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Santiago Buitrago, el escarabajo que volvió a conquistar las montañas de España

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hubo un tiempo en que las montañas de Europa parecían haber sido construidas para los colombianos.

Mientras los europeos miraban hacia arriba y veían paredes de asfalto, pendientes interminables y carreteras que parecían querer expulsar al ciclista de la bicicleta, aquellos muchachos llegados de las montañas colombianas encontraban allí su territorio natural. Subían. Subían cuando el oxígeno comenzaba a escasear. Subían cuando las piernas de los grandes favoritos empezaban a pedir clemencia. Subían cuando la carretera se convertía en una serpiente de cemento buscando las nubes. Y entonces nació una palabra que terminó convirtiéndose en leyenda: escarabajos.

Eran pequeños, resistentes, silenciosos y obstinados. No necesitaban la estatura de los europeos ni sus grandes desarrollos. Tenían otra cosa: una relación casi sobrenatural con la montaña. Este sábado 12 de septiembre de 2026, en las carreteras de España, esa vieja historia volvió a cobrar vida. Santiago Buitrago se consagró campeón de la clasificación de la montaña de la Vuelta a España.

22 años de espera…

Santiago Buitrago, ciclista bogotano aseguró el título después de la vigésima etapa, disputada entre La Calahorra y el Collado del Alguacil, una jornada de 186,8 kilómetros y tres puertos de primera categoría. Buitrago no necesitaba seguir acumulando puntos: su ventaja sobre el belga Wout van Aert era suficiente para convertirlo en el nuevo rey de las montañas españolas.

Y entonces la historia volvió a mirar hacia atrás. Porque Buitrago no conquistó solamente una clasificación. Conquistó una memoria. La memoria de un país que durante décadas aprendió a mirar las grandes vueltas europeas esperando que apareciera un colombiano escapado en una montaña. Un colombiano con las piernas llenas de patria.

El quinto escarabajo…

Antes de Santiago Buitrago hubo cuatro hombres que dejaron sus huellas en la clasificación de la montaña de la Vuelta.

El primero fue Luis Alberto Herrera. Lucho Herrera, el hombre que convirtió las montañas europeas en una extensión de Fusagasugá . Lucho Herrera ganó la clasificación de la montaña de la Vuelta en 1987 y volvió a hacerlo en 1991. Fue el pionero, el hombre que abrió una puerta que durante mucho tiempo parecía reservada para los ciclistas europeos.

Después llegó Óscar de Jesús Vargas, campeón de la montaña en 1989. Un año más tarde, en 1990, la camiseta de los mejores escaladores fue para Martín Farfán. Y luego apareció Félix Cárdenas, otro hombre de montaña, que conquistó la clasificación en 2003 y 2004.

Ahora, veintidós años después del último título de Cárdenas, el turno es de Santiago Buitrago. La lista queda escrita así: Luis Alberto Herrera: 1987 y 1991, Óscar de Jesús Vargas: 1989, Martín Farfán: 1990, Félix Cárdenas: 2003 y 2004 y Santiago Buitrago: 2026. Cinco hombres. Siete títulos. Una misma bandera. Y una misma obsesión: subir.

La camiseta que volvió a despertar un sueño..

Santiago Buitrago no llegó a esta Vuelta como un simple pasajero.

Desde las primeras jornadas comenzó a buscar las escapadas, a mirar los puertos y a entender que la montaña podía convertirse en su gran oportunidad. El propio corredor lo resumió antes de afrontar la parte decisiva de la carrera: quedaban etapas complicadas, dos finales en alto y, para los escaladores, había llegado la hora de atacar y luchar hasta el final.

Y atacó. En la etapa 14 terminó segundo en Sierra de La Pandera. Después vendrían nuevas batallas. En Peñas Blancas, durante la decimonovena etapa, volvió a quedarse a las puertas de la gloria. Había atacado con confianza, sin mirar hacia atrás, pero cuando apareció la sombra del irlandés Eddie Dunbar sintió que la victoria volvía a escapársele.

Terminó segundo. Otra vez segundo. La victoria de etapa se le estaba convirtiendo en una especie de fantasma. Pero mientras perseguía una victoria que no llegaba, Buitrago estaba construyendo algo mucho más grande. La clasificación de la montaña.

Después de la etapa 19 tenía 78 puntos, contra 40 de Wout van Aert. La diferencia era tan amplia que la última gran batalla montañosa ya no podía arrebatarle el sueño. La etapa podía quitarle las lágrimas de una victoria parcial. No podía quitarle la montaña.

Las lágrimas también forman parte de la gloria

Hay una imagen que explica mejor a Santiago Buitrago que cualquier clasificación.

Después de Peñas Blancas, aquel muchacho que había entregado todo volvió a terminar segundo. Dunbar lo había alcanzado cuando la victoria parecía estar en sus manos. “Cuando vi la sombra de Dunbar que venía, se me vino el mundo abajo”, confesó el colombiano.

Había dado todo. Otra vez. Y otra vez la recompensa parecía escapársele. Pero el ciclismo tiene esa extraña manera de convertir las derrotas en prólogos. A veces el hombre que cruza segundo la meta está construyendo una historia más grande que la del ganador. Dunbar ganó la etapa. Santiago Buitrago ganó la montaña. El irlandés levantó los brazos. El colombiano levantó una camiseta que llevaba consigo la memoria de varias generaciones. Y la montaña, que sabe reconocer a sus hijos, terminó dándole la razón…

El ciclismo colombiano ha vivido diferentes épocas. La generación de Lucho Herrera. La de Fabio Parra. La de Santiago Botero. La de Nairo Quintana. La de Rigoberto Urán. La de Egan Bernal. Y ahora aparece una nueva camada en la que Santiago Buitrago reclama su propio espacio.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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