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La celebración del periodista

Muy pocos barranquilleros saben que uno de los mejores cronistas de habla hispana en la actualidad, Alberto Salcedo Ramos, es hijo de esta tierra.

Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor General      Fotografía: Jorge Andrés Ramíres

Será porque ejercer ese oficio es un acto de vida o muerte, o porque al hacerlo nada garantiza que habrá comida en la nevera, el caso es que los periodistas en Colombia celebran su día dos veces al año.

Durante mucho tiempo solo lo hicieron cada 9 de febrero, en conmemoración a esa fecha de 1791 cuando comenzó a circular el semanario «Papel Periódico de Santafé de Bogotá», primer medio impreso en la historia del país. Pero siglos más tarde, varios de los mismos colegas denigraron de esa conmemoración. Uno de ellos, nacido en Barranquilla, más travieso que Daniel el de las tiras cómicas, llegó a ser congresista y se le metió entre ceja y ceja cambiar la fecha del Día del Periodista, para cambiar los honores del cubano Manuel Del Socorro Rodríguez, fundador del Papel Periódico e intelectual al servicio de los españoles, por el de un colombiano, Antonio Nariño, quien el 4 de Agosto de 1793 inició el trabajo clandestino de la difusión de la Declaración de los derechos universal del hombre.

Antonio Nariño.

Antonio Nariño.

Y lo logró. La ley 918 de 2004 declaró que en adelante el Día del Periodista y Comunicador sería el 4 de agosto.  Así que esta semana los periodistas celebraron su día, por segunda vez en el año.

Además de los almuerzos y las misas, que se agradecen, y de los mensajes digitales que enviaron las empresas, en Barranquilla hubo una manera muy loable de celebrar y de dejar algo perdurable para los colegas. La idea y ejecución fue de los directivos de Coopercom. Ellos se acordaron que de Barranquilla es nada más y nada menos que Alberto Salcedo Ramos, profesor de crónicas de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, y considerado uno de los mejores cronistas de Hispanoamérica.

Alberto Salcedo Ramos.

Alberto Salcedo Ramos.

Alberto Salcedo se la pasa viajando por el mundo, persiguiendo a los personajes de sus historias, presentando sus libros o dirigiendo talleres de periodismo. Por eso viene muy de vez en cuando a Barranquilla. Pero apenas recibió la invitación de Coopercom no dudó en venir a compartir su experiencia con los colegas de su tierra. «Lo hago encantado y traigo cuatro ejemplares de mis libros para compartirlos», dijo el sábado pasado durante el taller que dirigió sobre periodismo. Lucía una camisa manga corta azul claro, estampada con figuritas de muelas blancas.

Alberto Salcedo con hermosas colegas barranquilleras.

Alberto Salcedo con hermosas colegas barranquilleras.

No de cangrejo, sino de las que suelen dar los buenos amigos cuando se encuentran a echar cháchara y tomarse unas frías en cualquier esquina de Barranquilla. A diferencia de las chaquetas con las que se le ve en las imágenes de sus talleres en Bogotá y otros países. Se notaba que estaba en ‘la arenosa’ y que aquí estaba a sus anchas, como el sancocho de dientes de su camisa.

Apuntes del taller con Alberto Salcedo Ramos

Alberto Salcedo Ramos contó los detalles de esta vida y de la otra (osea de la privada y de la pública) de su trasegar periodístico, y contó lo que pudo sobre los personajes a los que ha perseguido como a gallinas en monte para escribir las crónicas por las que ha merecido tantos premios. Eso sí, de la otra vida de los personajes, de la privada, se limitó a decir que de eso nada contaba porque «yo respeto a mis personajes como me respeto a mí y a los lectores».

Lo que sí olvidó contar durante el taller, y que tiene que ver con una de sus más entrañables crónicas, ‘El enfermero de los secuestrados’, es que por ese trabajo no le pagaron un peso. Le pagaron con libros. Ese dato lo reveló estando en Medellín el año pasado, durante los Premios Gabriel García Márquez. El resto, todo lo contó. De cómo se le ocurrió entrevistar al sargento William Pérez Medina, un anónimo soldado que estuvo secuestrado más de una década en poder de las Farc y que no hubiera pasado de ser uno más en la lista sino fuera porque Ingrid Betancourt, a voz en pecho, dijo que a todos agradecía por la Operación Jaque pero a quien de verdad le llevaba gratitud en el alma era a William, porque ese soldado fue su enfermero en la selva, el hombre que le dio con cucharadas la comida cuando ella había decidido dejarse morir de hambre.

Alberto Salcedo Ramos

Alberto Salcedo Ramos

Alberto Salcedo Ramos hizo un recuento de ese trabajo periodístico, revelando cómo duró meses esperando a que bajara la espuma de la Operación Jaque. Y de cómo viajó a La Guajira a conocer a Carmen Medina, la madre de William. Y de cómo esa visita le permitió también conocer a Ruth, la hermana mayor, y las cartas que el sargento les escribió con una belleza poética y gráfica que solo un alma libre podría hacer en un cautiverio selvático. Entre sus viajes y recorridos detrás de William Pérez Medina, el cronista trascendió la noticia y con ello hizo el periodismo que más llega al alma, porque nos permite vernos reflejados más allá de los espectáculos.

Periodistas asistentes al taller.

Periodistas asistentes al taller.

«Alberto -le preguntó un colega durante el taller en Barranquilla-, ¿Cómo hace uno para sobrevivir mientras cubre durante meses una historia?». Y él le contestó: «No todos los días se puede hacer algo perdurable -dice Salcedo-. A veces toca escribir el pie de foto de una noticia, y no se va a poner uno a quejarse de que uno solo escribe lo grande». Más de cien periodistas, de todas las edades y facetas, estuvimos durante cuatro horas escuchando, tomando atenta nota, para que nada del genio y figura que teníamos al frente se escapara. Al final del taller hubo rodeo de fotos con Alberto Salcedo, como los que suceden en un concierto de un rockstar. El taller se convirtió en una verdadera celebración del periodista, del hombre que se vio forzado a levantarse todos los días con el pie derecho para forjar su carrera periodística hacer de este un oficio digno para celebrar todos los días.

Coopercom también brindó un almuerzo. Como epílogo. Gracias a Dios quedamos satisfechos por punta y punta. Porque lo más sabroso de trabajar llenos del estómago es que al hacerlo también nos quede materia gris en el cerebro.

Lachachara.co estuvo en el taller e hizo un cubrimiento vía Twitter para ustedes, nuestros queridos chachareros, en un trabajo estupendo de Melissa Ochoa:

 

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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