Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay historias que no comienzan en una redacción, sino en el polvo de los caminos rurales de la Costa Atlántica, en el mugido lejano del ganado y en la voz heredada que enseña a mirar el campo con respeto.
La historia de Octavio Vargas Daza es una de ellas: una crónica viva donde la sangre y la vocación se entrelazan como surcos en la tierra.
Octavio Vargas Daza es Comunicador social y Administrador de empresas. Además realizó una especialización en alta Gerencia y una maestría en Comunicación políticas en Estados Unidos.
Durante más de tres décadas, bajo el lente y la narrativa del programa televisivo El Reportero del Campo, emitido por Telecaribe, el nombre de Octavio ha sido sinónimo de constancia. Primero como testigo, luego como narrador, y siempre como aprendiz de su padre, otro Octavio que convirtió la ganadería en lenguaje y en destino. Juntos recorrieron veredas, fincas y sabanas, recogiendo historias que no suelen ocupar titulares, pero que sostienen silenciosamente el país.

En cada informe hay más que cifras o razas bovinas: hay rostros curtidos por el sol, manos que conocen el peso del trabajo y una Colombia profunda que pocas veces se detiene a contarse a sí misma. Allí, en ese ejercicio paciente de escuchar y mostrar, Vargas Daza fue moldeando su identidad, entendiendo que el campo no es solo producción, sino cultura, resistencia y futuro.
Hoy, ese recorrido encuentra un nuevo punto de inflexión. Su aspiración a un rol principal en la junta directiva de Asocebú no es un salto improvisado, sino la consecuencia natural de años de aprendizaje y gestión. Ya no solo quiere narrar la realidad ganadera, sino incidir en ella: modernizar procesos, ampliar la inclusión productiva y proyectar la ganadería colombiana más allá de sus fronteras.
A su lado, como fórmula de suplencia, aparece Arturo Barcha Gutiérrez, desde Ganadería BP, en una alianza que mezcla experiencia territorial con visión empresarial. Y en el corazón de su propuesta late un ejemplo concreto: Agropecuaria Omega, un proyecto que no solo produce, sino que piensa.
Allí, en tierras del Magdalena, la sostenibilidad dejó de ser discurso para convertirse en práctica, alcanzando el Sello Ambiental Colombiano como símbolo de un modelo que armoniza productividad, bienestar animal y respeto por los recursos naturales.
Octavio Vargas Daza no abandona la cámara; la trasciende. Cambia el encuadre, pero no la esencia. Porque sigue siendo el mismo hombre que aprendió a contar historias entre potreros, solo que ahora busca escribirlas también desde las decisiones.
Y así, entre la memoria que heredó de su padre y la tierra que ha aprendido a leer como un libro abierto, Octavio Vargas Daza avanza hacia un nuevo horizonte sin soltar sus raíces. Ya no solo contará las historias del campo: ahora quiere ser parte de ellas, sembrando decisiones donde antes recogía testimonios. Octavio Vargas Daza, después de años de contar historias de tradición del campo , forma parte de una nueva generación de ganaderos. Con visión empresarial, financiera, y tecnológica.











