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James Rodrìguez y Juan Guillermo Cuadrado a quemar los últimos cartuchos del fútbol colombiano?

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay algo extraño, casi contradictorio, en el fútbol colombiano de estos tiempos: mientras el calendario avanza y las piernas comienzan a reclamar descanso, las viejas glorias se niegan a abandonar el escenario.

James Rodríguez regresó a Atlético Nacional. Juan Guillermo Cuadrado volvió al fútbol colombiano dispuesto a quemar los últimos cartuchos de una carrera extraordinaria con Millonarios. Y, como si la historia necesitara una vuelta de tuerca todavía más sorprendente, Jackson Martínez, quien hace años le había dicho adiós al fútbol profesional, aparece ahora anunciado con bombos y platillos por el Deportivo Independiente Medellín como el gran refuerzo.

La máquina del tiempo…

El fútbol parece haberse convertido en una máquina del tiempo. Los que un día se fueron a Europa regresan cuando el almanaque comienza a deshojar los últimos años de sus carreras. Los que fueron ídolos en España, Italia, Inglaterra o Francia vuelven a los estadios donde alguna vez fueron vistos como promesas y ahora aparecen como veteranos.

Y la nostalgia se convierte en noticia. James vuelve a Colombia con la aureola de aquel muchacho que hizo del Mundial de Brasil 2014 una obra de arte. Cuadrado regresa después de haber recorrido los grandes escenarios del fútbol italiano y europeo. Jackson intenta volver después de haber cerrado, aparentemente, el libro de su carrera. La pregunta, sin embargo, no debería ser solamente cuánto fútbol les queda.

Hay una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué está pasando con el fútbol colombiano para que jugadores que están en la puerta del retiro todavía puedan regresar y convertirse en protagonistas? Porque una cosa es celebrar el regreso de los ídolos. Otra, muy distinta, es necesitarlos. Y Colombia parece necesitarlos cada vez más.

¿Retroceso…?

Durante años, el sueño de cualquier futbolista colombiano fue marcharse. El campeonato local era una estación de paso. El gran destino estaba en Europa. Primero aparecía el talento en un equipo colombiano. Después llegaba la selección. Luego un empresario, un representante, un cazatalentos o una buena actuación internacional abría la puerta de España, Italia, Inglaterra, Francia o Portugal. Y entonces comenzaba otra historia. James fue al Real Madrid. Juan Guillermo Cuadrado pasó por Italia y terminó vistiendo la camiseta de la Juventus.

Falcao conquistó Europa. Jackson Martínez se convirtió en goleador en Portugal y después llegó al Atlético de Madrid. Carlos Bacca pasó de Barranquilla a Europa y terminó levantando trofeos internacionales. Luis Fernando Muriel recorrió Italia dejando goles y talento. Teófilo Gutiérrez también escribió capítulos importantes en Argentina y otros escenarios. Todos ellos pertenecen a una generación que alguna vez hizo pensar que el fútbol colombiano había encontrado la fórmula para producir futbolistas de talla mundial.

Pero el tiempo no perdona. Las piernas pierden velocidad. Las lesiones aparecen. La recuperación después de cada partido se vuelve más larga. El entrenamiento que antes parecía una rutina comienza a convertirse en una prueba. Y el cuerpo empieza a negociar con aquello que la cabeza todavía quiere hacer. Por eso el regreso de estos futbolistas tiene algo de épico y algo de melancólico. Es el último baile. La última oportunidad. El último intento de demostrar que todavía queda una chispa de aquella hoguera que alguna vez iluminó estadios de todo el mundo.

Historia de James Rodrìguez…

James Rodríguez es quizá el ejemplo más visible. Su nombre todavía provoca una reacción inmediata en las tribunas. No importa que hayan pasado los años desde aquella zurda prodigiosa de Brasil.

No importa que su carrera haya tenido altibajos. No importa que haya pasado por diferentes clubes buscando nuevamente la continuidad que alguna vez tuvo. Cuando James pisa una cancha colombiana, aparece inmediatamente el recuerdo. El James de Brasil.

El James del gol contra Uruguay. El James que terminó como goleador del Mundial. El James que llegó al Real Madrid. El James que hizo que millones de colombianos se levantaran de sus camas para verlo jugar. Pero el fútbol no vive de recuerdos. El fútbol cobra las cuentas en presente. Y ahora James tiene que demostrar que el nombre todavía puede convertirse en fútbol. Que la zurda todavía puede convertirse en pases. Que el talento todavía puede transformarse en victorias. Que el prestigio no es solamente una fotografía amarillenta en el álbum de los recuerdos.

El regreso de James Rodrìguez a Atlético Nacional, por eso, tiene una doble lectura. Para el hincha es una fiesta. Para el fútbol colombiano debería ser una pregunta. ¿James regresa porque todavía tiene demasiado fútbol o porque el nivel de nuestra liga permite que un James disminuido siga siendo diferencial? La respuesta solamente la dará la cancha.

Y Juan Guillermo Cuadrado?

Con Juan Guillermo Cuadrado sucede algo parecido. Durante años fue uno de los futbolistas colombianos más reconocidos en Europa. Su velocidad, su capacidad para recorrer toda la banda, su habilidad para superar rivales y su personalidad competitiva lo llevaron a escenarios que parecían reservados para unos pocos.

Ahora vuelve. Y vuelve cuando la carrera comienza a entrar en ese territorio donde los recuerdos pesan más que las estadísticas. Juan Guillermo Cuadrado ya no tiene que demostrar que fue grande. Eso está escrito. La discusión es otra. ¿Cuánto le queda? ¿Cuántos partidos puede jugar al máximo nivel? ¿Cuánta velocidad conserva? ¿Cuánto puede soportar el cuerpo?

Y, sobre todo, ¿cuánto le alcanzará ese talento para competir en una liga que se ha acostumbrado a recibir a sus héroes cuando ya han vivido la mayor parte de sus mejores años? Cuadrado llega para quemar los últimos cartuchos. Pero quizás también llega para recordarles a los jóvenes que ocuparon sus posiciones que alguien tiene que recoger el testigo.

Vivimos de recuerdos…

Tal vez allí esté la explicación de esta curiosa escalada de regresos. El fútbol colombiano se ha acostumbrado a vivir de sus nombres. De sus recuerdos. De sus héroes. De las camisetas que todavía venden. De los goles que todavía se cuentan. De las historias que alguna vez hicieron llorar de alegría a un país.

Y mientras tanto, el campeonato parece resignarse a una mediocridad competitiva que permite que un jugador veterano, incluso lejos de su mejor versión, pueda marcar diferencias. No se trata de decir que James ya no puede jugar. Ni que Cuadrado no tenga nada que ofrecer.

Mucho menos de desconocer la historia de Jackson, Falcao, Teófilo, Bacca o Muriel. Sería injusto. Ellos hicieron lo que muchos todavía sueñan hacer. Se fueron. Triunfaron. Ganaron títulos. Jugaron en los mejores estadios. Enfrentaron a los mejores futbolistas del planeta. Pusieron el nombre de Colombia en lo más alto. La discusión no es con ellos. La discusión es con quienes vienen detrás.

Porque mientras los veteranos queman sus últimos cartuchos, alguien debería estar fabricando los primeros. Mientras James intenta escribir otro capítulo, debería existir un joven colombiano esperando escribir el suyo. Mientras Cuadrado recorre sus últimos metros, debería haber una nueva generación preparándose para correr por esa banda.

Mientras Jackson intenta regresar del retiro, debería haber delanteros reclamando los goles que alguna vez fueron suyos. Mientras Falcao, Teófilo y Bacca se niegan a desaparecer, debería existir una camada dispuesta a decirles que llegó la hora de entregar la posta. Ese es el verdadero interrogante. No cuánto fútbol le queda a James. No cuántas gambetas puede hacer Cuadrado. No cuántos goles puede marcar Jackson. La pregunta es: ¿Por qué el fútbol colombiano todavía necesita tanto de los jugadores que ya están llegando al final de sus carreras?

Y quizá ese sea el verdadero drama del fútbol colombiano: cuando las nuevas generaciones todavía no terminan de llegar, el campeonato vuelve la mirada hacia quienes ya escuchan, cada vez más cerca, el reloj del retiro. James, Cuadrado y hasta Jackson Martínez —que hace tiempo colgó los guayos— aparecen como síntomas de una enfermedad más profunda: la falta de relevo, de talento fresco, de proyectos capaces de construir futuro.

Mientras otros países fabrican generaciones, aquí seguimos desempolvando glorias, esperando que los últimos cartuchos de los ídolos alcancen para tapar las grietas de un fútbol que, más que vivir de sus recuerdos, parece condenado a jugar con ellos.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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