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Imaginación artística

De Antígona a Macbeth, la imaginación artística ha sido el espejo incómodo de los poderosos y el refugio de lo humano frente a la censura.

Por Jorge Guebely

Si la imaginación artística no sirve para combatir al poder político, entonces no es arte con imaginación. Si tampoco devela el rostro del peor enemigo del ser humano, desde los viejos tiempos de la revolución agrícola cuando creó las clases sociales hasta nuestros días, entonces no es arte con propósito trascendental.

Si no se rebela contra una institución que creó la ignominia de los esclavos en la antigüedad, los siervos de la gleba en el medioevo, los obreros en la modernidad, y está creando los seres humanos irrelevantes en la actual posmodernidad, entonces no es arte con sentido humano. La imaginación artística solo tiene justificación si rescata lo humano del ser humano y lo salva de la muerte en donde la ha confinado el poder.

Lo supo Sófocles y creó Antígona, bello personaje para develar la ruina humana del poderoso Creonte. También Shakespeare quien destapó la podredumbre del poder a través de varias tragedias.

En Macbeth, representó la ambición y tiranía de los poderosos; en El rey Lear, el extravío y caos del poder cuando el poderoso sucumbe a los halagos de peligrosos súbditos; en La tempestad, iluminó el poder ejercido con sabiduría como lo proponía Platón y no por los mediocres de nuestros días. En Hamlet utiliza una escena teatral para desenmascarar al tío quien asesinó a su padre y casó con su madre únicamente para usurparle el poder.

Por temor a la imaginación artística, los reyes ingleses crearon entonces el censor de la corte. Varias obras de Shakespeare fueron mutiladas en sus discursos políticos, suavizadas sus referencias a tiranos, cambiados los nombres de personajes históricos, borradas escenas de rebelión…

Tan pronto subió al trono Jacobo I de Inglaterra, convirtió la compañía de Shakespeare en la oficial del rey. Les cambiaron el nombre, de Lord Chamberlain’s Men pasaron a los King’s Men. Shakespeare se convirtió en dramaturgo de la corte, preferible un súbdito en palacio y no uno en libertad con imaginación artística.

Sin embargo, Shakespeare afinó su imaginación, escribió entonces Macbeth, rey de Escocia, lejos de Inglaterra. Lo representó como el rey poderoso estándar: obsesivo, ególatra, criminal, implacable, cuya tiranía engendró rebeliones. En su locura de poder, empezó a sufrir visiones, paranoia, culpas… Asesinó a posibles rivales, incluido al gran amigo, Banquo. Cualquier coincidencia con nuestros poderosos no es coincidencia, sino lucidez de la imaginación artística de un creador.

“La censura es el miedo del poder a la imaginación”, afirmaba Eduardo Galeano. Normal, diría yo, si el poder político depreda al ser humano mientras la imaginación artística lo protege de la depredación.

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