Opinión

Desastre ambiental, desastre humano

El comentario de Elías. «Sometidos por la voraz moral de la importancia económica, no importan las víctimas. No importa la contaminación de caños, quebradas y ríos con lodos y gases causada por más 23 mil barriles de petróleo derramados».

Por Jorge Guebely

El reciente desastre ecológico de Ecopetrol testimonia otro peor: la desacralización de la Naturaleza para convertirla en fuente de dividendo. Sufrimos el mandato voraz de los enormes capitales internacionales y la codicia de los pequeños nacionales. Certeza bíblica de que el ser humano, expulsado del paraíso terrenal, se entregó febrilmente al becerro de oro. Sólo el dinero amerita ocupar la cima de su altar.

Hemos caído en una sociedad donde la riqueza bancaria constituye el paradigma máximo del desarrollo humano. Capitalismo puro y chato, Ni siquiera sus filósofos cuentan. Ni Kant quien exaltó una razón pura, ni Benttham quien predicó un utilitarismo más humano. Simplemente sociedad de vulgares comerciantes.

Sin sacralidad, nos hemos extraviados en un mundo de objetos sin sujetos. Hombres de madera según el Popul-Vuh. “Parecían hombres, hablaban como hombres, pero eran muñecos de madera”. Nada trascendental. No hay un sentido humano en el ser humano, sólo el precio mercantil. No hay un sentido divino en la naturaleza, sólo el precio por galón de petróleo. Y “Si no se respeta lo sagrado –afirmaba Confucio-, nada se puede esperar de la conducta humana”.

Erradicado lo divino de la conciencia social, – “¡Dios ha muerto!”, oficiaba Nietzsche-, la naturaleza se convirtió en tierras para turistas, socavones para mineros, extensiones para cocaleros, negocio para narcotraficantes, delirio de importancia para terratenientes, dividendo para capitalistas, campos de batalla para invasores. Fuente de pesos, no de vida. “La vida está en otra parte”, afirmaba el poeta Rimbaud. No es suficiente existir para vivir. Existir es sólo una oportunidad para vivir, para ser.

Sometidos por la voraz moral de la importancia económica, no importan las víctimas. No importa la contaminación de caños, quebradas y ríos con lodos y gases causada por más 23 mil barriles de petróleo derramados. Ni los varios miles de animales muertos. Ni las diversas poblaciones afectadas en el consumo de agua y alimentos. A Ecopetrol le basta asumir su responsabilidad con reticencia y mezquindad. El ministro del medio ambiente farfulla justificaciones cantinflescas. Y la ANLA salda el desastre ecológico con una multa ejemplar. Burócratas que todo lo justifican gracias a la elasticidad del lenguaje.

  Sociedad desacralizada donde el amor es el peor damnificado. Los sueños de éxitos y ambiciones capitalistas lo borran del mapa humano. Según Platón, “El amor consiste en sentir que lo sagrado late dentro del ser amado”. Hoy, sólo se ama cuando se siente el tintineo de las monedas en el objeto amado. Verdadero sentido etimológico de “prostituere”: mostrarse para venderse.

 

jguebelyo@gmail.com

Noticias relacionadas
Arte y CulturaEstilo de VidaLiteraturaOpiniónReflexión

En tu amor encontré mi hogar, testimonio de una madre adoptiva

LocalesOpiniónReflexión

Los opresores de cada día

OpiniónReflexiónReportajes

Disrupción universitaria

OpiniónReflexión

Locuras de Quijote

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *