridades colombianas en esta materia, ha ocasionado una incertidumbre.
El viejo Marcos Pérez Caicedo, al ver la incertidumbre de quienes no aceptan los acontecimientos y el cambio que se ha dado para Colombia, diría y ratificaría este hecho afirmando que «Colombia se encuentra entre la rubia y la morena», para quienes no quieren aceptar la decisión tomada por el pueblo y ratificada por el Consejo Nacional Electoral sobre la validez de un resultado que da ganador a quien está conformando su equipo de gobierno, al insistir en una actitud absurda y negativa por parte de quienes no lograron sus propósitos.
Marcos Pérez, estamos seguros, a voz llena y desde los titulares de su Radio Periódico Informando, aplicaría otro de sus múltiples dichos primangosos. Sacaría a relucir una de sus célebres expresiones:
«A esto se lo llevó Pindanga».
A mí me recuerda una frase de uno de mis profesores universitarios: «Alea jacta est», indicando con ello que la suerte está echada y que hubo un resultado que debe aceptarse en un país democrático como el nuestro.
Si nos une una selección de fútbol integrada por compatriotas nacidos en diferentes regiones para representar el nombre de Colombia, ¿por qué no aceptar también el resultado de unas elecciones presidenciales que cuentan con el reconocimiento institucional para iniciar un nuevo gobierno?
La democracia exige aceptar los resultados, incluso cuando no favorecen nuestras preferencias.
Quizá hoy, más que nunca, vuelva a cobrar vigencia aquella expresión inmortal de Marcos Pérez Caicedo:
Colombia sigue entre la rubia y la morena.











