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Canchito, el niño que hizo una vida en el surf

Por Mario Cobo

Al parecer, todos los comienzos del surf, independiente de su país o región, tienen rasgos en común. En las playas de Puerto Colombia, Atlántico, observé niños deslizarse en las olas sobre tablas de madera que les robaban a las camas de sus casas. A esos niños lo que menos les importaba eran las miradas despectivas ni los comentarios burlones de quienes iban orgullosos con tablas y bermudas de marca; lo único que estos niños buscaban era divertirse y aspirar a convertirse en nuevos integrantes de la familia surf.

Comprendí que el surf es un deporte elitista. Conseguir una tabla de surf en nuestro país, sea usada o nueva, implica pagar una suma de dinero considerable, sin contar las piezas claves y necesarias para desempeñar una buena práctica y desafiar las olas. Hablamos de un juego de quillas, el famoso pad, leash, protector solar, cera, rashgard y obviamente alguno que otro dinero para beber agua y alimentarse, pues este deporte es desgastante y necesitas recuperar energías entre cada jornada que muchas veces es de todo el día.

A lo largo de mi vida en las playas de puerto Colombia parché con niñas, niños y jóvenes que deseaban entrar en la diversión del surf, era simplemente encontrar la tabla de madera adecuada, un nylon para no perder su tabla y entrar en la disputa, no importando las consecuencias, la idea era diversión y hacer amigos. En este proceso divertido tuve la oportunidad de conocer en Puerto Colombia a una persona que nos dio ejemplo de superación y se ganó un lugar privilegiado en la familia surf que en aquella época crecía y definía los surfistas que hoy por hoy hacen la diferencia en nuestro país enseñando y viviendo de una cultura relativamente nueva en nuestras playas.

Canchito

Juan Carlos De Luque, más conocido en el mundo del surf como Canchito. Es la persona que siempre consideré como hermano del mar, a muy temprana edad Canchito descubrió su pasión. De familia humilde y con su padre como cabeza de familia, Canchito nació frente al mar viendo cómo muchos jóvenes se emborrachaban en el negocio de su padre. La rebeldía de sus sueños lo obligaó a tomar decisiones que hoy por hoy continúa manteniendo firme, a muy temprana edad deja su hogar para adentrarse a vivir de lo que amaba, surfear y experimentar una cultura deportiva de viajes y buena vibra. El surf lo deslumbró, como a todos nosotros y decidió vivir del deporte.

Era increíble la habilidad que tenía en el agua con tan pocos recursos, cada vez que llegábamos a surfear temprano en la mañana lo encontrábamos en el mar, desafiando las olas sin importar el tamaño que estas tuvieran, para él era su punto de equilibrio, su alegría. Tiempo después, los propietarios del hotel Pradomar (Los Álvarez), lo dejaban dormir en cualquier parte del hotel, siempre lo encontrábamos dormido detrás del bar Klimandiaro, creo que el cansancio lo vencía pues el hambre, el rebusque y mucho surf hacían parte de su vida cotidiana.

La comunidad surfer lo fue adoptando, algunos le dejaban sus tablas pues como comenté en el artículo pasado era la época de coger bus y era difícil por las situaciones que ya mencioné. Algunas veces le dejé mi tabla y cuando llegaba estaba o durmiendo con ella o en el agua practicando.

Recuerdo que en la época del inicio de los campeonatos tuvo la oportunidad de participar con tablas que le prestaban, y ahí comenzó todo para él. Siendo una revelación del surf, empezó a ganar amigos por su buena energía y con su nivel de surf obtenía premios ya sea en artículos, ropa o dinero. En ese momento se dio cuenta que lo que le esperaba era una vida deportiva talentosa y llena de oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Con el pasar del tiempo entró a competir en las primeras posiciones del campeonato nacional.

Canchito viaja con el surf

En aquella época el circuito nacional avanzaba a pasos gigantes, los realizadores Sergio Navarro y Fife apostaban de lleno a la válida en San Andrés Islas, no recuerdo muy bien cómo se realizó el proceso de llevar a Canchito para esta válida y la verdad no recuerdo cómo consiguió participar en todas las paradas del campeonato nacional a lo largo del año. Creo que Fife y Sergio se hicieron cargo de él pues con una excelente posición en los campeonatos Canchito era pieza clave por la disputa del nacional. No son casualidad los apodos que Canchito les colocó a Sergio y a Fife: papi Sergio y papi Fife).

Lo vi muy nervioso antes de entrar al avión, lleno de felicidad, con un miedo que se le salía por los poros, pero con toda la actitud junto con la comitiva del campeonato. Era su primer viaje en avión, con destino a nada más y nada menos que San Andrés.

Fue increíble este evento, los que participamos tuvimos la oportunidad de disfrutar la verdadera familia surf de aquella época. Grandes del surf colombiano estaban allí, tuve el honor de ser parte de la comitiva de jueces del evento por muchos años, pero este evento en especial fue mágico, la hermandad, la alegría y el verdadero espíritu surf rodeaban la isla, las etapas fueron increíbles en la playa Punta Sur, un reef break no apto para principiantes que retó a los participantes a mostrar su mejor nivel de surf.

No importa en qué posición quedó Canchito, solo recuerdo la cara de felicidad de participar en esta aventura la cual estaba transformando su vida a medida que pasaba el tiempo, el surf creaba una leyenda y para él un estilo de vida.

Con el pasar de los años canchito se destacaba en todos los eventos, desafiando a leyendas como Yoyi, uno de los mejores surfistas de la época; a Sergio Navarro, entre otros (disculpen si no menciono a algún otro, estos son recuerdos de aquella época, de lo cual hace mucho tiempo).

Las anécdotas con Canchito fueron muchas, viajes al tayrona, mar de leva en Cartagena, grandes swells en el muelle, rumbas, pero también momentos difíciles donde nos tocó a más de uno colaborar para mantenerlo siempre dentro de la familia. Hasta el día de hoy vive su pasión al máximo, es propietario de su escuela de surf, padre de familia a distancia, pero con el corazón lleno de amor por su hijo el cual vive en Argentina.

Mientras yo vivía en Brasil, lo vi pasando una temporada en Buenos Aires, Argentina, en Ladrilleros, Buenaventura donde inclusive dejó una joven llorando de amor jajaaj. Hasta existe una playa con el nombre de su mascota que todos conocimos Jackie, el amigo fiel de Canchito, un perro que amamos todos en la playa, nombre que él mismo le puso en honor a su maravilloso amigo Jackie point beach, un rocky point de olas excelentes.

En fin, el surf ha tomado cuenta de su vida, conociendo lugares únicos, teniendo amigos que lo queremos mucho y admiramos. Canchito un guerrero del surf que descubrió en este maravilloso deporte una cultura que cambió su vida, gran amigo, excelente surfista solo me queda desearle muchos éxitos, continúa siendo ese niño humilde a pesar del pasar del tiempo, siempre con buena energía, siempre con el corazón en tu pasión, siempre en el surf.

Mario Cobo @elpalosurf Colombiasurftravel.com

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