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Nuevo versus bueno

No hay duda de que la moda tiene una importancia determinante entre nosotros, así nos parezca algo fútil.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo Torres

Y cuando hablamos de la moda no nos referimos únicamente al lujo estético que sobre una pasarela se puede mostrar. También hacemos referencia a ese elemento central que hoy, desafortunadamente, gobierna y orienta la producción y consumo de objetos, la publicidad, la cultura y hasta los cambios ideológicos y sociales.

Aún, en esta contienda política, vemos la variación rápida de las formas según las conveniencias y circunstancias. La proliferación de modelos de encuestas, la importancia de seducir al electorado, y unos medios de comunicación que más que mostrar lo esencial se quedan en la manipulación.

El hecho real es que la moda se convirtió en el principio que organiza nuestra vida cotidiana y la producción sociocultural de nuestros días. Se crean necesidades artificiales a gran escala, como sucede con el mundial de fútbol. Todos de rodillas ante lo nuevo y diferente y de espaldas ante lo verdadero y bueno. Lo intrascendente, efímero y banal nos fregó la vida. Sentimos la Selección… pero no la elección presidencial.

La gente, hoy, es inconstante en sus conductas. Miremos cómo detrás de la abstención a participar en política, además de la decepción que hay frente a ella por los escándalos que la han salpicado, está también el hecho de que definitivamente la pasión por las grandes causas ha decaído; y por el contrario va en un aumento, casi imparable, el entusiasmo de los sentidos.

Hoy no se honra a un pensamiento sistémico y profundo, sino a la publicidad y al pragmatismo. Nuestras conciencias están bajo el imperio de lo superficial. Algunas uniones espurias en política son un ejemplo claro de ello: se cambia de manera de pensar cómo se cambia de casa o de carro. Del abandono de los ideales superiores al sometimiento a los “placeres de la moda”. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Es posible que la superficialidad permita más libertad individual, pero engendrará más infelicidad… es probable que tengamos más estímulos de todo género, pero una vida más inquieta y agitada; habrá sin duda más autonomía privada, pero más crisis íntimas. Sometidos a lo efímero, difícilmente conoceremos el valor de lo consistente sobre lo cual edificar nuestra existencia. Tampoco sabremos orientarnos para construir un futuro más humano.

Comparto el testimonio del cardenal Suenens, primado de Bélgica y amigo personal de San Juan XXIII, aquel papa bueno que introdujo en la Iglesia y en el mundo un aire nuevo de esperanza, de bondad y de convivencia pacífica. Enterado de su muerte afirmó: “Juan XXIII deja este mundo más habitable que cuando llegó”. Esto puede parecer simple y muy pobre… pero es el criterio de fondo frente a lo intrascendente y superficial. Kennedy y  Kruschev lo entendieron en la crisis y agradecieron al papa bueno.

 

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