Opinión

Nuestro persistente godismo

El espíritu moderado liberal de la revista Semana, por cualquier motivo, se godificó.

Por Jorge Guebely

La revista Semana descendió al conservatismo, a los huecos de nuestra pre-modernidad. Siguió en la tradición del liberalismo criollo de transfugarse ideológicamente para lo peor. Los liberales fueron los primeros mamertos de la historia política colombiana.

La godificación de nuestro liberalismo ha sido histórica. La inauguró Bolívar, quien fue liberal para independizarse de la administración española, conservador para gobernar y monárquico de corazón.

La ejerció Rafael Núñez, quien destruyó las bases de una república federal colombiana y nos apabulló durante un siglo con la Constitución de 1886.

Godificación fue el Frente Nacional: acuerdo entre élites bipartidistas para usufructuar privilegios económicos, políticos y sociales. Alberto Lleras Camargo, primer presidente del acuerdo, consolidó la traición al liberalismo popular, germen de las diferentes guerrillas que hoy aún azotan al país.

Liberal godificado por acción fue Turbay Ayala, presidente frívolo, sinuoso y macabro. Y Álvaro Uribe Vélez, no menos sinuoso y macabro que el anterior. Y ahora la Revista Semana. Nada es más fácil de godificarse que un liberal con poder económico y político

No es que la cultura colombiana se godifique, simplemente no ha superado su espíritu conservador. Mentalmente no ha rebasado la pre-modernidad. Conserva la moral del “Ancien régime”, la que derrumbaron los franceses con su revolución. Moral decadente de aristócratas europeos y estancieros colombianos. Moral hipócrita bellamente novelada por Marcel Proust, especialmente en “Sodoma y Gomorra”. Moral que preocupa al papa Francisco.

Públicamente rechazan la guerra, pero promueven matazones en privado. Públicamente rechazan el aborto, pero justifican el bombardeo a niños y son indiferentes a las hambrunas infantiles colombianas. Rechazan el narcotráfico, pero eligen mandatarios con dineros de la droga.
Rechazan la corrupción, pero muchos de sus cuadros huyen del país. Rechazan la pobreza, pero la usufructúan electoralmente. Se declaran solidarios, pero son excluyentes. ¡Hipocresía, maldita decadencia!

Moral peligrosa. Sus críticos son etiquetados de izquierdistas, terroristas o castro-chavistas, la cuota inicial de otro asesinato impune.

Sus críticos son acechados por la muerte en plazas públicas, como sucedió con Rafael Uribe Uribe o Gaitán; en confrontaciones ideológicas, como aconteció en La Violencia; o en su labor humanitaria, como la viven nuestros líderes sociales. En Colombia, pensar diferente a la tradición pre-moderna es un delito, una sentencia a muerte.

Inmoralidad de nuestro recurrente godismo, origen de nuestro desastre nacional. “Cuando desaparece el sentido moral de una nación, toda la estructura social va hacia el desastre”, afirmaba Alexis Carrel, biólogo francés premiado con el Nobel de 1912.

jguebelyo@gmail.com

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