Opinión

Por una Colombia unida

Mientras la clase política se mueve con lentitud en las decisiones de la paz, la sociedad se manifiesta en todos los rincones del país.

Por Jair Vega

Sociólogo, profesor e investigador de la Universidad del Norte.

Sociólogo, profesor e investigador de la Universidad del Norte.

Claro que quiero una Colombia unida y en paz, y en convivencia, y en respeto. ¿A quién se le ocurre que no? El problema es que para unirse se necesitan acuerdos básicos que soporten la unión, no se trata solo de encontrarse en una plaza y abrazarse y decir ahora somos hermanos como si nada pasara.

Me podría abrazar tranquilamente con quienes se puedan gastar la vida entera debatiendo y dando argumentos propios, respetando e incluyendo los argumentos de todos, sin considerar ninguno insignificante. Pero no con aquellos que intenten manipular a las personas o que quieran defender ideas que no son ciertas y que pueden ser nocivas, ciegamente, sin ningún argumento.

Me puedo abrazar con quienes crean en la justicia y en una justicia que considere todos los crímenes como crímenes y no los dividan entre los crímenes cometidos a nombre del mal y los cometidos a nombre del bien. Si un guerrillero ha utilizado el secuestro o el asesinato, es tan vil como un soldado o policía que ha utilizado la tortura y la desaparición. Pero no me podría abrazar con aquellos que crean que unos crímenes se justifican por el propósito y han terminado defendiendo ya sea los crímenes de la guerrilla, del Estado o de los paramilitares, por ejemplo.

Me puedo abrazar con quienes consideren que la justicia se construye con transparencia y verdad, donde todos quienes han participado de alguna manera en la guerra, deberían dar la cara por sus acciones y pedirle perdón al país, y por supuesto en aras de avanzar hacia esa Colombia en paz, merecerían la oportunidad de desarrollar acciones para reparar a quienes hayan sido sus víctimas. Pero no me puedo abrazar con aquellos que consideran que algunos sectores privilegiados tengan una justicia aliviada, negándole la posibilidad a la víctimas -y al país- de conocer la verdad y de ser reparadas. Comprando con penas bajas un silencio que el país no se merece y que solo conviene a unos pocos. En estos últimos casos, la cárcel se convierte en la mejor forma de impunidad.

Me abrazo con quienes crean que en el proceso de reparación es necesario devolver cada hectárea de tierra adquirida a través de presiones violentas durante el conflicto armado. Sin importar si esta tierra fue tomada por las Farc o fue adquirida por particulares. Los procesos de justicia transicional deberían conllevar a evaluar cada caso y a definir sus condiciones de legalidad o ilegalidad en su adquisición. Parte de la tarea que tenemos es ir creando escenarios de justicia que realmente puedan ser abiertos al país y en los cuales podamos ir ganando confianza. Uno diría que si avanzamos en este aspecto con todo el acompañamiento y veeduría internacional, el que nada debe nada teme. Pero no me puedo abrazar con aquellos que consideren que las Farc sí tienen que devolver todas las tierras, pero que los acuerdos deben blindar a particulares que adquirieron tierras durante la guerra, sin importar si lo han hecho legal o ilegalmente.

Me abrazo con quienes crean que tenemos que presionar para que las penas alternativas a las Farc sean reales, se cumplan y efectivamente contribuyan a una efectiva reparación de las víctimas. No con quienes simplemente apoyan un acuerdo para luego olvidarse irresponsablemente de hacer seguimiento, sin comprometerse realmente con las víctimas o con quienes consideren que los escenarios de justicia son más de venganza que de justicia y reparación.

Me abrazo con quienes entiendan que hay sectores sociales como el de los campesinos que merece que como sociedad le devolvamos la deuda que tenemos con ellos por todos los años de abandono a los cuales los hemos sometido. Pero no me abrazaría con aquellos que consideren que es necesario seguir privilegiando la inversión y protección de los intereses de las élites que siempre han usufructuado a su favor las decisiones políticas.

Ahora bien, con quienes no me abrazo no quiere decir que no los valoro y no los respeto, tienen todo su derecho a tener sus posturas, así como yo tengo todo el mío de no abrazarles y por supuesto de no compartir sus puntos de vista. Tampoco creo que sea sano que a quienes hemos defendido los acuerdos tal como están se nos considere divisionistas porque seguimos haciendo críticas a muchas de las posturas infundadas y manipuladas que se utilizaron y se siguen utilizando para promover la votación en contra de ellos o para incluir transformaciones que solo benefician a pequeños grupos del poder.

Esta es mi respuesta, por supuesto sigo en la plaza, en la física y en la virtual, y en todos los escenarios de este debate por la paz. Porque considero que para avanzar hacia la construcción de una paz estable y duradera hay que mantener estos criterios básicos: la equidad, la inclusión, la responsabilidad, la verdad, la confianza, todas las cuales en conjunto serán las garantías de la no repetición.

Así es que les invito a una Colombia unida a partir de estos propósitos y estos criterios. Es más, si tienen otros propósitos y otros criterios que consideren sean necesarios, bienvenidos porque para eso es el debate. Un abrazo grande, respetuoso, incluyente, solidario y con toda la esperanza que tengo de compartir con ustedes.

Noticias relacionadas
LocalesOpiniónReflexión

Los opresores de cada día

OpiniónReflexiónReportajes

Disrupción universitaria

OpiniónReflexión

Locuras de Quijote

Arte y CulturaEntretenimientoFeria de ArtesLiteraturaLocalesNacionalesOpinión

XX edición del Carnaval Internacional de las Artes: espectacular y maravilloso

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *