Odebrecht decidió retirarse como socio principal y mayoritario de Navelena. Propone tres empresas interesadas en reemplazarla.
Por Rafael Sarmiento Coley
El Río Magdalena tiene una especie de ‘fucú’, que cada vez que está a punto de empezar su plena recuperación y vitalidad de sus épocas de oro, algo se atraviesa como una vaca muerta.

Como se ve en este bello paisaje, así se ensombrece la suerte de la recuperación del Río Magdalena, escenario de esta foto.
Y no es algo nuevo. Esto viene desde la época en que el Presidente era Simón Bolívar, quien regía los destinos de la recién creada República de Colombia, independizada en forma bravía y sangrienta de la colonización española.
Bolívar, de buena fe, adjudicó la recuperación y explotación del Río Grande de la Magdalena al alemán Juan Bernardo Elbert, quien comenzó con emoción y bríos a descuajar montañas para sacar la leña de los vapores que trajo para estrenar en la nueva era de la navegación fluvial en Colombia.
Construyó los primeros puertos con escalinatas para el acceso de pasajeros, limpió algunos caños afluentes naturales del Río, corrigió corrientes de otros principales afluentes como el Cauca. Construyó en Barranquilla un moderno astillero para la reparación y adecuación de los buques a vapor de carga y pasajeros.
En fin. Muchos ribereños que habían tenido la suerte de viajar y conocer historia y geografía guardaban la secreta esperanza de que Colombia volvería a rendirle pleitesía y sentirse orgullosa de su Río. Como los franceses con su Sena; los alemanes con su Río Rhin, los norteamericanos con su Hudson; los ingleses con su Támesis, y un poco más atrás en la historia, los egipcios con su Nilo y el imperio romano con su Tiber.
Para muchos de esos pueblos los ríos son fuente de vida, de comercio, de riqueza y de cultura.
Coletazo de la crisis de Brasil

Lo grave es cuando arrecien las lluvias y se crezca el Río hasta salirse de madre por falta de una adecuada canalización. Otra vez se oirá el ¡mamita mía! por las inundaciones.
Juan B. Elbert fracasó de la manera estruendosa porque el Río, siempre indomable en épocas de creciente, arruinó sus vapores. Su reparación y mantenimiento se hizo insostenible. La carga y pasajeros disminuyeron de manera abismal. Historiadores de la época aseguran que Elbert francamente se arruinó con el contrato que le concedió el mismísimo Bolívar, su amigo.
Ahora, la inmensa población ribereña estaba esperanzada en que Navelena sí era la salvación para el Río Magdalena. Sobre todo, porque el dueño del 83 por ciento de la asociación público-privada (APP), era el más poderoso grupo económico del Brasil, y uno de los grandes jugadores en el concierto de los contratistas de Suramérica y el Mundo. El Grupo Odebrecht, con el mayor entusiasmo, hizo presencia en este proyecto y participó de manera muy activa en la conformación y organización de Navelena.
No contaba el importante grupo empresarial con la grave crisis política, social y económica que sobrevendría en Brasil, tras el desplome del Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Louis Inacio Lula da Silva, partido que lo llevó a la presidencia, al igual que a Dilma Rousseff, quien tambaleó ante la arremetida de las protestas sociales y un Congreso de la República con una mayoría en su contra, hasta que la tumbaron este jueves.

Tan bien que iba la hoja de ruta de Navelena, que trajola draga más grande del mundo para canalizar el tramo desde los puertos de Barranquilla, hasta Bocas de Ceniza. Paseo al cual invitaron a los periodistas, esa vez sin ‘confidencialidad’.
Frente a ese desmadre político y social, han salido a flote posibles actos de corrupción en la principal empresa del Brasil, su petrolera Petrobras, y emporios económicos como el Grupo Odebrecht, cuyo presidente, Marcelo Odebrecht, está encarcelado por presunto lavado de activos. Esa negra circunstancia es la que ha oscurecido la hoja de ruta de Navelena, que iba viento en popa.
Lo grave es que ahora en Cormagdalena ni en Navelena nadie quiere hablar de manera pública. La palabra de moda es ‘confidencialidad’. “Yo te cuento la cosa, pero dentro de una estricta confidencialidad y sin que aparezca mi nombre por ninguna parte”, dicen todos.
Y lo peor es que el capitán Álvaro Mendoza Mazzeo, como buen barranquillero, tan accesible a la prensa cuando recién llegó al cargo de director de Cormagdalena, ahora deja el celular en manos de una secretaria que parece funcionaria de la Gestapo. Su asistente, la barranquillera Erika Escaff, también muy amiga de conversar con los medios, no responde mensajes ni llamadas; Paula Molano, la jefa de prensa, parece que tiene un tapón en la boca. Por los lados de Navelena, su representante legal, Jorge Barragán, tiene un mensaje grabado en su celular que dice “ahora no puedo responderle, por encontrarme en Brasil”. Queda de consuelo que si quiera nos envían los comunicados oficiales de prensa, como en las épocas de las dictaduras.
Comunicado de prensa

Como buen barranquilllero, dicharachero y conversador, el capitán Álvaro Mendoza Mazzeo, director de Cormagdalena, ahora no le suelta prenda a nadie.
El siguiente es el texto del comunicado de prensa expedido este jueves por la Corporación Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena), en relación con el contrato de asociación público-privado (APP) para la recuperación de la navegabilidad de la principal arteria fluvial del país:
Bogotá, 12 de mayo de 2016. La Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena, Cormagdalena, informa a la opinión pública que, de acuerdo al plazo otorgado, el asociado Navelena entregó este miércoles documentación complementaria para la acreditación del cierre financiero del contrato de Asociación Pública Privada 001 de 2014, para la recuperación de la navegabilidad del Río Magdalena.
Odebrecht ha decidido ceder su participación accionaria mayoritaria dentro de la sociedad Navelena SAS, en aras de lograr acreditar la solvencia financiera y garantizar así la credibilidad frente al Proyecto de APP, que se ha visto afectada por los problemas reputacionales que enfrenta la firma brasilera. Para esto, ha presentado tres cartas de intención de empresas interesadas en la cesión antes mencionada.

Los pueblos del Magdalena están asustados. Arriba está lloviendo, y ya empieza a crecer el río en la parte baja. No demora la arremetida del río, aniega y arrasa poblaciones, cultivos y animales de corral.
A esta estrategia, la Corporación hará acompañamiento y monitoreo permanente, hasta la fecha del cierre financiero ,11 de junio de 2016, de conformidad con lo estipulado en el contrato.
En este momento existen acuerdos de confidencialidad entre el asociado Navelena y los inversionistas interesados que limitan divulgar el nombre de dichas compañías.
En consecuencia, la Corporación entrará ahora a analizar esta documentación y la calidad de los inversionistas de tal forma que se garantice la plena capacidad de los mismos para la ejecución de este importante contrato.
Cormagdalena estará atenta al cumplimiento de todos los procesos, plazos y condiciones legales. Nuestro norte y principal objetivo consiste en recuperar la navegabilidad del Río Magdalena a través de una gestión transparente y apegada a la ley y al contrato.











