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Dos franceses en ‘Macondo’ que echan el cuento diferente

Marc y Odile atrapan la atención de sus espectadores, por la manera en la que llevan a cabo sus relatos.

Por Carlos Polo

Existen infinitas maneras de contar una historia y de hacer que las mismas tomen cuerpo, que se personifiquen frente a los ojos y los oídos de quienes asisten al milagro de un micro génesis orquestado por el ‘palabronauta’ de ocasión. La tradición judeocristiana cuenta que primero fue el verbo conjugado, ese primigenio y extraordinario “hágase la luz” con el que empezó todo y así el máximo contador de historias de todos los tiempos inició el más largo de todos sus cuentos.

Un cuentero se puede parar frente al público, proyectar la voz, coordinar una andanada de gestos sincronizados y encantar al respetable, pero al tratarse de la pareja de franceses Marc Búleon y Odile Kayser (director escénico y narrador oral, él; y artista visual y pintora, ella), dos de los invitados especiales a la vigésima edición de “El Caribe cuenta”, contar un cuento definitivamente es a otro precio.

Del rostro de Búleon pendía una acrobática gota de sudor que le recordaba esa abrazadora canícula de la que solo había tenido noticias a través de las palabras de su autor preferido, el colombiano más universal de todos los tiempos, Gabriel García Márquez, a quien leyó copiosamente en sus años de juventud. Esta vez abrazado por un calor real que se manifestó en forma de lluvia corporal, Búleon recordó al hijo del telegrafista mientras dejaba escapar las tonadas de su acompasada voz frente a 150 niños, estudiantes de la Institución Educativa Técnica Francisco de Paula Santander, del municipio de Galapa.

Lunes. Auditorio de la Casa de la Cultura de Galapa 4:30 p.m. acariciando la risa blanco y negra del pequeño piano eléctrico que reposaba sobre sus piernas, Marc inició su rito personal. “Había un escultor, un escultor viejo que durante toda su vida había pintado y esculpido aves”, dijo con su español no exento de acento, mientras pulsaba las teclas de su piano, sentado a un lado del escenario.

En el centro, proyectado por un sencillo dispositivo tecnológico apareció un lienzo blanco en donde reposaba un pequeño lápiz solitario. Luego una mano, unos trazos que con fina precisión le dieron vida y forma a las palabras de Búleon, entonces el lápiz surcó el blanco cielo y empezaron a nacer los pájaros mientras los pequeños asistían impasibles a una particular forma de contar un cuento.

Odile, cabello bañado por el paso plateado de los tiempos, delgada y unos ojos de colores habitados por el mar, desde la otra punta del escenario, metida entre sus lienzos, sus oleos de colores, sus pequeñas figuritas empezó a esculpir el cuento que Marc narraba como consintiendo las palabras. “Finalmente el escultor entristecido se sentó en su sillón y miró a todos sus pájaros, de piedra, de sal, de tierra, de hielo… ‘Ahí están, pero nunca volarán”, contaba Marc atravesando un silencio que se llenó de música, luego cosió una palabra recién nacida que buscó el regocijo de los oídos, mientras los trazos de Odile le daban forma y movimiento a eternos personajes fabricados con palabras de papel entre los pliegues de ese canto arrullador que se mezcló con el curioso murmullo de los pequeños.

Génesis. En su vida cotidiana Marc también es músico y generalmente toca el piano en casa mientras Odile pinta y le da vida a sus ideas estampándolas sobre lienzos. Cuenta Marc que un buen día cualquiera, hace ya más de 4 años, un dibujo de Odile le dio la inspiración justa para que se gestara una pequeña historia.

“Todo se ha venido dando poco a poco. Quizás la primera vez se dio en Francia, en la calle, Odile pintó una pintura en una inmensa hoja y yo empecé a contar. Aprendí el español porque nuestro hijo está casado con una española y un día hicimos un pacto, si ella aprendía francés yo aprendía español, y así fue”, contó Marc.

La pareja tiene tres hijos, él antes de convertirse en un conteur laboraba como ebanista, no obstante hace cerca de 25 años su vocación de artista se impuso y fue cuando empezó ‘palabrarear’ a navegar entre sujetos, verbos y predicados. En este camino esa mujer de ojos oceánicos quien es graduada de Escultura y Artes Aplicadas en París se convirtió en su complemento.

Marc Búleon (2)

“Es muy bonito todo, pintan, cantan, hacen música… es muy chévere”, afirmó Eva Olmos, una estudiante de décimo grado que viajó durante cerca de 45 minutos por otras culturas y otras latitudes gracias a Marc y Odile.

Para la docente Iveth Noriega, la manera de contar historias de Marc y Odile es completamente diferente a la que ella venía acostumbrada. La docente aseguró que fue privilegio tanto para ella como para los niños poder vivir esa experiencia y sobre todo porque lo hicieron sin tener que salir del municipio. “Es una manera muy lúdica de mostrarle algo diferente e innovador a los estudiantes”, señaló.

-Era una mañana soleada- continuó contando el ‘verboleador’ robándole melancólicas notas musicales a su piano, “el viejo escultor miró al sol y de sus músculos dorsales empezaron a brotar unas alas y el viejo escultor levantó el vuelo y se empezó a elevar, detrás de las ventanas del taller las aves de piedra, de sal, de tierra, de hielo al ver al escultor desaparecer en el horizonte lloraban”.

Y los pájaros que construyó con sus manos Odile también escaparon de su jaula de papel. Lo primero que hicieron fue rodear las ventanas del auditorio para después ganar el cielo azul y perderse finalmente entre las nubes.

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