El prólogo del primer libro que publicó Carlos Polo, lo escribió Aníbal Tobón. Así de enlazadas estuvieron sus almas. Por eso estas palabras llegaron después de la ventisca de su despedida.
Por Carlos Polo – Publicación de Al Día, cortesía del autor
Si decías cielo, en realidad querías decir avión; cometas; volantín; arcoíris; alcatraces, pelícanos o Fuerza Área de Salgar, a la que saludabas sin gorra y con honores militares desde tu casa encaramada en la cima de Oníria, tal como lo recuerda tu compadre Miguel, compañero de poemas y de mar y de río, ese PoeMaRío del que también te fuiste sin despedir…
Si decías vida, tenías claro que además de vacilón, gozo; risa; frías, ron; torpedos; cigarros; dificultad; arte; corazón… decías vida… vida eras todo tú, porque daba gusto verte vivir, daba gusto ver cómo gozabas de este sueño extenso y prestado del que te escapaste sin avisar, montado en un Rocinante particular… Algunos dicen que fue en un ‘biciballo’, otros que en una ‘cabacleta’, pero bueno qué más da, contigo nunca se sabe, ni se supo, porque hasta el yelmo dejaste tirado junto a todos los demás efectos que hicieron de ti ese caballero andante de la triste figura y el constante vacilón.
Si decías amor habría que leerse Yadira, el Dany, el Efra, manzanas, suspiros y gritos felices; tus ‘enanos’ y esa colección de hijos putativos que fuiste dejando aquí y allá… allá y aquí… en París, en Estocolmo; en San Andrés, en Lorica; Taganga; el Putumayo; Urabá; en África, en Venezuela… en esa ‘Bacanquillaֹ’ a donde viniste a nacer a la edad de 3 años, ‘tubellacaquilla’ de bola e’ trapo y salones burreros a la que le conocías de memoria los nombres de cada calle como Topacio y Alondra … mejor dicho en ese ‘todas partes’ a donde fuiste, motivado por tu enorme alma de trotamundos, cosechando a gráneles hijos mayores que tú.
Porque tu siembra fue palabra, títeres; muñecos de trapo; poesía; Sindicato; A.la.cena con zapatos; música; repentismo y eso que araste a manos llenas y que al fin al cabo te definió, una bacanería interplanetaria, nadaística y sencilla que te obsequió más de un millón de amigos y dejaste mamando al mismísimo Roberto Carlos.
Pero si decías muerte, Quijote, Molinero, Mandrake, ojalá y hubiese sido error, pero no, porque tu muerte me llegó volando, demasiado rápido, veloz, como un puto clic. Oye Mandrake y cómo se te ocurrió morirte cuadro, precisamente cuando tu llavería estaba en el baño, nojoda, que eso no se hace, pana… primero tenías que pedirme permiso, loco, para tomarnos unas frías antes en cualquier esquina de Barrio Abajo acompañadas con pan de sal y queso costeño. Te acuerdas cuando Efra Arrieta te aplicó la misma y te acompañé a llorarlo junto al molino del café bar.
Te escapaste del mundo sin mirar pa’atrás, Quijote , pero yo necesito que existas para tropezarme contigo en cualquiera de esos inventos tuyos en los que hasta las estatuas ponías a hablar y compartir un par de cascarazos de Ron Blanco bajo una luna díscola y bartola riéndose de tus ocurrencias y… ¿Ahora quién se va encargar de la decanatura de la facultad de Filosofría y de materias puntuales como los Concervesatorios? Ya sé que reprobé el seminario de Águila Light, pero y ¿Qué hago cuadro? Si me parece como insípida y más bien como para jebas…
“¿Ajá Charly te tomas una fría cuadro? ¿Cómo están el enano y tu flaca?”. Mi brother, Cristo psicodélico de Cumaná; Lennon de barba blanca, hippie redomado de orilla Caribe, necesito que existas para no escribir con agua estas letras y escuchar esas simples preguntas una noche cualquiera de cigarros Premier y frías habladas.
Nojoda Mandrake y ahora quién me escribe un prologario polifónico con sabor a tierra y a sal marina de la orilla de Salgar. Molinero y entonces que pasó con el plan de inventarse otro bar para Cazar la Poesía y a los poetas por las noches bacanquilleras… Quijote y quién va a llamar a mí ‘enano’ por su nombre correcto. Y ahora qué le digo a Sebastian cuando estemos en el mar y me pida ir a tu casa- barco de mirada verde esmeralda. Porque el Sebas te conoció desde la panza y cuando vino al mundo unas cuantas horas después… brindamos por él en tu Caza de Poesía mi hermano.
Socio te hablo desde este rincón de los vivos porque duele que jode que ya no pueda armar plan endomingado de frías y vino y frijoles con carne molida, a la orilla del mar del Salgar escuchando esas millares de historias que tanto gozabas contando, repitiendo hasta la saciedad y causando asombro a todos tus escuchas, que aledados se iniciaban en el ritual de quererte loco.
Ya no puedo decir que tengo un amigo anarquista, ataviado de blanco de la barba a los pies y al que las cosas sanas lo enfermaban, que iba por mal camino pero que iba bien. Ya no puedo pavonearme diciendo que conocía al único ‘bacanquillero’ que estuvo como traductor en Estocolmo cuando Gabito recibió el premio Nobel… cuadro, porque duele que jode despedirte… así haya sido con canciones de los Rolling Stones que nos es cualquier pendejada cuadro.
Porque hace más de unos 8 meses que nos tomamos las últimas frías y un día antes de tu partida hablé de ti y hasta prometí llevar a tu guarida a unos periodistas que querían entrevistarte. Te voy a extrañar flaco entre otras cosas porque me corregiste un libro y después nos comimos y bebimos parte de un premio que ganó… Porque la mayoría de las veces me tuviste en cuenta para los proyectos que cocinabas en tu cabeza encendida de fervor y creatividad, porque un sujeto como tú con tantas charreteras y recorrido nunca se puso con pendejadas y pretensiones de genio… porque por lo menos tres generaciones conocieron la calidez y el palpitar de ese corazón que siempre tuviste abierto de par en par, gozaron de tu hermosa locura creativa, porque supiste ser maestro, amigo y tutor, porque lo mejor que supiste ser, fue un gran ser humano.
Porque aunque nuca aprendí a destapar una fría a la manera precisa, a la manera Tobón, por lo menos ya no paso vergüenza al destapar una botella de vino, porque aunque ambos nos sacamos la piedra en ocasiones, siempre estuvo a la mano y los cinco minutos, un cigarro y una fría que zanjaba cualquier diferencia.
Aunque en tu funeral se nombró la poesía y el teatro caminó triste, taciturno entre el camposanto, recordamos en medio de una risa melancólica, que cuando escuchabas Sympathy for the Devil, se te saltaban los ojos y las gafas se te ponían cuadradas y repetías hasta el infinito, “jueputa, los vi ocho veces y no en Colombia. Esa canción cuadro es la primera vez que las maracas caribeñas entraron al rock”.
Y no bastaron los poemas y la fumigada de cannabis de Nito Manos Abiertas alrededor de la nave marrón en donde te metieron también de blanco, ya descolorido y con un muñeco de trapo en el pecho. Tampoco el llanto de los niños que tanto hiciste reír, porque pese a tus implosiones de cascarrabias consumado, siempre tuviste un palito pa’ los pelaos, que te copiaban como a un flautista encantando…
Pero ese día ya montado en los Wild Horses de esa canción interminable y dolorosa que te acompañó en tu último acto de escapismo, en tu último perfomance no gritaste en ningún momento ¡Silencio! y nadie te hizo caso loco, porque no era un poema el que ibas a incendiar frente a todos… o a romperlo y hacerlo añicos, esta vez fuiste tú… fue tu cuerpo de papel el que recibió el fuego y fuiste tú el poema incendiado que nos dejó a todos “encerrados afuera”…
Y aunque tengo claro que las palabras no son solo eso que dicen y aunque insististe tanto en que cuando decías Aníbal, en realidad no habías querido decir nada… del fondo de ese mar de Salgar, frente a la casa que elegiste para venir a recoger tus pasos, emerge como un arrecife gigante y rotunda una sola palabra: ¡Amigo!












