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¡Para la paz primero tenemos que desarmarnos!

Nos la pasamos buscando a lo largo de la vida un tesoro, algo por el para qué vivir, en ese afán perdemos de vista lo simple de la existencia, que la magia siempre ha estado dentro de nosotros.

Por: Ricardo Gonzalez Ternera

Como psicólogo clínico, docente y sobre todo como ciudadano siempre trato de estar pendiente de las cosas que suceden alrededor de mi país. Hoy, en particular, captó mi atención la marcha en contra de Santos y el proceso de paz con las FARC. Creo que la marcha apunta a algo muy claro del que estoy de acuerdo; sin embargo, desde mi perspectiva, los argumentos no son del todo válidos. Es decir, es cierto que Santos ha apostado todo a un proceso de paz descuidando frentes como la educación, la salud, seguridad nacional y entre muchos tantos que afectan a nuestro país. En este sentido, estoy de acuerdo que Santos ha vendido la nación y hemos caído en una crisis similar a la de Pastrana en el 98´. Pero, creo que esto alude a una incompetencia del presidente más que otra cosa. Me atrevo a decir que como seres humanos, en una situación de impotencia y/o crítica nos es más fácil encontrar alguien dentro del cual depositar la frustración, ese alguien es la FARC. La cual dudo que sea el centro de los problemas de Colombia, pero creo que así lo venden, como una forma de sublimar los deseos de mejora de la nación, es decir, creer que las FARC es la responsable de todos los males que padecemos. Lo cual como comenté, es bastante irracional.URIBE-MARCHA-2-590x488

Así, me preocupa por ejemplo, nunca haber visto una marcha contra las auto-defensas. Recuerdo la masacre del salado, esa que los paras´ decapitaron a medio pueblo y jugaron futbol con sus cabezas. Hoy desmovilizados, son el centro de la delincuencia en las ciudades; sin embargo, nadie protesta sobre ello. Creo que hemos perdido el foco, digo, es normal, hay que encontrar a quien señalar. Al final del día es más fácil y tranquilizador.

Antes de que el lector asuma que no tengo opinión acá por no verme afectado por las FARC, quiero comentar lo siguiente: mi abuelo tuvo finca e incontables veces ellos se la quemaron. Así, desde una postura personal, cada quien vive o asume lo que le sucede con los recursos que encuentra. Con esto quiero decir, que el proceso de paz funciona o puede equiparse en algún grado a una relación en pareja. El confiar alude a un salto de fe, la verdad, nunca vas a estar del todo seguro si te es infiel o no, pero confías no sólo en ella/él, sino en ti como un ser humano que vale la pena donde ella/él sería un tonto por no aprovecharte. Así, el confiar empieza desde uno mismo, atreverme a bajar los brazos y decir “aquí estoy vulnerable ante ti , estoy dispuesto a dar amor y recibir y confío en que no me vas a hacer daño”. De esta manera, no sólo es la FARC quien se debe desarmar, también nosotros. Todo el debate alrededor, como psicólogo, me hace pensar el profundo miedo que sentimos y es ese mismo miedo quien nos impulsa a rechazar todo acto de paz. Me recuerda a mis pacientes, quienes por miedo a que le hagan daño los demás, evitan vincularse afectivamente, aunque se sienten seguros análogamente experimentan una profunda soledad por no poder dar amor. Amor, esa potencialidad que nos viene dada pero nadie nos enseña a desarrollar, tenemos que aprender sobre la marcha, nadie nos enseña a amar por eso se nos hace tan complicado. Así, sólo a partir de este proceso encontraremos la paz, no sólo con las FARC, también con nosotros mismos.

El mundo no lo construyen los demás, nosotros tenemos gran influencia en la construcción de él. Así, lo ajeno alude a mí por la posición que asumo ante él. Entonces, yo elijo ante que reaccionar o no. Como elijo no marchar por la guajira, por las alzas en energía o problemas con el sistema de salud. Como ven, cada quien desde su posición defiende sus intereses.  Entonces, la paz empieza el momento en que yo decido hacer el bien y no hacerme “el más vivo” o en vez de sobornar el policía y aceptar la multa. Pero todo también sucede en un marco constitucional, donde la policía y el estado han fallado, ya no hay una confianza en las instituciones ni siquiera en la familia, quien es la principal en la construcción de una nación. Pero todo esto no se fue al caño por las FARC. Se fue al caño por decidimos cada día ignorar.

Ahora, antes que pregunten qué hago yo. Pues yo elijo en mi consultorio tratar de ayudar a que las personas se encuentren con su mejor yo, que sean libres y sean capaces de desarrollar su potencial. En el salón de clases, forjar personas capaces de trascender sus limitantes y en vez de trabajar única/exclusivamente para sí laboren también por construir algo mejor en el mundo. Y eso es lo que yo elijo, tal vez podría hacer más, pero es lo que yo decido y me hago responsable de ello. La invitación es ampliar la conciencia, y no asumir, que con paz o guerra con las FARC el país mejora o empeora. Existen otros frentes dentro del cual hay que hacer algo.

 

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