El perdón pedido y el perdón concedido no pueden ser igual a cero. Después de tantos años, sanaron las heridas de estas dos valientes mujeres.
Por:Estela Monterrosa Cabarcas

«Erich Fromm escribió que la dominación completa sobre otro ser humano es la verdadera esencia de la pulsión sádica. El objetivo es transformar a un ser animado en algo inanimado, obtener el absoluto y completo control sobre ese ser. Eso se logra haciéndole perder el componente esencial de la vida: su libertad»: Ingrid Betancourt en el foro Reconciliación, algo más que realismo mágico.
Sus manos juguetean nerviosamente con un crucifijo que lleva en su cuello, los periodistas frente a ella le preguntan, su mirada fija a veces en el suelo, otras en el cielo, nos muestran a otra persona muy diferente a la que conocimos hace 10, 12 años, y que hacía campaña presidencial.
Esta Ingrid de hoy dejó la mitad en la selva, esa mitad impetuosa, arrogante, prepotente, voluntariosa, esa mitad que la hizo ir en ese viaje y que finalizó con su secuestro. Hoy analiza cada palabra a responder, no quiere equivocarse, solo quiere hacer parte de la reconciliación, y del perdón, ella sabe que solo con amor se puede derrotar esa guerra fratricida en que nos hemos estado matando hace 100 años, ella puede hablar con propiedad, de la guerra, de las Farc,de la deshumanización, de torturas, de la muerte; si, ella lo puede hacer junto a los otros compañeros, que como ella estuvieron secuestrados, ellos conocieron el monstruo por dentro, lo enfrentaron y sobrevivieron.
Cómo no respetar sus conceptos, después de haber estado 6 años secuestrada, cómo no respetar la palabra de todos los sobrevivientes de esta guerra, de los secuestros, y de todo el dolor producido por la violencia centenaria que nos envuelve?
Cómo no estremecerse hasta el alma cuando dice: «Internarse en la selva fue entrar a un mundo donde la barbarie era la norma. Un espacio desconocido y agresivo, infestado de bichos zumbadores, agarrándose de la carne como vampiros; de bichos antediluvianos como la anaconda de 9 metros que los guardias decapitaron de un machetazo limpio frente a mí cuando salía de lavarme de un caño y que siguió persiguiéndome en mis pesadillas hasta hoy; o las tarántulas que saltaban despelucadas y rabiosas de entre las botas por las mañanas; y de tantos otros bichos sin nombre, nunca registrados por ninguna botánica, programados para vivir y morir comiendo del otro. Y ese otro éramos nosotros. Pero ni las mahiñas, ni las congas, ni la gran bestia, ni la mata blanca, ni los tigres, ni el pito, ni nada, lograron igualar el daño que nos produjo a todos el corazón deshumanizado del ser humano”.
Esa era la vida allá en el cautiverio, la de Ingrid y todos sus compañeros, Clara Rojas, Sigfredo López, el mayor general (r) Luis Mendieta, Óscar Tulio Lizcano, y las de aquellos que aún permanecen secuestrados.Y ahora ellos son la voz de aquellos cuya voz se quedó en la selva, sus palabras son gritos de esperanza, de poder conformar una Colombia en paz, una Colombia justa para todos, una Colombia grande, como homenaje a todos los que se quedaron sin voz por la violencia y a los que lograron salir y emitir sus palabras como ejemplo de lo que se debe hacer para lograr con éxito un cambio en nuestro país.
Quienes piden la reconciliación
Por eso es injusto, hoy, cuando personas que no han vivido ningún problema de violencia, se dedican a criticar, en vez de aportar a la paz.
Lo dice Ingrid: «Curiosamente en Colombia aquellos que más han sufrido la guerra son los que más piden la reconciliación y lo digo porque se puede evidenciar que muchas veces los más intransigentes para la paz son los que nunca han tenido ningún problema. Yo hablo desde la sobrevivencia como víctima. Cuando uno tiene una llaga que lo está quemando en su interior, la debe curar. Pero cuando uno no es víctima, habla desde un abstracto”.
El cambio
Y es que en la forma de hablar de la ex candidata a la presidencia se ve un cambio, un cambio en sus palabras. «Todos tenemos un camino y creo que la razón de ser humano es el cambio, es la evolución, porque eso es lo que somos. Aprender de nuestros errores, tratar de sintonizarnos con algo mejor y salir de nuestra zona de confort es un reto para todos y nunca se acaba. Tengo además claro que yo no le deseo a nadie lo que me sucedió. No importa el tamaño del odio, el amor por Colombia debe ser mayor.
«No hay nada más fuerte que el perdón para detener la deshumanización. Es por eso que el perdón es algo que se da sin necesidad de que sea solicitado. Es, si se quiere, una estrategia individual de sobrevivencia, para deshacerse de las cadenas del odio y descargarse del peso de la venganza. Pasa primero por mirarse a uno mismo con caridad, para perdonarse por no haber sabido protegerse, por no haber sido el héroe que uno esperaba ser. Pero solicitar ser perdonado es algo espiritualmente superior. Algo mucho más valioso que perdonar porque tiene efectos re-humanizantes tanto sobre el agresor como sobre el agredido. Se abre entonces un espacio para sanar y reaprender a confiar en el otro. Esa etapa es la que llamamos reconciliación. Reconciliación no se conjuga con olvido, no es borrón y cuenta nueva. Es todo lo contrario. Es obligación de hacer memoria, de aprender de nuestro pasado colectivo y de nuestra experiencia individual para convertirlos en sabiduría».
Son estos los conceptos de una víctima, de una persona en procesos de cambio por la experiencia vivida. Y porque Las víctimas finalmente «somos víctimas tanto del agresor como de la sociedad, que nos cuestiona y, al entrar a manejar todas esas situaciones, debemos asumir un compromiso para que esto no le suceda a nadie más. Sin embargo, uno debe entender que la gente no tenga esa misma perspectiva. Tenemos también que pasar a respetarnos el hecho de que se piensa diferente. Nos corresponde a todos ser reflexivos sobre la paz para acabar con esta pesadilla. Creo que tenemos que inclinar la balanza hacia el riesgo de la paz porque la certeza de la guerra es algo que debemos evitar. Cuando hablo del riesgo de la paz lo hablo porque en Colombia no la conocemos y la guerra ha sido nuestro hábitat desde hace muchos años. La paz va a necesitar de un esfuerzo de cada uno de nosotros mucho mayor que el esfuerzo de la guerra».
Sea esta la forma de contribuir nosotros a este proceso en nuestro país, escuchando, analizando, criticando, evaluando, conceptos y propuestas emitidas, por aquellas personas que vivieron la violencia en su máxima expresión, y que sobrevivieron a ella y hoy nos dan ejemplo de reconciliación, sea este también un homenaje a todos aquellos que han sido reparados, van a ser reparados, y hacen parte de ese colectivo golpeado y que son las victimas que ha dejado este conflicto en Colombia.
Algunos declaraciones en esta cháchara son tomadas de una entrevista que hizo el Espectador.












