Si los cambios en el Gabinete son para el posconflicto, no cabe duda que algunas Carteras serán clave para ayudar a quienes vienen de darse plomo en el monte.
Por Rafael Sarmiento Coley
Para Elsa Noguera De la Espriella es una oportunidad de película el Ministerio que el Presidente Santos le dio a manejar, por su sensibilidad social y su paciencia para enfrentar situaciones conflictivas. Y ese Ministerio, tradicionalmente pacífico y bacano, será el que manejará el tremendo ‘chicharrón´de las viviendas para los ‘muchachos’ y ‘muchachas’ que dejen las armas y vengan con sus ‘críos’ a reintegrarse a la sociedad civil. Ni más ni menos.
Porque así lo anunció el Presidente Santos: «Este será el Equipo para el posconflicto». Más claro no canta un gallo. Y buena cosa para Elsa, porque significa que el Presidente tiene una considerable confianza en ella. La conoce. Sabe de lo que es capaz. Desde luego, si le dan las armas para ello. Es decir, los recursos económicos, no las ‘armas’ que dejen los ‘compas’ de las Farc.
Desde luego que tampoco es que ahora todo el chorro de plata de dicha Cartera será para las casas de los futuros exguerrilleros. Algo tiene que quedar para esos miles de colombianos destechados que están en medio del conflicto, o, en el peor de los casos, que han sido víctimas del conflicto. Y en ese aspecto sí que hay tela de dónde cortar. Porque los desplazados a causa de los grupos armados al margen de la ley se cuentan por millares, y son las pobres gentes que deambulan por las calles de Barranquilla y otras ciudades, ya no pidiendo un techo donde pasar la noche, sino tan siquiera un mendrujo de pan para engañar las tripas por unas horas.
Es ahí en donde el Gobierno tiene que ser muy justo y humano. Porque, si bien los compatriotas que dejen las armas para acogerse a un proceso de paz tan anhelado merecen un trato serio y decoroso, no es menos cierto que quienes fueron víctimas de esa guerrilla, de los paramilitares, del narcotráfico y ahora las llamadas bacrim, tienen más derechos a ser protegidos y atendidos por el Estado, porque son víctimas inocentes anteriores al llamado posconflicto. Es decir, tienen un derecho primigenio. Están en el primer puesto de la fila para recibir cualquier beneficio digno de manos estatales.
En todo caso, bien por Elsita Noguera. Con toda seguridad sabrá responder a este nuevo reto, así como lo hizo cuando llegó a una Secretaría de Hacienda descuadernada en la Alcaldía de Barranquilla y puso todo en orden con la ayuda de un excelente equipo encabezado por Carlos Castaño (el bueno). Elsa ha sido elogiada por los más consagrados hacendistas como una de las más respetables mujeres de una inteligencia superior. Por algo Germán Vargas Lleras la tuvo como compañera de fórmula, candidata a la Vicepresidencia, en el debate presidencial de hace ocho años. Luego fue postulada como candidata a la Alcaldía de Barranquilla en reemplazo de Alex Char, uno de sus mentores políticos junto con Vargas Lleras, y realizó una de las tareas más consagradas y destacadas a nivel nacional e internacional.
La Costa pierde

Por lo menos ahí le queda Gina Parody a la Costa. Ella dice que es barranquillera. Y hay que creerle. Lo importante es que desenmascare a los infames rateros de los alimentos escolares. Que al parecer, son cachacos.
Se sabe de sobra que hay Ministerios con chequera, y sin ella. Algunos de esos Ministerios –y no los vamos a mencionar por no faltarles el respeto a sus titulares –son un simple saludo a la bandera, debido a las calenturas del momento en que a cierto Gobierno se le dio por crear una hemorragia de Carteras, por el simple capricho de ver muchas caras nuevas en carros oficiales.
Un Ministerio que solo ha tenido la Costa Caribe una vez en más de 100 años, el de Hacienda. Ese sí que tiene plata. Ese sí que es un Ministerio Peso Pesado. No más es juzgar por el titular actual. Y, en orden descendente, hay otras Carteras con respetables chequeras, como lo son las de Transporte, de donde acaban de quitarle a la Costa Caribe una ficha clave, Natalia Abello Vives, una mujer inteligente, seria, capaz, de buena estirpe. Lástima. Porque lo venía haciendo bien, para orgullo de su padre el exministro y exgobernador Antonio ‘El Pato’ Abello, y también para felicidad de sus hermanos que la adoran, Toñito y Camilo.
Le queda la satisfacción de haberlo hecho bien, tal como lo hizo bien cuando se desempeñó en el Gabinete del Distrito de Barranquilla.
Otro Ministerio con platica, el de Minas y Energía. Lamentable que, en momentos en que ha estado en manos de un costeño, no se haya reflejado en las soluciones de fondo a la crisis energética que se veía venir para la región desde hace años. Ahora en dicha Cartera apetecida está un vallecaucano conservador, Germán Arce, quien viene del Fondo de Adaptación.
Un Ministerio con más relaciones públicas que plata, el de Comercio, Industria y Turismo, que venía ocupando la cienaguera-barranquillera Cecilia-Alvarez Correa y Glen, ha pasado a manos de María Claudia Lacouture. Quien aunque tiene apellido costeño, camina como costeña, le gusta la comida costeña y habla como costeña, piensa y actua como cachaca, pues vive en Bogotá desde chiquita.
Cecilia Álvarez, según sus amigas barranquilleras, que son muchas y le hacen bastante publicidad voz a voz, aspiraba a que Santos, su amigo del alma, la nombrara Ministra de la Presidencia. Es decir, la Superministra. El cargo que tenía Néstor Humberto Martínez Neira, quien renunció al mismo porque fue ternado para aspirar a Fiscal General. Pero Santos confió más en el muy cauto y metódico Rafael Pardo, quien viene del Ministerio del Trabajo. Son los aspectos indescifrables que se tejen en la Casa de Nariño.












