Los pocos supervivientes de la epidemia siguen con enfermedades cerebrales, según reportó la Academia Americana de Neurología.
Por: Gerson De Jesús Brugés González – chacharero
El virus se detectó por vez primera en 1976 en dos brotes simultáneos ocurridos en Nzara (hoy Sudán del Sur) y Yambuku (República Democrática del Congo). La aldea en que se produjo el segundo de ellos está situada cerca del río Ebola, que da nombre al virus. La epidemia que explotó en 2014, dejando como resultado 11.300 muertes en los territorios de Sierra Leona, Liberia y Guinea, está aparentemente controlada. El drama ahora es de los sobrevivientes, quienes, según la Academia Americana de Neurología, siguen con enfermedades cerebrales.
El control de la epidemia se debió en gran medida a la creación de la vacuna VSV-EBOV, que fue probada por 4.000 habitantes de Guinea dando buenos resultados y siendo certificada por la Organización Mundial de la Salud. No obstante, la Academia Americana de Neurología realizó un estudio con 82 “sobrevivientes” del ébola y descubrió anomalías 6 meses después de haberse curado con la vacuna.
La investigación denominada ‘Prevail III’, realizada por un equipo de neurólogos del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), que sigue a los pacientes que han padecido el virus y a sus contactos cercanos, ha examinado a 82 sobrevivientes de ébola de Liberia con una edad media de 35 años.
La mayoría de los supervivientes tuvieron alguna anormalidad neurológica, según el estudio. Los problemas más comunes fueron debilidad, dolor de cabeza, pérdida de la memoria, depresión y dolor muscular. Dos personas fueron suicidas y una sufría alucinaciones. Estos hallazgos neurológicos habituales fueron movimientos oculares anormales, temblores y reflejos anormales. Los controles están en proceso de ser evaluados para determinar cuál de estos hallazgos son específicos del ébola.

Cafferkey contrajo el ébola cuando trabajaba en Kerry Town, con la organización humanitaria «Save the Children».
La enfermera británica Pauline Cafferkey, aislada dos veces tras contraer el ébola en 2014 en Sierra Leona, ha sido hospitalizada por tercera vez, informó el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido. Un portavoz del NHS en Escocia, donde reside la joven, indicó que «tras ser examinada de forma rutinaria por la Unidad de Enfermedades Infecciosas, Pauline Cafferkey ha sido admitida en el hospital para realizar más investigaciones».
Cafferkey ha ingresado en el Hospital Universitario Reina Isabel de Glasgow, donde el pasado noviembre ya se recuperó de una meningitis relacionada con el virus.
El informe de la investigación por parte de la Academia Americana de Neurología será presentado del 15 al 21 de Abril en Vancouver.
Por otro lado, la investigación realizada por The associated press contra Trabajadores de la compañía Metabiota Inc quienes fueron escogidos por la OMS y el Gobierno de Sierra Leona para combatir el virus señala que cometieron graves errores durante los meses del control de la enfermedad, lo cual llevo a que se expandiera más el virus y cobrara el alto número de vidas humanas. «No hubo control en lo absoluto con las muestras realizada dentro de los laboratorios lo cual era particularmente peligroso y dada la sospecha entre la población local de que los mismos trabajadores internacionales estaban diseminando el virus intencionalmente», indica.

Nathan Wolfe dice que envió de manera voluntaria recursos y personal a Sierra Leona, lo que significó un gasto de unos 500.000 dólares para su compañía.
El director general de Metabiota, Nathan Wolfe, dijo que no hay evidencia que muestre que su compañía fue responsable por los problemas en el laboratorio. Dijo que las disputas reportadas fueron exageradas y que cualquier predicción hecha por sus empleados que estaban trabajando con el gobierno de Sierra Leona no reflejaba la posición de la compañía.
El personal de la compañía ayudó a entrenar a centenares de trabajadores de salud bajo los lineamientos de la OMS. Pero en cuestión de semanas el virus se propagó en todo el país y ante el incremento de decesos, los expertos comenzaron a cuestionar el trabajo realizado en el laboratorio en Kenema, compartido por Metabiota y Tulane, que poseía su propio proyecto de investigación sobre la fiebre Lassa y otras enfermedades.











