El exfutbolista antioqueño jugó en dos temporadas en el Junior: 1974 y 1975.
Por: Francisco Figueroa Turcios

Medellín 1972:Jorge Gallego, Orlando Marín, Alberto De Luca, Álvaro Calle y Fabio Cadavid. Hincados: Óscar Mejía, Edilberto Righi, Byron Hernández, Álvaro Santamaría , Pedro Alzate y Ponciano Castro.
Álvaro Santamaría Ochoa desde niño tuvo dos pasiones: el Deportivo Independiente Medellín y el fútbol brasilero.
Everfit, fue su primer equipo, cuando participó en 1964 en el Torneo Pony Fútbol. De ese certamen, en esa época también salió Alejandro Brand.
A los 19 años de edad se le cumplió el sueño de jugar fútbol profesional, en el club antioqueño.
«Recuerdo que mi último partido como aficionado, con la universidad Bolivariana fue enfrentando a Industrias de Aceros, en el preliminar de Medellín ante Millonarios en el estadio Atanasio Girardot.
Héctor ‘Chichí’ Molina fue el técnico que me recomendó para jugar en el Deportivo Independiente Medellín. Antes de firmar con el Medellín, recibí ofertas del Deportivo Pereira, Deportivo Cali, Millonarios y Atlético Nacional», apunta Álvaro Santamaría.
Gracias a su talento y fútbol de picardía, Álvaro Santamaría logró en corto tiempo convertirse en ídolo de la hinchada roja de la capital de la Montaña.
«Firmé con el Medellín un jueves, entrené el viernes y el sábado, tercer día en el plantel, me escogieron para viajar a Ibagué a enfrentar el Deportes Tolima. Recuerdo como si fuera hoy a todos los jgadores nombrados por el técnico ´Chichí´Molina…´Manolin´Pacheco, ´Canocho´Echeverry, Jaime Salazar, Óscar Villa, ´El Ché Miranda, Hugo Gallego, Fabio Cadavid, Elkin Velásquez, Dardo Migone, Óscar Ochoaizpur, ´Zorro´Restrepo, Uriel Cadavid, Omar Oreste Corbata y el nombre fue el mio: Alvaro Santamaria. Cuando el profe anunció mi nombre, sentí qe flotaba como si el viento me llevara a otro sitio… Y como disfruté ese momento tan especial en mi vida», recuerda Alvaro Santamaria.

Once Caldas 1971: Vengoechea.Zapata,Torres, ´Pele´González, Ortega, Gómez, Cadavid. Abajo:Rezza, Álvaro Satamaria, Lobatón, Pedro Prospitti y Quiñonez
Alvaro estuvo en el Medellín hasta el año 1970, a raíz de la desaparición del cuadro antioqueño del fútbol profesional colombiano. El destino lo llevó a Jugar la temporada 1971, en el Once Caldas, donde jugó una sola temporada.
´Once Caldas fue puntero absoluto toda la primera vuelta del Torneo Finalización. Recuerdo que salimos en el afiche central del semanario Nuevo Estadio.
Manizales era una locura, y recuerdo que estabamos Pedro Prospitti, Nicolas Lobatón, Esteban Vengoechea, ´Pele´González, Óscar Ortega, ´Pecoso ´Castro y Elkin Velásquez, entre otros. En la segunda vuelta, el equipo se vino abajo y de goleador paso a ser goleado. Todavia recuerdo el 8-0 qe nos propinó el Deportivo Cali. El Once Caldas me sirvió de trampolín para ser convocado a la selección Colombia preolimpica, serie que se jugó en Bogotá y al final logramos el cupo para ir a Munich 1972.», relata Alvaro Santamaria.
Luego de su paso por la Selección Colombia, Alvaro Santamaria, retornó a jugar al Medellín, reaparecia en fútbol profesioal en 1972.
«En 1973, cuando llegó Francisco Hormazábal a la dirección técnica del Medellín, en el primer entrenamiento me quitó el brazalete de capitán de campo, como represalia a que un grupo de jugadores le entregamos una placa a Ricardo Ramaccioti previo al partido Santa Fé-Medellín, por su apoyo al futbolista de las categorías menores.
Y precisamente ese día en el lobby del hotel Tequendama estaba Hormazabal definiendo su vinculación con los directivos del club antioqueño. Más tarde, Hormazabal, me quería imponer que jugara de puntero derecho, ya que ni Javier Tamayo, Jorge ‘la rata’ Gallego y Juan Carlos Sarnari le quisieron actuar en esa posición. Esos dos detonantes me llevaron a renunciar del Medellín en el mes de septiembre de 1973», recuerda Alvaro Santamaría.
Junior: fútbol y samba

Junior 1975: “Orejita” Nuñez, Juan Carlos Delménico, Gabriel Berdugo, Rafael Reyes, Julio Comesaña, Alfredo Araujo, “Ringo” Amaya. Abajo: Álvaro Santamaría, Sergio “Flaco” Cierra, Nelson Silva Pacheco, Carlos Monsalve y Víctor Campaz.
Jamás pasó por la mente de Álvaro Santamaria que jugaría en el Junior entre 1974 y 1975 al lado de figuras brasileras como Víctor Ephanor, Caldeira, Pablo César, Othon Alberto Dacuhna, Fredy Rodríguez y Celso Rodríguez. El fútbol brasileño era su pasión.
«Siempre me gustó primero jugar bien al fútbol. Nunca me olvidé del aficionado que compraba la boleta, por eso siempre hacía jugadas de fantasías: gambetas, túneles y sombreros.
Junior del 1975 tenía un equipazo: las locuras de Juan Carlos Delménico, la genialidad de Víctor Ephanor, las picardías de Carlos Monsalve, el olfato goleador de Silva Pacheco y mis gambetas hacían divertir a la afición porque había una conexión con la gente. Para mí, que soy hincha del fútbol brasilero, jugar al lado de Víctor Ephanor y Caldeiras, fue una gran experiencia en mi vida», reseña Álvaro Santamaria.
«Yo fui un hombre muy feliz en Barranquilla. Soy muy convencido que me hizo muy feliz jugar en el Junior. El calor humano del barranquillero es algo inigualable. La afición sabe de fútbol y no le interesaba el resultado. Los junioristas deliraban con nuestras jugadas de fantasía y eso a mí me hacía feliz», resalta Álvaro Santamaría.
El mejor recuerdo que tiene Álvaro Santamaría de su carrera futbolística es la narración de Édgar Perea, en la jugada previa al penalty que le cometieron en el partido Unión Magdalena-Junior. Víctor Ephanor ejecutó el penal y anotó el gol del triunfo en el estadio Eduardo Santos.
«Esa jugada la recuerdo perfectamente: Juan Carlos Delménico se la entregó a Cañarete, quien se la pasó a Julio Comesaña. El jugador uruguayo habilitó a Silva Pacheco, quien observó que yo corría por la punta derecha, no dudó un segundo en pasarme la pelota. Con mi gambeta dejo en el camino a tres jugadores del Magdalena. Cuando ingreso al área chica, y me presto a rematar al arco, me cometen falta. El árbitro no dudó en pitar el penal», relata.
Para la temporada de 1976, los directivos del Junior contrataron al técnico José Varacka, quien pasó de la escuela brasilera a la argentina. El primer jugador que vendió Junior fue a Víctor Ephanor, al Medellín. Álvaro Santamaria pasó al Tolima, a petición de Delio ‘Maravilla’ Gamboa, donde jugó dos años. Del Tolima más tarde fue adquirido por el Atlético Bucaramanga, en remplazo de ‘Papo’ Florez, quien se retiraba del fútbol. Luego de jugar año y medio con el cuadro ‘Leopardo’, decidió ponerle punto final a su carrera deportiva.
De futbolista a vendedor de seguros
Álvaro Santamaria es un ejemplo de disciplina y pundonor deportivo. Cuando decidió retirarse del fútbol quiso aprovechar su vigencia en el balompié para ingresar al mundo de las ventas de seguros.
Se presentó en la empresa Suramericana a buscar trabajo. La primera pregunta que le hicieron en la entrevista de admisión fue cómo le nació la vocación por las ventas. Álvaro recuerda con pelos y señales la respuesta.
«La vocación por las ventas la descubrí en Barranquilla, cuando jugaba en Junior. Siempre que llegaba a Medelín a jugar con el Junior ya fuera contra el Nacional o Medellín, yo siempre pedía permiso al técnico para irme el día siguiente. El lunes lo aprovechaba para comprar jeanes para llevarlos a Barranquilla. Los vendía a las esposas de los jugadores o a los vecinos», señala Álvaro Santamaria, quien trabaja 37 años con Suramericana.
Hoy Álvaro Santamaría está pensionado y continúa en el mundo de las ventas a través de su propia empresa (Contacto Directo), con el respaldo de Suramericana. La mayoría de los exfutbolistas no lograron pensionarse y están en el olvido. Álvaro Santamaría escribió una reflexión sobre la situación que afrontan los exfutbolistas sin pensión.
La soledad y la memoria
Cómo me aturde en la soledad este silencio
Cómo me lleva al pasado mi memoria
increíble lo que ahora yo presencio
aquellos colegas amigos con historia
pero con presente y futuro sin la gloria
que algún día en el pasado les fue inmenso
solo les queda recordar aquel momento
cuando la prensa elogiaba sus faenas
hoy la nostalgia los convierte en un tormento
al saber que tanta gloria, no son propias,
son… ajenas.














