A 101 años de su invención. Julio Gerlein Comelín trajo a Barranquilla, 10 años después, los primeros reguladores de tránsito.
Chachareros/Gogle/Clarin/Wikipedia
El famoso buscador doodle recuerda en su página principal la creación de una de las más importantes señales de tráfico. Henry Ford y el auge del automovilismo, entre las causas de su implementación.
Eran los comienzos frenéticos del paso de la economía primitiva de la agricultura, al desarrollo endiablado de la industria en distintos puntos del planeta, en especial en Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Francia.
Por esa época, años 1914, un barranquillero estudiaba en una de las mejores universidades norteamericanas. Julio Gerlein Comelín. De una estatura respetable -1.90- y colorado como un pargo rojo, o un auténtico holandés, de donde eran sus ancestros, más al hablar le brotaba el barranquillero a leguas, con toda la colección de dichos, dimes y diretes y hasta una que otra palabra de grueso calibre.
Cuando terminó sus estudios se vino a su Barranquilla natal y el alcalde de turno, con muy buen tino lo nombró Secretario Municipal de Tránsito. El propio Gerlein Comelín se diseñó sus uniformes y los del personal que prestaría servicios en las calles. Los reguladores.

Los que hace Construseñales hoy son más livianos y cuentan con mayor visibilidad del amarillo, verde y rojo.
Y como lo hace hoy casi 100 años después Lucho Pulido, el propio Julio salía a las calles con un sonoro pito a regular el tránsito. Y en 1925 trajo a Barranquilla los dos primeros semáforos, importados de un fabricante de una de las ciudades más industriales de Estados Unidos.
Gerleín Comelín importó motos, sidecar, carromotos con copiloto y otros cuatro semáforos que fueron colocados en esquinas estratégicas de Barranquilla, claro, en esa época se sufría mucho cuando se quemaba un bombillo o amanecía roto el talco de un semáforo. Había que hacer el trámite de importación porque en esa época el dólar estaba muy controlado por la Dian de entonces.
Hoy, noventa años después, quién lo creyera, Construseñales, la firma concesionaria que maneja todo lo que es el amueblamiento y movilidad urbanas, tiene aquí en Barranquilla su propia fábrica de semáforos, con software que controlan desde una central toda la semaforización electrónica de la ciudad. Y, de contera, se da el lujo de exportar a Estados Unidos todos estos equipos fabricados en Barranquilla.
Un siglo ordenando el tránsito

Don Julio Gerlein Comelín se trajo hasta los modelos de los uniformes para lucirlos en la Barranquilla arenosa de 1925.
Por eso, al sumarnos a la certera conmemoración de Google en su doodle, hacemos una pequeña introducción con la historia de uno de los barranquilleros que se anticipó a ubicar a Barranquilla a la vanguardia de los avances del mundo moderno. Porque, además, desde esos primeros años del siglo pasado, Julio Gerlein Comelín fue miembro principal del Comité Olímpico Internacional (COI) y fue promotor de la creación en Colombia del Comité Olímpico Colombiano (COC) y como tal, logró que Colombia fuera sede de eventos como los Centroamericanos y del Caribe realizados en Barranquilla en 1946, los Panamericanos de Cali y los Centroamericanos y del Caribe de Medellín.

Julio Gerlein Comelín, trajo el primer semáforo, fundó el Comité Olímpico Colombiano (COC) y la Sona Franca de Barranquilla.
Julio Gerlein Comelín, además, fundó la primera zona franca que hubo en Colombia, la de Barranquilla. Y murió en su ley, cuando asistía a una reunión del Comité Olímpico Internacional, en Zurich, Suiza.
Una pequeña introducción para que Google, Clarín y Wikipedia nos cuenten lo que sigue de esta historia:
El semáforo es la señal principal en la convivencia entre vehículos en las hoy atestadas ciudades. Historia centenaria y futuro sin límites del sinónimo del verde, amarillo y rojo.
Verde Amarillo y Rojo
El semáforo es quizás el ordenador del tránsito más importante de todas las señales viales que en el último siglo fueron incorporándose para hacer más sencilla y segura la convivencia entre automovilistas, motociclistas, camioneros y peatones. El agrupamiento de los colores rojo, amarillo y verde son sinónimo de él, y si bien existen varias versiones acerca de su origen, lo cierto es que ya lleva 100 años de existencia.
Para ser realmente justos, hay que decir que un sistema de luces para indicaciones de prioridades de movimientos fue usado por primera vez en la industria ferroviaria. Pero cuando los autos propulsados por motor empezaron a reemplazar a los carros con tracción a sangre, apareció la necesidad de llevar a las calles lo que ya llevaba varias décadas en las vías.
La historia cuenta que el primer semáforo de tráfico fue puesto en Londres, Inglaterra, hacia finales del siglo XIX. Un ingeniero especializado en diseñar sistemas de señalización para la red ferroviaria británica, llamado John Peake Knight, se acercó a la policía metropolitana para proponerles un sistema de luces similar al de los trenes. Era para un lugar determinado, donde ya se usaba un mecanismo mecánico con brazos móviles accionado por un policía.
Después de unos tres años, la propuesta fue aceptada y en 1868 fue instalado en la intersección londinense de Great George y Bridge Street, en la zona del parlamento. Funcionaba con gas y extremadamente bien por lo que aplaudido por todos. Pero poco tiempo después, una pérdida provocó que uno de los operadores resultara quemado por la explosión resultante, y quedó inmediatamente en desuso.
En los Estados Unidos, el segundo lugar donde hubo semáforos, se usó la electricidad como fuente de energía desde el principio. Algunos citan al de la ciudad de Detroit (Michigan) como el primero de todos, pero lo cierto es que hubo uno precedente. Se trata del invento de James Hoge, instalado por primera vez el 5 de agosto de 1914 en Cleveland (Ohio). Consistía de cuatro pares de luces rojas y verdes que servían como indicadores de detención y avance. Cada uno de ellos estaba montado en los postes de cada esquina, y como estaba configurado para evitar conflictos, las órdenes manuales del operador en una cabina eran inequívocas.
Oportuna solución
El sistema colocado en Detroit fue producto de la patente otorgada al oficial de policía William L. Potts, que trabajó en una solución para el creciente tránsito independientemente de lo que se hacía en otra partes del país; hay que tener en cuenta que fue en esa ciudad que comenzó el auge de los automóviles. Este hombre se basó también en el sistema ferroviario, y ya usaba el amarillo o ámbar como intermedio entre el verde y el rojo. También de cuatro vías y el primero con tres colores, fue instalado en 1920 en la esquina de Woodward y la avenida Michigan. En un año ya había 15 señales automáticas en otras partes de la ciudad motor.
Poco a poco el mundo entero empezó a adoptar al semáforo, dada su efectividad para ordenar el tránsito. En todas las décadas posteriores no hubo grandes cambios, más que la incorporación de la flecha para doblar o la posibilidad de solicitar el cambio de luz por parte del peatón a través de un botón. Pero ahora estamos en presencia de una revolución.
El semáforo del futuro tendrá la capacidad de interactuar con los vehículos para hacer más fluido el tránsito. La industria automotriz está desarrollando sistemas para hacer que los autos estén comunicados entre sí. Esa tecnología, que permitirá avisarle un coche a otro sobre su presencia aunque esté a la vuelta de la esquina y fuera del alcance de la vista del conductor, también podrá usarse para entablar comunicación con la infraestructura vial.
Sus usos podrían ser muchos. Por ejemplo, podría ir regulando la velocidad del auto para hacer que llegue justo en el verde. Otra posibilidad sería administrar el encuentro de dos vehículos que se encontrarán en una esquina. Podría hacer que uno acelere un poco y el otro haga lo contrario para que ambos vehículos atraviesen la intersección por turnos. Como se ve, las luces parecen algo de lo que se podría prescindir en los semáforos del futuro, algo que hubiera sido impensado en sus comienzos.
Es que originalmente el sistema ferroviario inglés había adoptado el color blanco como señal de avanzar, el rojo para obligar la detención y el verde como precaución. Pero una vez hubo un accidente que los cambió para siempre. Un lente rojo se había caído, dejando expuesta la lámpara blanca que la iluminaba, por lo que el motorista la confundió con una de señal de avanzar. El choque de trenes que ocurrió inmediatamente después obligó a sacar de servicio al color blanco, pasándose a adoptar el verde como indicación de que es posible seguir la marcha. El color amarillo surgió entonces para pasar a cumplir la función anterior del verde.
Volviendo al siglo XXI, lo bueno es que no habrá posibilidades para una confusión como aquella. Tarde o temprano, el semáforo no estará hecho sólo con luces de colores, es el futuro que nos espera en el tránsito de mañana.
Como suele acostumbrar a los internautas, Google celebra hoy con un doodle el aniversario de la instalación de primer semáforo eléctrico del mundo, que se dio el 5 de agosto de 1914 en Cleveland, Estados Unidos.
Una de las causas que llevaron a implementar esta importante señal vial fue el crecimiento del tráfico urbano, que brotó considerablemente en Estados Unidos después de que Henry Ford lanzó el modelo «T» en 1908 y que comenzó a producir en masa a partir de 1913. El bajo precio de los vehículos y la confianza que generó el producto en la sociedad de ese entonces, fueron los motivos que empujaron su exitosa comercialización.
A diferencia del semáforo actual, Google utiliza en su doodle uno de dos colores: rojo y verde. Allí, se aprecia en la imagen animada que el artefacto vial intenta ordenar el trasitar de seis autos de la década del 20 -del siglo pasado- que van y vienen en ambos sentidos de una calle, donde cada uno lleva una de las letras que forma el nombre del buscador.
El semáforo, que se puso en marcha ocho días después de que en Europa estallase la Primera Guerra Mundial, fue creado por Garret Augustus Morgan y es considerado el primer semáforo moderno de la historia. Contaba con luces rojas y verdes sobre soportes con forma de brazo y un emisor de zumbidos, un sistema que se fue perfeccionando con el paso de los años, incluyendo distintos cambios, como la incorporación de una tercera luz amarilla.
Sin embargo, el primer semáforo de la historia, creación del ingeniero ferroviario John Peake Knight, se instaló en Londres en 1868. El aparato, que era manual y fue ideado en las señales del ferrocarril, tenía dos lámparas de gas de colores rojo y verde.
Este primer intento de regular el tráfico no fue muy práctico porque requería la presencia de una persona que lo haga funcionar. De todas formas, el paso al olvido de esta creación londinense llegó dos meses después de su instalación cuando el semáforo explotó causando la muerte de un policía que se encargaba de manejarlo.
Siete años después del primer semáforo eléctrico, llegaron los de tres luces. Estos fueron instalados en 1920 en Detroit y Nueva York.
Con el tiempo, los semáforos fueron perfeccionándose, hasta lo que hoy se conoce. En 1936 Charles Marshall se encargó de incorporar una señal rotatoria que indicaba el tiempo que restaba para el cambio de estado y en 1961 se instaló un dispositivo lumínico que regulaba el paso de los peatones.
Fechas históricas
Su nombre significa, literalmente, portador de señales. A pesar de que la Historia le atribuye a Ohio el privilegio de haber regulado por primera vez el tráfico con el mecanismo de las luces verdes y rojas, Londres cuenta con un interesante precedente que le costó la vida a un policía
La culpa de la transformación de las vías del mundo en una auténtica jungla tiene un nombre, Henry Ford. Mientras que a finales del siglo XIX las calles vivían en armonía con el paso de algún carruaje y mucho peatón, el empresario americano presumía en 1906, seguro de su capacidad visionaria, de que no solo construiría un coche para el pueblo, sino de que además sería «el automóvil universal». Lo hizo. Dos años más tarde le daba los últimos retoques en fábrica al Ford T. Era septiembre. El 1 de octubre, su motor de cuatro cilindros y 20 caballos lo hacía rodar a una velocidad máxima de 71 kilómetros por hora. En 1913, el icónico automóvil comenzó a producirse en masa. Todo el mundo quería uno. Todo el mundo se hizo con uno. Y, de repente, la calle se convirtió en una jungla de vehículos que circulaban sin ley alguna. El aumento del tráfico, repentino y veloz, suplicaba un orden. Alguien o algo que diese la vez. Así, el 5 de agosto de 1914, solo ocho días después de que en Europa estallase la Primera Guerra Mundial y hace exactamente hoy 101 años, se instaló en Cleveland el primer semaforo eléctrico.
Tal y como relata Wikipedia, el primer semáforo eléctrico gestionaba el tráfico entre la avenida Euclid y la calle 105 Este, contaba con luces rojas y verdes e incorporaba un emisor de zumbidos, como su antecesor inglés. Porque, como suele suceder cuando se intenta establecer la fecha concreta del alumbramiento de algún invento moderno, la polémica sobre el primer puesto está servida. ¿Es realmente el de Ohio el primer semáforo de la Historia? ¿O es solo el primer semáforo eléctrico?
Cuarenta y seis años antes de la instalación de este aparato en tierras estadounidenses, los ingleses ya experimentaban con la dualidad cromática para regular el tráfico. Fue en Londres donde tuvo lugar el primer intento conocido de controlar la circulación a base de luces. La señal estaba ubicada frente al parlamento británico de Westminster y precisaba de la presencia constante de un policía, encargado de organizar los cruces de calles. Lo que ideó su creador,J.P. Knight, un ingeniero experto en balizas de ferrocarriles, fue un semáforo propulsado por gas, con un farol rojo y una luz verde que solamente se veían de noche, y emitía zumbidos. Uno, indicaba que el tráfico debía parar. Dos sonidos, que podía arrancar. La función del agente, abrir y cerrar el paso a través de los haces luminosos.
Un primer semáforo, el de factura inglesa, duró poco. El mecanismo explotó dos meses después de su instalación y el policía encargado de su custodia y funcionamiento falleció. Tras varios e infructuosos intentos por automatizar la señal y una vez que la Ford sembró el asfalto de sus A Bigotes, tal y como bautizaron los argentinos al popular modelo automovilístico, la regulación del tránsito de vehículos -un auténtico caos de accidentes, atropellos y atascos- se convirtió en una necesidad en toda regla. Y entonces llegó Garret Augustus Morgan, inventor de la máscara de gas, paraadueñarse de un sistema de luces nunca patentado, desarrollado por un agente policial estadounidense, pulir su mecanismo, limar sus asperezas y plantarlo en pleno Cleveland en 1914. No fue el primer semáforo de la Historia, pero sí fue el primer semáforo eléctrico.
Mantenía, al igual que el señalizador vial londinense, los dos colores clásicos del semáforo, aún conservados hoy en día, y contaba también con un zumbido que, en lugar de respaldar la indicación luminosa, señalaba el cambio del verde al rojo esta vez. Un primitivo ámbar. En 1920, el incómodo ruido apremiante fue sustituido por una tercera luz de tono anaranjado. Podemos establecer así un tercerprimer semáforo, el que se instaló en Detroit ese mismo año. Ya con tres círculos de luz. Ya como lo conocemos actualmente.
Su siguiente lavado de cara se registra en 1924, fecha de nacimiento de los primeros mecanismos plenamente eléctricos. Es en este escalón evolutivo -sin tener en cuenta el prehistórico invento de la capital británica- cuando el semáforo eléctrico llega a Europa. Berlín puede presumir de contar con el más antiguo del continente, una compleja señalización de cinco caras que tenía como peliaguda misión organizar la emarañada intersección de cinco vías conocida como la Postdamer Platz. Y Madrid con el más vetusto de España, ubicado entre las calles Barquillo y Alcalá.
El desarrollo del primer semáforo eléctrico o portador de señales -si traducimos literalmente su nombre- es cuanto menos curiosa. Buenos Aires es la ciudad con más semáforos; en Alemania se conoce al muñeco verde y rojo como «Ampelmann», un hombrecillo que en el 2008 cambió de sexo en Jaén, convirtiéndose, en una alegato feminista, en una mujer; Palma de Mallorca cuenta con el primero que se acciona mediante un mando a distancia, ideado para personas invidentes; y Argentina con el primero alimentado con energía solar.
Hay lugares en las que los semáforos colocados en grandes instersecciones cuentan incluso con una cuarta luz, blanca o en tonos azules, que se sitúa encima de todo y se enciende sobre la señal en cuestión que está en rojo. Vengas de donde vengas, puedes saber qué semáforos están cerrados y cuáles tienen abierto el paso. En determinados lugares, además, tienen el detalle de acordarse de los daltónicos, identificando cada color con una forma -rojo en un cuadrado, amarillo en un rombo y verde en un círculo- y en la ciudad islandesa de Akureyi las circunferencias son sustituidas por peculiares siluetas de corazón.












