Opinión

Los neo-inútiles

EL COMENTARIO DE ELIAS

Jorge Guebely

¡No! Gregorio Samsa, personaje de Kafka en La Metamorfosis, no es un therians que se cree insecto monstruoso. Simplemente la moral capitalista del siglo XX le trituró su dimensión humana, lo redujo a cosa de producción, hasta hacerlo sentir insecto monstruoso.

Lo descubrió una mañana después de un sueño convulso al despertarse sin identidad humana convertido en grotesco animal. “Se encontró sobre su espalda dura, en forma de caparazón, y al levantar un poco la cabeza vio su vientre convexo, oscuro y dividido por duras callosidades.” ¡Qué horrenda pesadilla ¡

Solo un instante de lucidez, aguijón repentino en la carne, fue suficiente para cerciorarse de su caída de sujeto natural a objeto artificial. Había perdido incluso su lenguaje, rasgo fundamental del ser humano, ratificando su deshumanización. En vez de habla, emitía patéticos ruidos sin contenido y, mucho menos, comunión. “Quiso contestar con voz clara y firme, pero lo que salió fue un chillido doloroso e ininteligible.”

El capitalismo lo había liberado del antiguo dios celestial para hundirlo en las fauces de la nueva deidad terrenal, la codicia por el dinero, el nuevo azote ecuménico de la especie. Lo condenó a existir exclusivamente para engrosar capitales ajenos. “¡Dios mío! —pensó (Gregorio Samsa). ¡Qué profesión tan dura he elegido!”

En ninguna parte de la novela revela alguna preocupación por su ser humano, carecía de energía para semejante empresa. Hasta la misma familia estaba programada para ejercer como verdugo, hogar convertido en cárcel de invisibles rejas. “Si no me contuviera por mis padres, ya habría renunciado hace tiempo.”

Su propia hermana, quién antes lo llamaba Gregorio, ahora lo nombra como: “eso”. Cambio lingüístico significativo, evidencia la pérdida definitiva de su condición humana dentro del núcleo familiar. “Tenemos que intentar deshacernos de él”, exclama ella.

En su deshumanización, no se cuestiona su insólita metamorfosis; solo piensa en su cadena, en su lealtad al patrón. “¿Cómo voy a llegar al trabajo?”, “Mi jefe se va a enfadar.”

Sin esperanza, ya no lucha por existir como sujeto, solo acaricia su autodestrucción para resolver así la vergüenza familiar y la del patrón quien lo esperaba para iniciar la jornada de la diaria esclavitud. “Era preciso que desapareciera.”

Inquietante texto literario, devela la degradación humana en el viejo capitalismo. También invita a reflexionar sobre el capitalismo del siglo XXI cuya voracidad económica reemplaza al ser humano por algoritmos; lo desaparece para aumentar ganancia. Mejor aún, diría yo, invita también a reflexionar la inquietud de Yuval Harari: “… qué hacer con todas esas personas que ya no son económicamente útiles.”, con los neo-inútiles.

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