Las redes sociales se han convertido para bien o mal en la herramienta capaz de darle al pueblo la voz que se necesita para opinar sobre los temas de interés público.
Por: Cristian D. Ortega* – @cristianuortega
La agenda publica se ha visto saturada en las últimas horas por el caso de una red de prostitución masculina al interior de la Policía Nacional dejando a un lado otras problemáticas que se comentaban en los últimos días y que han perdido relevancia.
El escándalo mediático que se generó se debe en primera instancia a los protagonistas y que se encuentra en juego la credibilidad de una institución pública, y por otro lado el debate que abrió dicho altercado al cuestionar ¿qué tan ético, siendo o no periodista, se considera subir un video a las redes sociales sin importar las implicaciones que este pueda tener, basándonos en todos los discursos usados por los medios que van en contra a la discriminación sexual y de género?
El detonante aquí fue meramente reprochar un asunto que implica la violación del derecho a la privacidad por parte de una periodista al entonces senador Ferro, la cual expone mediante un video las preferencias sexuales de quien en su momento fue funcionario público y lo relaciona con una investigación realizada años atrás para ganarse todos los elogios.
Sin embargo, muchas personas siguen enfrascadas en colocar frente al paredón a una periodista que se dejó llevar por el afán de obtener una “chiva” noticiosa y no midió las consecuencias que esta podía generar. Ignorando aspectos más importantes de la investigación como que una alférez que cumplió el pasado mes de enero diez años de haber sido encontrada muerta en extrañas circunstancias al interior de la Escuela de Cadetes de la Policía General Santander habría sido quien diera los indicios que hoy por hoy señalan a la institución que ve la profesión más antigua del mundo como algo inmoral pero la usan como boleto para un ascenso.
* Estudiante Comunicación social y periodismo – Uninorte











