Por: Francisco Figueroa Turcios
El Chocó todavía intenta entender la dimensión de la tragedia.
Han pasado pocos días desde aquel 10 de agosto 2026 en que la tierra se estremeció con una fuerza de 7,4 y dejó a su paso viviendas afectadas, infraestructura destruida, familias golpeadas y una sensación de incertidumbre que todavía permanece en las calles.
En Quibdó y en otros municipios del departamento, el terremoto no solamente movió paredes: también sacudió la tranquilidad de miles de personas que de repente tuvieron que mirar hacia el futuro con más preguntas que respuestas.
Shakira llegó a Quibdó…

En medio de ese escenario apareció una figura que, paradójicamente, está acostumbrada a los grandes escenarios del mundo. Shakira llegó a Quibdó. Pero esta vez no había luces, coreografías, pantallas gigantes ni miles de personas coreando sus canciones. No llegó como la artista que llena estadios. Llegó como una mujer que quiso mirar de frente el rostro de una comunidad golpeada por la naturaleza.
A Shakira acompañaba el empresario y filántropo Howard Graham Buffett, y Patricia Sierra, directora de la Fundación Pies Descalzos, cuyas presencias terminó convirtiendo la visita en algo más que un gesto simbólico . Shakira caminó por un territorio donde la tragedia todavía se siente en las paredes, en los edificios afectados y, sobre todo, en los rostros de quienes saben que la reconstrucción será larga.
Porque después de un terremoto comienza una segunda batalla. La primera es sobrevivir. La segunda es reconstruir. Y esa segunda batalla suele ser mucho más silenciosa. No tiene la espectacularidad del momento en que la tierra ruge. No aparece durante unos segundos en las transmisiones de televisión. Se prolonga durante meses y, algunas veces, durante años. Es la batalla de levantar nuevamente una escuela, reparar una universidad, recuperar un salón de clases, devolverle a un estudiante el lugar donde soñaba con convertirse en profesional.
Reconstrucción de la Universidad Tecnológica del Chocó...

Fue precisamente allí donde la visita de Shakira adquirió una dimensión especial. La cantante anunció su compromiso de apoyar la reconstrucción de la Universidad Tecnológica del Chocó, la institución que durante décadas ha representado para miles de jóvenes la posibilidad de construir un futuro sin tener que abandonar su tierra.
La universidad no es solamente concreto, aulas, oficinas y laboratorios. Es una puerta. Y cuando una tragedia golpea una institución educativa, no solamente destruye infraestructura: puede poner en riesgo los sueños de toda una generación.
Por eso el anuncio de Shakira tiene un significado que va mucho más allá de la cifra que pueda representar una inversión. Es un mensaje. Es decirles a los estudiantes que sus sueños no quedaron sepultados bajo los escombros. Es decirles a los profesores que su tarea continúa.
Es decirle al Chocó que el país y el mundo están mirando hacia esta región que tantas veces ha reclamado oportunidades y que ahora enfrenta una emergencia que no escogió. Pero la jornada tendría otro anuncio de enorme trascendencia. Howard Graham Buffett anunció la construcción de diez escuelas en el departamento Diez escuelas.
Diez futuros puntos de encuentro. Diez lugares donde, después de la tragedia, volverán a escucharse las voces de los niños. Y quizá esa sea la imagen más poderosa que pueda dejar esta visita. Porque reconstruir una escuela significa mucho más que levantar paredes. Significa reconstruir la posibilidad de aprender. Significa devolverle a un niño su pupitre. A un maestro, su tablero.
A una familia, la tranquilidad de saber que sus hijos tienen nuevamente un lugar seguro para estudiar. Y al territorio, la posibilidad de seguir formando a quienes algún día tendrán en sus manos la responsabilidad de transformar el Chocó.

En ese sentido, la presencia de Shakira y Buffett adquiere una dimensión profundamente humana. El terremoto hizo que las miradas se concentraran sobre el Chocó. Pero ahora comienza el verdadero desafío: conseguir que esas miradas no desaparezcan cuando las cámaras se marchen.
Porque las tragedias tienen una característica cruel: durante los primeros días generan solidaridad, titulares y conmoción. Después, el país continúa su camino. Los damnificados, en cambio, permanecen allí. Las paredes siguen esperando reparación. Las familias siguen necesitando ayuda.
Los estudiantes siguen esperando sus aulas.Y las comunidades siguen necesitando respuestas. Por eso la visita de Shakira puede ser entendida como un puente entre dos mundos.El mundo de una artista colombiana que conquistó los escenarios internacionales y el mundo de una región que durante décadas ha luchado contra la pobreza, el abandono y las desigualdades.
Shakira pudo haberse limitado a enviar un mensaje desde lejos.Pudo haber publicado unas palabras de solidaridad. Pero decidió viajar.Decidió mirar.Decidió escuchar.
Y, sobre todo, decidió comprometerse. Ahí está la diferencia entre una solidaridad que se expresa y una solidaridad que se transforma en acción. La cantante llegó al Chocó acompañada de uno de los grandes filántropos del mundo y, entre ambos, dejaron anuncios que pueden convertirse en ladrillos de esperanza para un departamento que hoy necesita reconstruir mucho más que edificios.
Necesita recuperar la confianza. Necesita sentir que no está solo. Necesita saber que detrás de las noticias sobre el terremoto existen personas dispuestas a ayudar cuando las cámaras se apagan.
Quizá por eso la imagen de Shakira en Quibdó terminará teniendo un significado que va más allá de la visita de una celebridad. La estrella que tantas veces ha cantado frente a multitudes decidió esta vez escuchar el silencio de una comunidad golpeada. Y en un lugar donde la tierra dejó heridas profundas, su presencia quiso convertirse en una palabra sencilla pero poderosa:











