Arte y Cultura

Mr Times

Primer cuento de la Selección de Cuentos del escritor Giulio Puccini titulada Los pares no pedidos son los menos ordenados. La publicación de los cuentos es inédita para La Cháchara.

Por Giulio Puccini

La mañana está tan bella y silenciosa como siempre. El aire es ligero, casi inexistente, y hay un vago calor que lo absorbe todo. La chimenea se encuentra en brasas, casi apagada. Me levanto lentamente, un poco cansado. La mayoría de mi cuerpo está adolorido por haber dormido en el suelo, además de que caí en un profundo sueño en mala posición. Apenas puedo girar el cuello. Estaba leyendo el día anterior, lo recuerdo bien, un libro de Kafka. Estaba considerando los beneficios de sufrir semejante cambio físico y recuerdo haber soñado – con gran alegría lo recuerdo – ser una cucaracha hermosa y grácil. Pero aquel sueño ya había muerto y yo seguía siendo un insípido humano.

Lavé mi rostro con cuidado, saqué algún apetitoso y casi tóxico manjar de la nevera: un mohoso queso Gruyere, lo único que había en la fría caja. Una vez hube terminado, cambié mi ropa y salí en busca del periódico. Cuando estaba cerca de la esquina descubrí que la tienda donde suelo comprarlo se había incendiado durante la noche. La columna de humo que salía de ella parecía sostener el cielo y las grises nubes.

Para mi desconsuelo, mi carro, que suelo parquear a un lado de la tienda, había sido el causante de aquel incendio. El vehículo estaba completamente chamuscado y tenía una ventana rota.

– Maldita sea – susurré -. Oficial ¿podría decirme qué sucedió con la tienda?

– ¿Es suya la tienda? – preguntó absurdamente.

– No, el vehículo; acá suelo comprar el periódico y necesito saber si quedó algún ejemplar – aseguré, mientras aquel hombre me dirigía una mirada perpleja.

– Al parecer alguien intentó robar el coche en la noche y, al prenderlo, el motor se incendió. El hombre escapó, pero, durante su huida, su chaqueta se prendió en fuego. En ese instante debe haber lanzado la cazadora que, por desgracia, fue a dar en la tienda y la incendió.

– Oh… ¿sabe dónde podría conseguir el Times? Solía comprarlo aquí, pero puedo jurar que todas las copias volvieron a las cenizas de las que salieron. – Sí, claro. A dos manzanas de aquí, junto a la parada del autobús.

Le di las gracias y caminé con presteza. Por costumbre, manía y obsesión debo tener el periódico en mis manos antes de las ocho, y faltaban tan solo diez minutos para que el reloj pudiera destrozar mis tímpanos.

El Sr. Pannabaker está esperando el bus, cosa que nunca lo he visto hacer en los doce años que lleva en este barrio. Con seguridad tiene el diario en su portafolio, se lo pediré.

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