Nos ha tocado vivir la época en que la corrupción se ha convertido en la cima de la moral política.
Por Jorge Guebely
La época en que la inmoralidad es la bandera de los exitosos, en que la mentira y la injuria son el camino a los altos cargos del Estado.
Ningún gobierno asume sus miserias mientras ondea las desgracias del enemigo. Nos toca oír a Duque para conocer las desdichas del pueblo venezolano y oír a Maduro para conocer las adversidades del pueblo colombiano. Cada gobierno oculta sus mentiras, pero ondea las verdades ajenas.
Y ante tantos sofismas, los pueblos de Venezuela y Colombia sufren los desafueros de sus gobiernos corruptos. El de allá no corresponde a ningún modelo socialista como el de acá tampoco corresponde a ninguna democracia sana. En el mejor de los casos, nuestra democracia no es más que una farsa. Una democracia entre élites corruptas, donde los clanes políticos y las mafias del narcotráfico se pelean el poder para poner el statu quo a su servicio.
Imposible triunfar electoralmente en Colombia sin contar con los dineros de esas bandas de criminales. Nuestra supremacía política se codea con la cima de la podredumbre. Así sucedió con Ernesto Samper, así ha sucedido en toda la carrera política de Uribe y así sucede con el presidente Duque. ¿Existe mayor símbolo de esta podredumbre que la amistad del presidente con el ‘Ñeñe’ Hernández?
Bastó que Uribe lo señalara como el elegido para que todas las mafias entraran en funcionamiento: mafias urbanas y rurales, militares y civiles, legales e ilegales. Actividad febril para construir votos a partir del chantaje y el comercio. Horrorosas maquinarias que nos hunden en una pestilente corrupción,
Y si no ha habido castigo ante tanta putrefacción, lo debemos al hecho de que la justicia actúa como un brazo jurídico de la corrupción. Otro escombro moral de los tantos que existen en las dos repúblicas que Bolívar liberó políticamente durante su periodo liberal. Las que luego fueron carcomidas por la moral conservadora, la doble moral, la inmoralidad humana. Las patrias donde, según Rafael Humberto Moreno-Durán, la mafia política corrompió a la mafia del narcotráfico.
Nos hallamos hundidos en una olla purulenta. Y, como muchos colombianos, me pregunto ¿cómo salir de esta olla infernal? Sigo pensando en el voto. Pero el voto alejado de la ignorancia y la miseria porque tanto los ignorantes como los miserables no eligen. Los primeros adhieren a su mejor tirano y los segundos adhieren a su mejor postor.











