CrónicasLiteratura

La memoria viva del Grupo de Barranquilla: Luis Armando Forero Gámez

Por Rafael Sarmiento Coley

En un décimo piso de un conjunto residencial en la ciudad, la historia se mantiene viva en la voz de un hombre que, a sus años, ha perdido la movilidad, pero no la lucidez. Es Luis Armando Forero Gámez, el último sobreviviente del Grupo de Barranquilla. Su hija Edith lo acompaña día a día y confirma, con una sonrisa, que su abuelo “está pendiente de todo, pregunta por el mundo, tiene buen apetito y un humor envidiable”.

Pero más allá de su vida tranquila, guarda en su memoria un archivo invaluable: los recuerdos de aquellos días en que conoció a los muchachos que se reunían en La Cueva, el legendario bar barranquillero que fue refugio de artistas, escritores y músicos.

“Yo conocí a todos esos muchachos que se reunían en La Cueva a hablar paja y mamar gallo —recuerda con precisión—. El que más gritaba era el Cabellón Cepeda (Álvaro). Alfonso (Fuenmayor), era más bien callado. Otro gritón y echador de cuentos era Juancho Jinete”.

Las tertulias, dice, no eran siempre de los mismos. A veces aparecían otros amigos, como el compositor Rafael Escalona, Germán Vargas o Juan B. Fernández Renowitzky, compañero de estudios de Gabriel García Márquez recién llegado de Aracataca. Aquellas conversaciones, entre humo, risas y discusiones, sembraron las raíces de lo que después se conocería como el Grupo de Barranquilla, epicentro cultural de la Costa Caribe en la mitad del siglo

En su apartamento, el hombre conserva una pequeña biblioteca donde reposan libros de varios de esos viejos amigos. De García Márquez tiene un rincón especial, pero de quien habla con más afecto es de Álvaro Cepeda Samudio. “El Cabellón era muy bromista, nos hacía reír a todos”, dice, mientras su memoria lo transporta de vuelta a esa mesa en La Cueva, donde la literatura y la bohemia se entrelazaban con la amistad.

Hoy, sus recuerdos sobreviven entre páginas y anécdotas. Para Edith, su nieta, su abuelo no solo es un testigo de la historia cultural de Barranquilla, sino una voz que la mantiene viva en cada relato.

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