Opinión

El día en que el fútbol murió

La historia de una leyenda del fútbol mundial que vistió la camiseta del Junior con polémicas dentro y fuera de la cancha del Romelio Martínez. Jorge Guebely comenta esta novela de Andrés Salcedo González.

Por Jorge Guebely*

Andrés Salcedo

Andrés Salcedo

Quien desee encontrarse con la Barranquilla de los años 50, sólo tiene que sumergirse en la novela de Andrés Salcedo, ‘El día en que el futbol murió’. Debe fundirse en el personaje J. Celis, un autor al borde del fracaso, comisionado para escribir sobre Heleno de Freitas, el trágico futbolista brasilero quien jugó un año para el Atlético Junior; escuchar el testimonio del Miche Granados, un anciano que vivió en Rebollo (¿Rebolo?), testigo vivencial de la Barranquilla de entonces.

A partir de ese momento, la narración surge fresca, atractiva y sorprendente. La ciudad germina como en una obra de arte: los cuadros de barrios, la pasión por el fútbol, las calles llenas de historias, los olores en el cine Astral… Una lectura visceral nos permite sentir el sabor de la ciudad, su vibración esencial.

Heleno Da Freitas

Heleno Da Freitas

Aflora entonces la bellísima historia de Heleno de Freitas, el futbolista incomprendido, con una dimensión humana superior a la normal, quien detestaba la mediocridad en el fútbol y en la vida, y miraba a los compañeros con desdén por no sobrepasar el estatus de simples pateadores de balón, y se negaba a los entrenamientos pero le ponía poesía al fútbol en la cancha.

Por eso, sus amistades las construyó con Cepeda Samudio, Obregón y García Márquez, quienes le dedicaron una portada de Las Crónicas.

No le importaba aparecer con su enorme delirio de grandeza en los barrios populares, llevando consigo sus dos obsesiones además del fútbol: los automóviles y las mujeres. Y en el apogeo de su descenso, arrinconado por la pobreza y una sífilis incurable, exclama: ‘Lo que pasa es que el mundo no entiende a los poetas’. Y a pesar de la aparente prepotencia de la afirmación, nada resulta tan cierta como esa verdad.

el día fútbol murióPero la belleza de la novela no se detiene en esta trágica historia, se complementa con la del Miche Granados. Historia de aprendizaje, se comporta como un contrapunto de la primera, opuesta y complementaria. Es el niño púbero que accede a la adolescencia, va de la timidez a la decepción, de la inocencia a la masturbación y de la masturbación al legendario barrio Chino, donde se refocila con una prostituta vieja procedente de la Francia distante. El Miche comienza a recorrer los caminos de la vida mientras Heleno de Freitas los termina, comienza a tejer los sueños mientras el brasilero descubre que sólo son cascarones, otra mentira de la ilusión.

Un vaso comunicante une a los dos personajes: el desamor. No hubo amor en el alma del Miche: no era por amor sus solitarias masturbaciones, ni la sexualidad con la prostituta francesa, ni el sexo sorpresivo con La Muñe quien lo violó en un arranque de deseo carnal. No lo hubo a pesar de clamarlo con insistencia. Pero tampoco lo hubo en el alma de Heleno de Freitas, de nada le sirvieron las decenas de mujeres, su muerte fue solitaria y humillante, sólo un criado lo cuidaba al final de su vida brillantemente fracasada. Entre los dos forman una existencia entera en donde el amor únicamente fue una lamentable distorsión.

*Jorge Guebely es escritor, PhD en Literatura y columnista de varios medios de comunicación nacional.

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