Los habitantes de este municipio del Sur de Bolívar pareciera que estuvieran en guerra. Trabajan como hormigas arrieras día y noche para enfrentar a un enemigo peligroso: el Río Magdalena.
Por Padre Ubaldo Manuel Díaz
No una guerra civil, sino una confrontación sin tregua, frente a un enemigo silencioso que no duerme ni de día ni de noche y que los puede tomar por asalto en cualquier momento.
Cientos de hombres, mujeres y jóvenes o mejor todo el pueblo, con palas en las manos llenan con tierra unos costales plateados como el vientre de un pez y los colocan en hilera sobre el muelle formando trincheras que los defiende del asedio del enemigo llamado río Magdalena.
Una de esas madrugadas, las campanas de la Iglesia repicaban enloquecidas. Era el santo y seña que el enemigo estaba penetrando por un flanco del pueblo. Un hombre diminuto corría enloquecido de un lado a otro gritando:¡Chorro, chorro, se metió el chorro!. En las calles reinaba una enorme agitación parecida al estallido de una gran revolución. Mujeres con niños de brazos, hombres, corrían a la muralla para defender el último bastión de batalla.
Las primeras gotas de lluvia tamborileaban sobre los techos de zinc convirtiéndose en un estruendoso aguacero que acribillaba sin piedad las calles de este asolado municipio, ubicado a 6 horas dese Cartagena hacia Bucaramanga, siguiendo lo que queda de la extinta Ruta del Sol. Donde odebrech y los políticos corruptos hicieron su festín de coimas. Así, en estado de alerta, acuartelados en primer grado, sin dormir ni de día ni de noche en constante zozobra le ha tocado a los Regidorenses.
¡En Betania abrieron las compuertas! Vociferó un fornido hombre al que con acierto le apodan careperro – mientras se echaba un costal de tierra al hombro- la Betania a la que se refería el hombre de rasgos caninos es la represa ubicada en el departamento del Huila con una extensión de 7000 hectáreas, Que vomita 3.400 metros cúbicos de agua por segundo. Lleva ese nombre “Betania” sacado seguramente de la aldea Judía donde la Magdalena le lavó con lágrimas los pies al hijo de Dios. Betania según la información que maneja careperro abre las compuertas periódicamente para desembuchar el agua represada.
LETARGO
Esa mañana el pueblo amaneció en un profundo letargo, por el poco movimiento en sus calles parecía haberse declarado un armisticio. La llovizna menuda de la noche anterior seguía cayendo. Frente a una casa azul resquebrajada se ha instalado lo que se podría llamar el cuartel general o el centro de operaciones desde donde se imparten ordenes a las cuadrillas de hombres para no dejar penetrar al silencioso enemigo.
Dos mujeres en una pequeña sala de estar, esperan ansiosas frente a un destartalado televisor los oráculos de una presentadora de noticias con cara de modelo sobre el estado del tiempo. Esta última cual profesora de escuela luego de un truculento silencio esgrime de su varita mágica los pronósticos del día. Las esperanzas de las dos comadres se desvanecen. Por el gesto sombrío en sus rostros parece que no hay alentadoras noticias. Desde la lejanía un hombre que ve pasar el rio en forma silenciosa las interroga: ¿Qué dijo la televisión? – Que va a seguir lloviendo – contesta una de ellas mientras se rasca la cabeza. El canto de un gallo se escucha en la distancia. Al lado y lado del teatro de operaciones hay un grupo de mujeres silenciosas sentadas en unas butacas alrededor de una olla humeante preparando el sancocho del día para los 6 frentes de trabajo. Esto que está pasando está en la Biblia- rompió el silencio una de ellas. – Si- todo esto se tiene que cumplir- la secundó la otra morena enorme, sentada en posición de Buda mientras pela un plátano.
Del predicador
Mas hacía el sur por la misma ribera hay un grupo de hombres armados con pala corriendo la tierra de un a lado a otro. Entra en escena un predicador impecablemente vestido con zapatos de charol y un frac parecido al del Doctor José Gregorio Hernández. Se detiene con aire grave y pronostica: ¡Cristo viene pronto ¡ Uno de los trabajadores que está untado de barro hasta las orejas le increpó. – ¡Sí- mientras viene, coja una pala y venga con nosotros! Hacen una pausa y se forma un pequeño debate de sucesos divinos y terrenales sobre quién era el responsable de esta tragedia:¿ Dios?, ¿el río? ¿ el gobierno?. Discusión que fue zanjada por una corpulenta y desaliñada mujer que en otra época debió ser reina municipal, con los ojos tristes de las rubias sin éxito y un enorme vientre al aire sujetado por una licra rosada. Esta última sentencia: ¡Esta vaina para los políticos es un negocio y para la gente una fiesta, además el río no se ha metido, nosotros nos hemos metido al río!. Hubo un profundo silencio.
¿Por qué? – preguntó sin mirarla uno de los que estaba trabajando.
Porque ellos -los políticos- declaran la emergencia invernal y les llega cualquier cantidad de dinero que se esfuma por arte de magia.
¿Y para la gente? Volvió a interrogar el mismo hombre – mientras apuraba un vaso de limonada. -Es fiesta para la gente porque se conforman con el mercadito, las dadivas de siempre-. Todos los años se repite la misma película.- -Remata la rubia de ojos tristes-. El predicador ya no la escuchó porque se alejó en la distancia con sus charoles untados de barro llevándolos en sus manos.
En los corrillos, en los grupos ante una olla llena de tinto, por las noches, frente a la muralla se escuchan historias de la tradición oral, transmitida de generación en generación por estos hombres anfibios como alguna vez los llamó Fals Borda. Cualquier tema es recurrente, oportuno para mitigar las horas de vigilia, a si sea para repetir una y otra vez las gestas desarrolladas durante el día, acompañados por el croar de las ranas. Mientras vigilan al enemigo como algunos le llaman, correr silencioso frente a sus trincheras acechándolos día y noche.
° Ubaldo Manuel Díaz, sacerdote. Ganador del concurso nacional de cuento y poesía Ciudad Floridablanca. Miembro del colectivo cuarto literario de Bucaramanga: email: sinuano1817@yahoo.es












