Cuidar las sillas del Transmetro, cruzar la calle por las cebras, esperar el bus en la respectiva parada, no arrojar basura a la calle. Respetar el derecho ajeno.
Por Laura De Moya Guerra, especial para chachareros*
No es difícil evidenciar que Barranquilla se está transformado. Los barranquilleros estamos experimentando un cambio físico en la ciudad a través de las múltiples construcciones hoteleras, el crecimiento acelerado de viviendas familiares, un nuevo sistema de transporte masivo, nuevas zonas francas, ampliación de arterias viales, llegada de empresas multinacionales, inversiones, entre muchas otras cosas visibles y no tan visibles.
Sólo basta con dar un paseo en la ciudad para darse cuenta de que Barranquilla está creciendo, se está transformando. Ya no somos la Puerta de Oro de Colombia, hemos decidido ser ahora la capital estratégica del TLC.
Sin embargo, a pesar de todos estos cambios que se reflejan en disminución de la tasa de desempleo y reducción de los niveles de pobreza, esta nueva ciudad requiere unos nuevos ciudadanos. Esto es sencillo de explicar, pero muy difícil de lograr. Los seres humanos, no sólo los barranquilleros, nos acostumbramos a hacer las actividades con ciertos métodos específicos. Por ejemplo, nos acostumbramos a cruzar la calle por la cebra o no cruzarla por la cebra, así de simple. Por increíble que parezca intentar cambiar este tipo de comportamientos es más difícil y toma más tiempo que construir un hotel cinco estrellas. La razón por la que esto es así es que estas son instituciones informales que se van adentrando en las personas hasta que se convierte en su actuar cotidiano.

Muy poca gente en Barranquilla respeta cruzar por las cebras en los semáforos. Esa es una tarea pendiente en el Distrito. Fomentar la cultura ciudadana.
Por lo tanto, la ciudad que se está transformado requiere que sus habitantes se transformen también. Con esto hago referencia a que los esfuerzos de la administración distrital deben estar no solamente encaminados al crecimiento económico de la ciudad a través de las nuevas vías, centros de convenciones y demás, sino que también debe hacerse un esfuerzo institucional por generar un cambio en los habitantes de la ciudad. Este cambio debe estar encaminado a educar ciudadanos responsables con su ciudad. ¿Cómo es posible que aún la gente bote basura a la calle?, ¿Por qué se nos es tan difícil entender que el semáforo en rojo es para detenerse?, ¿Por qué rayamos los asientos de los buses o dejamos sucio los baños públicos?
Un ejemplo para citar aquí fueron las dos alcaldías de Antanas Mockus en Bogotá. Mockus se comprometió con la cultura ciudadana y se evidenció un cambio en los ciudadanos que impactó en Bogotá. En esos dos gobiernos hubo una disminución en la tasa de los homicidios, se adelantaron jornadas de prevención de violencia familiar, se implementó la ley zanahoria, la gente aprendió a respetar las señales de tránsito y practicar normas de civismo. Pero este cambio no es fácil y requiere compromiso y mucha creatividad por parte de las instituciones distritales y de la ciudadanía.
La alcaldía, junto con la policía cívica, han implementado el programo Todos al Parque que contempla la renovación física de los mismos al tiempo que se crea sentido de comunidad y civismo. En la misma línea se han dispuesto en la ciudad las ciclo rutas que intentan enseñar tanto a ciclistas, conductores y peatones el respeto por las normas de tránsito, vitales para una mejoría en la movilidad de la ciudad. Si bien se reconocen estos dos programas de la Alcaldía creados para generar un cambio en el civismo de los habitantes, hacen falta políticas públicas que sean “agresivas” y constantes para evidenciar un real cambio.
Ya hemos iniciado una transformación. Barranquilla como ciudad está en vía de convertirse en ese espacio que permita a sus habitantes el desarrollo pleno de sus capacidades tal como lo es el modelo de ciudad de la teoría del desarrollo sostenible. Es posible transformar esos hábitos arraigados (instituciones informales) de los barranquilleros y convertirlos en actuaciones que sean respetuosas y responsables con su ciudad.
*Graduada en Ciencias políticas y politóloga de la Uninorte











