No nos extrañemos, así es la moral del capitalismo y la de sus políticos. Por mucho desastre que cause, ningún negocio rentable debe ser destruido.
Por Jorge Guebely
La guerra está entre los desastres más productivos. Hay quienes quieren oscuramente prolongar el conflicto. Proclaman públicamente la paz condicionada para promover en privado la guerra. Contra ‘la impunidad’, condiciona el uribismo; contra ‘el reclutamiento de menores’, el conservatismo; pero ninguna concesión para aclimatar la armonía social.
Pretextos nobles con fines innobles. Saben bien que las farc, más que libertadoras, han sido un comodín rentable para elegir presidentes. Por ellas, sufrimos el mandato intrascendente de Pastrana, el dictatorial de Uribe y el veleidoso de Santos.
Gobernantes elegidos por rencores mediáticos. Rechazan que un Santos, tan avezado en campañas electorales, le tuerza el cuello a la gallina que pone los huevos de oro. La soberbia tampoco les permite que el otro gane el sospechoso premio Nobel de la paz o pase a la historia como el nuevo pacificador. Saben también que, sin las guerrillas, tendrían que inventar otras mentiras para ganar elecciones. Y no es difícil, pero ésta aún es productiva y lucrativa.
Tampoco los empresarios se interesan por la paz. Aprendieron a ganar dinero en tiempo de guerra. Ahora les incomoda acomodarse al nuevo status quo: conceder prebendas a terroristas, dar empleos a reinsertados o pagar un nuevo impuesto para subvencionar el posconflicto.
Para la gente de bien, la paz no es negocio. Ni siquiera las Farc parecen atraídas por la paz. Pocas prebendas conseguirán en una mesa de conversaciones. Sin haber ganado militarmente, deben conformarse con tímidos acuerdos: participación minúscula en el Congreso, un partido siempre perseguido por el Estado y un tumulto de promesas. El negocio de las drogas les es preferible, único producto que pagan bien las mafias del primer mundo.
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Barack Obama. Ilustrado por Turcios[/caption]
Tampoco los grandes capitales de la élite mundial quieren acabar con el tráfico de drogas, motor de todas las guerras nacionales. Empresas mayores y bancos internacionales cancelan enormes multas con tal de lavar dineros procedentes del narcotráfico. El estudio realizado por Alejandro Gaviria y Daniel Mejía revela que sólo el 2,6% del dinero generado por la droga queda en Colombia. El resto se capitaliza en sindicatos y bancos criminales. Allá se guardan las grandes ganancias. Aquí nos quedamos con la miseria, los muertos y el mercado asesino. Ingenuo pensar que podría ser diferente.
Así es la moral del capitalismo y la de sus políticos. Y así será hasta cuando creemos un sistema distinto que dignifique al ser humano.
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