Por: Francisco Figueroa Turcios
Dos pequeñas manos chocoanas quedaron atrapadas entre las manos de una mujer acostumbrada a sostener micrófonos, levantar trofeos y recibir aplausos en los escenarios más importantes del mundo: Shakira.
Pero aquella tarde del lunes 17 de agosto 2026, no había estadio. No había luces. No había coreografía. Habían dos niñas. Nicole Celeny Rentería y Kendry Yareisy Murillo Tamayo que recorrieron junto a Shakira por todos los espacios del Colegio Pies Descalzos María Berchmans de Quibdó.
Y por unos instantes, la estrella internacional dejó de parecer inalcanzable. Shakira las tomó de las manos y no las soltó durante todo el recorrido. Las escuchó. Conversó con ellas. recorrió todo el colegio donde ellas cursan cuarto grado, que también fue victima del devastador terremoto .

Foto: Nubia Córdoba, Gobernadora del Chocó, Nicole Celeny Rentería, Sharika y Patricia Sierra, directora Fundación Pies Descalzos
Quibdó todavía tenía en la memoria el estremecimiento de la tierra. El terremoto que una semana antes había dejado heridas visibles, incertidumbre y una sensación de fragilidad en una tierra acostumbrada a resistir. En medio de ese paisaje, donde las grietas no solamente estaban en las paredes sino también en el corazón de muchas familias, llegó Shakira.
Durante su recorrido por el Colegio Pies Descalzos María Berchmans Quibdó ocurrió uno de esos momentos que, aparentemente pequeños, terminan teniendo una dimensión enorme.
Shakira se encontró con las estudiantes Nicole Celeny Rentería y Kendry Yareisy Murillo Tamayo. No hubo un gran escenario. No hubo luces de concierto. No hubo miles de personas coreando su nombre. Hubo algo mucho más sencillo. Sus manos.
La artista tomó las manos de las dos estudiantes. Las miró y compartió con ellas todo el recorrido por el colegio Pies Descalzos María Berchmans que terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más humanas de su visita a la capital del Chocó.
A veces la solidaridad no necesita discursos.A veces basta un gesto.

Foto: Nicole Celeny Rentería, Shakira y Kendry Yareisy Murillo
Las manos de Nicole Celeny Rentería y Kendry Yareisy Murillo Tamayo representan a toda una generación de niños y jóvenes chocoanos que han crecido aprendiendo que la adversidad no puede convertirse en destino. Son las manos de quienes tendrán que ayudar a reconstruir su tierra, levantar nuevamente sus escuelas y convertir las heridas del presente en las oportunidades del mañana.
Y las manos de Shakira, acostumbradas a sostener micrófonos ante multitudes en los escenarios más importantes del planeta, esta vez encontraron otro propósito: estrechar las manos de dos niñas que, como miles de estudiantes del Chocó, necesitan que el país no las olvide.
Quizás allí estuvo la verdadera dimensión de aquel encuentro. Porque detrás de la fama, los reconocimientos y los millones de discos vendidos, había una mujer frente a dos estudiantes. Y detrás de esas dos estudiantes estaba todo un departamento que reclamaba solidaridad.

Foto: Nicole Celeny Rentería, Shakira y Kendry Yareisy Murillo
La visita tenía, además, una dimensión concreta. Shakira llegó a Quibdó acompañada por Howard Graham Buffett y expresó su compromiso con la recuperación de la educación en el territorio. Los anuncios de apoyo para la reconstrucción de instituciones educativas representaban una ayuda necesaria después de la tragedia.
Pero las cifras y los compromisos, aunque importantes, no cuentan toda la historia.Hay momentos que no caben en un comunicado. Hay imágenes que no necesitan estadísticas. Y aquella escena entre Shakira, Nicole y Kendry pertenece precisamente a esa categoría.
En una región donde históricamente la educación ha tenido que abrirse camino entre dificultades económicas y sociales, la presencia de una figura internacional adquiere un valor que va más allá de la fotografía. Es un mensaje para los niños: estudiar vale la pena. Es un mensaje para las familias: no están solas. Y es también un mensaje para Colombia: el Chocó no puede aparecer en el mapa solamente cuando una tragedia lo sacude.
El encuentro fue breve, pero seguramente permanecerá durante mucho tiempo en la memoria de aquellas dos estudiantes.Quizás algún día Nicole y Kendry recuerden aquel momento y vuelvan a pensar en las manos de Shakira.
No recordarán solamente que tuvieron frente a ellas a una de las artistas colombianas más reconocidas del mundo. Recordarán que, en un momento difícil para su tierra, alguien llegó para escucharlas, acompañarlas y transmitirles esperanza.
Porque después de que la tierra tiembla, queda la tarea de reconstruir. Se reconstruyen las casas.Se reconstruyen las escuelas. Se reconstruyen los caminos.Pero también hay que reconstruir la confianza.Y para reconstruir la confianza se necesitan manos.
Las manos de quienes ayudan. Las manos de quienes educan.Las manos de quienes trabajan.Las manos de quienes no se rinden.Y también las manos pequeñas de niños y niñas que representan el futuro.
Por eso aquel gesto de Shakira puede terminar siendo más poderoso que cualquier discurso.Dos niñas del Chocó tomaron las manos de una mujer que ha recorrido el mundo cantando, pero que en Quibdó quiso hablar otro lenguaje: el de la solidaridad.
Afuera, el recuerdo del terremoto seguía presente.Adentro, dos estudiantes recibían un mensaje silencioso.La tierra había temblado.
Pero aquella tarde, en medio de las heridas de Quibdó, dos pequeñas manos encontraron otras manos que les recordaron que siempre habrá razones para volver a levantarse.

Foto: Nicole Rentería, Shakira y Kendry Murillo
Adentro quedaron tres mujeres —una adulta y dos niñas— compartiendo un instante de humanidad.Por eso aquella escena puede terminar convirtiéndose en una de las imágenes más memorables de la visita de Shakira al Chocó. No por el brillo de su nombre, sino por la sencillez de su gesto.
Porque a veces la solidaridad no llega envuelta en grandes discursos. A veces llega caminando. A veces escucha. A veces sonríe. Y, a veces, simplemente toma una mano.
Aquel día, Shakira tomó las manos de Nicole y Kendry. Y durante todo el recorrido por el colegio Pies Descalzos María Berchmans pareció que no era una estrella mundial quien caminaba por un colegio de Quibdó. Parecía, sencillamente, una mujer acompañando a dos niñas.
Quizá allí estuvo la verdadera grandeza de su visita: en recordar que, después de una tragedia, antes que las cámaras, los titulares y los discursos, están las personas. Y que una mano extendida puede convertirse en el primer puente para volver a creer











