El secretario de Cultura reconoce que articular las expresiones de la ciudad ha sido su gran reto. Se siente respaldado por la alcaldesa y por todos los que hacen que Barranquilla sea una de las capitales culturales del país.
Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa – Editor General
Afif Simán Slebi (ASS): Llevo tres años en la secretaría de Cultura y nadie me había preguntado por mi familia. ¿Por qué me haces esas preguntas?
Jorge Mario Sarmiento Figueroa (JMSF): Porque la cultura de una persona, además de lo que piensa, siente, dice y hace, también se ve en lo que lo rodea y lo que trae con su pasado. Su familia, por ejemplo. Y entonces, ¿quién es usted?

Jorge Sarmiento Figueroa, de Lachachara.co, a la izquierda; Afif Simán Slebi, Secretario de Cultura de Barranquilla, a la derecha.
ASS: Soy descendiente palestino. Mi papá se llama Habib Simán, mi mamá Rosita Slebi. Mi abuelo, Afif, nació en Palestina, a los 12 años vino a Barranquilla. Mi abuela Emely, madre de mi papá, también nació allá, la trajeron de un año y vivió mucho tiempo en en el municipio de Suan, en el sur del Atlántico. Es más, la casa en la que hoy queda la Alcaldía de Suan es donde ella vivía con mis bisabuelos. Esa es mi historia por parte de papá. Por parte de mamá, mi abuelo Carlos nació en Ciénaga, Magdalena, vivió allá varios años. Su esposa, que es mi abuela Tere, nació en Barranquilla pero es cachaca, sus padres son del interior. Es ahijada del ex presidente Mariano Ospina Pérez.
JMSF: ¿Cómo es su familia actual?
ASS: Tengo dos hermanos menores. El segundo parece mayor que yo, se casó primero y tiene ya tres hijos. Ambos son empresarios. Yo me casé y tengo un hijo. Y tengo 40 años recién cumplidos.
JSMF: Antes de ser secretario de Cultura, ¿a qué se dedicaba usted?
ASS: Era sub-secretario de Turismo en la Gobernación del Atlántico. Antes trabajaba en el Club Campestre, adonde llegué como gerente porque varios socios me pidieron que ayudara a sacar de la crisis al Club. Mi abuelo fue socio fundador del Campestre, así que acepté. Estando allá hubo un almuerzo con Carlos Rodado, que era el gobernador de ese entonces y a quien la comunidad árabe quería hacer un homenaje. No nos conocíamos, hablamos un rato y de pronto me dijo: «Afit -nunca me ha dicho Afif, con f-, uno alguna vez en la vida tiene que servir en el sector público. Vente a trabajar conmigo».
Un paréntesis
Quienes conocen a Rodado y han recibido una oferta de él, suelen afirmar que es casi imposible decirle que no, como ocurría con Don Vito Corleone, el capo de la saga fílmica El Padrino. En el caso de Rodado el poder de persuasión radica en su vasta cultura y experiencia. «Afit -con t-, hay tres cosas que no se pueden echar para atrás: la palabra dada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida», le dijo el gobernador. Y aceptó. El Sombrero Vueltiao y las playas modelo en Sabanilla son algunas de las obras que Simán Slebi destaca de su paso por la sub-secretaría de Turismo.
Tenía previsto trabajar solo un año o año y medio en el sector público, como un paréntesis en su vida, pero se quedó cuatro años seguidos con Rodado. Allí trabajó con Elsa Noguera, que era tesorera de la Gobernación y quien luego lo invitó a trabajar con ella en la Alcaldía Distrital.
JMSF: Trabajar en cargos públicos con alta exposición mediática y de contacto permanente con la comunidad puede traer consigo el gusano de la política. ¿No lo ha mordido ese gusano de lanzarse a una campaña electoral?
ASS: A mí no me ha mordido. Rodado Noriega tenía razón: trabajar en el sector público uno tiene que asumirlo como un servicio. Todo ciudadano debería tener la oportunidad de asumir ese servicio público y aprovecharla. No necesariamente hay que ser elegido para una Alcaldía o designado para una Secretaría, porque desde cualquier rol uno puede aportar. Trabajar por la gente desde lo público trae una satisfacción única.
Su balance de tres años en la Cultura
Afif Simán es administrador de empresas y máster en estudios económicos y políticos de la Universidad del Norte, e hizo estudios de turismo en Corea. Su aspecto físico denota por la alta estatura, en comparación al promedio de los barranquilleros; pero lo que más resalta de su presencia es la economía de palabras. Contrario a la costumbre de los funcionarios públicos de querer brillar y hablar en los eventos incluso por encima de los verdaderos protagonistas, Simán Slebi prefiere ir al grano, resaltar a los líderes de los eventos, recordar el compromiso de la Alcaldía con la cultura, e irse a sentar.
Cuando se posesionó como secretario encontró que la ciudad tenía una rica variedad de eventos, pero que la gente los desconocía. Él asistía puntual a dar el escueto saludo protocolario y se daba cuenta que los escenarios estaban vacíos. Decidió entonces que lo primero en trabajar era en los mecanismos de difusión. «De la mano con las organizaciones y por supuesto con la alcaldesa hemos puesto el tema de la cultura en primera línea de la ciudad. Que Barranquilla haya sido elegida como Capital Americana de la Cultura en 2013 fue una oportunidad que aprovechamos. A partir de allí cada trimestre construimos una agenda de temas y actividades centrales que comunicamos por todos los medios, enriqueciendo el panorama de los barranquilleros y atrayendo con más fuerza a los turistas, entidades y empresas inversoras de la cultura», explica Simán Slebi.
Hoy hace un recuento en cifras de lo logrado y destaca, en orden aleatorio:
– Alianzas con entidades como el Banco de la República y el Teatro Amira de la Rosa: Aumento de casi un 300% en la cantidad de eventos gratuitos en el Teatro.
– Casas de Cultura: Hoy existen 71 en Barranquilla y son un modelo a nivel nacional e internacional. Cubren una población de 13 mil habitantes de la ciudad, especialmente en barrios en los que se necesita más transformación y creación de vínculos y afectos para superar la inseguridad.
– Escuela Distrital de Arte, EDA: Pasó de tener 200 estudiantes y una deserción del 80% en 2013 a más de 2 mil estudiantes inscritos en 2015. Se abrió una carrera técnica en Audiovisuales, y en junio se abrirá la de Carnaval y Patrimonio Cultural Inmaterial. Para pasar de 200 estudiantes en la EDA a 2 mil aplicaron la estrategia de aprovechar la infraestructura de los colegios. Hoy funcionan con tres de estas sedes, ubicadas donde hay más concentración de población interesada. Este año se está haciendo la adquisición de una sede propia, luego de 17 años de creada la entidad. La EDA es un nivel superior técnico, mientras que las Casas de Cultura tienen nivel básico.

La alcaldesa Elsa Noguera y su secretario de Cultura entregan dotación de instrumentos a las Casas de Cultura. (foto cortesía www.regióncaribe.org)
«Además apoyamos museos, teatros, festivales, actividades y todo lo que el Estado pueda promover y fortalecer, que ya esté funcionando y sea creación de la misma comunidad. Nuestra filosofía es que los recursos se inviertan en la agenda de ciudad, que es la agenda de todos, de las organizaciones que hacen la Cultura. Como Secretaría no estamos para inventarnos todo, sino para apoyar lo que la misma comunidad hace, sobre todo en una ciudad como Barranquilla, que es tan rica», expresa.
La forma en que Siman Slebi está midiendo su gestión tiene mucho que ver con la cultura árabe de la cual proviene, reconocida por administrar centavo a centavo y sacarles el máximo provecho. «Hemos hecho inversiones importantes -aclara Afif Simán- pero con recursos limitados hemos tenido un gran impacto. Un ejemplo, en las Casas del Cultura atendemos más de 13 mil personas y varias de ellas aportan su talento a los más grandes eventos de Barranquilla; en el pasado Carnaval nuestros estudiantes abrieron los desfiles. Además aplicamos estrategias de ahorro que impliquen beneficios para todos, como la de ampliar a dos semestres de estudio por año en la EDA, de tal manera que hoy un estudiante no se gradúa en 3 años, sino en año y medio».
Plan Especial de Salvaguarda (PES)
Simán Slebi tiene claro que el principal reto que tiene el Carnaval de Barranquilla es poder equilibrar el interés comercial en su financiación y la esencia cultural que debe preservarse. Por eso la pregunta es directa: ¿De qué le sirve el PES al Carnaval?
ASS: Todos sabemos que hay excesiva comercialización y uso de expresiones artísticas que no son propias, precisamente por el afán comercial que se tiene en aras de que el Carnaval crezca. Lo que venía pasando es que no contábamos con un acuerdo formal y colectivo que guiara las fiestas y por eso no había nadie que pudiera decir qué va o qué no va en ellas. Yo, por ejemplo, no soy nadie para decir qué música puede tener el Carnaval o cuál no. O qué tanta publicidad se puede poner y dónde. Eso sería subjetivo. El Plan de Salvaguarda es un acuerdo social hecho por más de 400 personas, entre artistas, hacedores, empresarios, periodistas, gestores y sector público, para establecer líneas de acción con base en los riesgos analizados, para hacer lo importante: salvaguardar la fiesta pública más importante de Colombia.

Simán Slebi en el balcón de su oficina, que queda en la Intendencia Fluvial y que le da vista hacia el caño de la Ahuyama. Es un paisaje de canoas, garzas y follaje que poco a poco recupera su verdor y su limpieza. Allí funciona la secretaría de Cultura, un símbolo de la visión futura de la ciudad.
JMSF: ¿Qué trabajo es más chicharrón, ser secretario de Cultura de Barranquilla o ser director de la Fundación del Carnaval?
ASS: Creo que el chicharrón está en la pregunta, porque no se pueden comparar esos trabajos. Lo que sí sé es que con el crecimiento constante del Carnaval lo que se viene es trabajo para todos, porque cada vez se hace más compleja la fiesta. Este año nos comprometimos a dejar una regulación que sirva de base para el futuro, para que haya una ruta a seguir en cuanto al respeto por la esencia y tradición de la cultura de Carnaval. Aclaro que esto no es de la noche a la mañana y no es un invento mío ni de una sola persona, es una respuesta colectiva a una necesidad de ciudad.












